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A los 18 años escribió una novela y se la envió a un crítico literario, y la respuesta que recibió marcó su destino: “Eres buen escritor, