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    miércoles 12 de junio de 2024

    Destacar que la “matriz” del Estado uruguayo surge de los colorados no es “cuestionar” a los blancos, sino decir una verdad “histórica”

    El último libro de Julio María Sanguinetti, La fuerza de las ideas. La impronta del Estado batllista en la identidad nacional, cayó como una bomba en la intelectualidad del Partido Nacional.

    Sanguinetti, dos veces presidente, aprovechó una actividad en la Feria Internacional del Libro de Canelones, el martes 4, para defender la mirada histórica contenida en su publicación y en las declaraciones que ha hecho desde su salida de la imprenta. “Nuestra gloria era nuestro infortunio”, explicó Sanguinetti para justificar por qué escribió el libro. “Es decir, el Partido Colorado a través del batllismo había impregnado tanto al Estado de sus ideas, que había desaparecido” y “para los jóvenes ese era el Estado uruguayo, el Uruguay, que era nacido así”.

    Sanguinetti sostiene en su libro que el batllismo “no podría haberse desarrollado sino en el ámbito colorado”. Dice que la “otra corriente histórica, con un fuerte ingrediente nacionalista, mirando más hacia adentro y menos hacia el mundo, apegada a los valores tradicionales, incluso en los ámbitos religiosos, no podía generar el ambiente para que entroncara una concepción que lleve la filosofía liberal a una idea progresista de la solidaridad social, ampliando las responsabilidades y ámbitos de actuación del Estado democrático”.

    La centralidad de los colorados en esa versión de la historia de Uruguay ha sido cuestionada por el Partido Nacional.

    El expresidente no evitó la controversia durante la charla en la feria del libro, en la que estuvo acompañado del historiador Gerardo Caetano. “Los caudillos no son doctrinarios, pero aunque no lo piensen, aunque no lo quieran, son doctrinas en acción”, dijo Sanguinetti. Fructuoso Rivera era “claramente un hombre de la libertad”, mientras que Juan Manuel Oribe “era un hombre del orden”.

    Y “claramente” el argentino Juan Manuel de Rosas y el italiano Giuseppe Garibaldi “eran las cosas más opuestas que pudieran imaginarse”. Ambos tuvieron un rol importante en la Guerra Grande que enfrentó a Oribe y Rivera: mientras que el argentino apoyó al blanco y el italiano respaldó al colorado.

    Garibaldi era el “republicanismo universal”, una suerte de “Che Guevara del liberalismo”, dijo Sanguinetti, para “usar una metáfora un poco osada” sobre el italiano y su rol como “combatiente del liberalismo en todos los escenarios”.

    “Un movimiento por la ética social del batllismo y su visión del Estado solo podía nacer ahí, en el partido de Rivera y Garibaldi”, concluyó. “Y eso no es cuestionar al Partido Nacional, es hacer, a mi juicio, una descripción histórica y explicar lo que es una matriz de la concepción de la sociedad”.

    En ese punto de la charla, Caetano intervino. El historiador retomó algo que había dicho el intendente de Canelones, Yamandú Orsi, al presentar la actividad (ver recuadro).

    Orsi había destacado que el batllismo “matrizó” una forma de entender a Uruguay, y que ese movimiento viene de “la cuna” del Partido Colorado. El dirigente del Movimiento de Participación Popular (MPP) dijo que le interesaba leer sobre batllismo, pese a que es de un sector de izquierda.

    “¿Y el batllismo de qué era?”, se preguntó Caetano tras recordar esas palabras de Orsi.

    El historiador contó una anécdota sobre el presidente José Mujica, también del MPP, quien gobernó justo cuando se cumplían 100 años de varias políticas iniciadas durante la gestión de José Batlle y Ordóñez. Caetano relató que a Mujica su chofer le preguntó qué había pasado un centenario atrás para que estuvieran de aniversario en aniversario.

    “¿Qué pasó? Pasó José Batlle y Ordóñez”, respondió Mujica, según el historiador. Y el entonces presidente “le dijo algo más” a su chofer: “Todavía estamos a la derecha”.

    —Y él que es blanco —intervino Sanguinetti en la charla.

    —¡Exacto! Y más aún. No solo blanco: de raíz herrerista, que es algo más —retrucó Caetano.

    Feudalismo

    El historiador sostuvo que el batllismo fue una “revolución en la reforma”. Recordó que Domingo Arena “decía que el programa del batllismo no tiene que tener página final, punto final” y destacó las “reformas de avanzada” planteadas en aquella época como el divorcio por la sola voluntad de la mujer o el concepto arraigado de laicidad del Estado.

    Sanguinetti respondió que eso se debía al “universalismo” que pregonaron los colorados desde la época de la defensa de Montevideo durante la Guerra Grande.

    Mientras los colorados recibieron la influencia de intelectuales argentinos como Juan Bautista Alberdi, José Mármol y Esteban Echeverría, la visión que venía del “rosismo”, tenía una “mirada hacia adentro” de “corte nacionalista”.

    —Está prudente el presidente, tiene otros adjetivos… —interrumpió entre risas Caetano.

    —Sí, no quiero decir feudal. Eso es lo que querés decir. Sí, hay algo de feudalismo en la medida en que tenían grandes extensiones de tierra. Pero era una visión hacia adentro, no universalista —explicó Sanguinetti.

    El expresidente aprovechó para matizar un concepto que había planteado Caetano minutos antes. “El batllismo no fue una revolución, porque las revoluciones las hacían los blancos contra las reformas”, dijo.

    Sanguinetti subrayó que el batllismo era “esencialmente reformista”, pero que esos cambios se hacían “dentro de la legalidad”.

    El dirigente colorado dijo que después, cuando las revoluciones blancas quedaron atrás, aparece “el otro concepto revolucionario, de la lucha de clases, al que también se opone el batllismo”.

    Fascismo

    La lucha de clases y las diferentes miradas sobre política exterior de blancos y colorados también entrarían en la conversación que mantuvieron Caetano y Sanguinetti.

    El historiador mencionó que a la entrada de la Cancillería hay tres cuadros de tres figuras de relevancia en la discusión de la política internacional uruguaya: Luis Alberto de Herrera, Baltasar Brum y Carlos Quijano.

    “Creo que la visión de política internacional del batllismo no es la que a mí más me gusta”, dijo el historiador.

    Sanguinetti recordó que Herrera sostuvo durante las dos guerras mundiales que Uruguay debía ser neutral. Ante esto, los batllistas “le sacudíamos” en cada campaña electoral una frase del líder blanco: “Allá ellos, los rubios y los amarillos del norte”. Dicho “justo cuando estaban peleando con el nazismo”, destacó el colorado.

    Y agregó que Brum decía: “Somos neutrales porque no estamos peleando en la guerra, pero no somos imparciales ni indiferentes”. Lo mismo sucede ahora, ejemplificó, con la guerra entre Rusia y Ucrania: “No somos imparciales ni indiferentes”, insistió.

    Caetano aprovechó para recordar que en el periodo de entreguerra y en la Segunda Guerra Mundial “el primer fascismo tuvo impacto” en el “democrático Uruguay”.

    “Hubo connotados dirigentes políticos que adhirieron al fascismo y que adhirieron al nazismo y que formaban parte de frentes antijudíos y que luego adhirieron al franquismo”, dijo Caetano. Al respecto, destacó el trabajo “impresionante” del diario colorado El Día.

    “No hay ni medio editorial, ni un renglón” a favor del fascismo en las páginas de ese periódico, dijo. Tampoco la hubo en otros diarios como Acción o periódicos de izquierda. “Lo que ocurre es que en el periódico del Partido Comunista no había filofascismo, pero había estalinismo”, añadió.

    “Un mérito del batllismo es que no hubo filofascismo, ni filonazismo y no hubo filoestalinismo”, elogió Caetano. “Había una visión antitotalitaria”.

    Sanguinetti dijo que en aquella época tanto el fascismo como el comunismo aparecen como “movimientos de izquierda”, más allá de que el fascismo hoy se use “como expresión de autoritarismo de derecha”.

    “Muchos intelectuales” tuvieron una “gran fascinación” con el fascismo porque tenía un “fuerte movimiento social”, pero cuando vieron que era “antiliberal” se fueron.

    —Por eso Herrera fue partidario del falangismo español, pero nunca del fascismo italiano ni de cerca —dijo Sanguinetti.

    —Fue, fue —retrucó Caetano.

    —Sí, pero no ideológicamente.

    Caetano recordó que un dirigente colorado de la época, Julio María Sosa, al que el padre de Sanguinetti seguía —al punto que le puso su nombre al hijo— había ido a Italia y volvió deslumbrado con Benito Mussolini. Por eso, muchos dirigentes batllistas, entre ellos el padre del expresidente, abandonaron su sector.

    “Eso tiene que indicar que no hay que enojarse, la historia nos permite ver” con perspectiva y debatir ideas, concluyó Caetano.

    Información Nacional
    2022-10-19T21:17:00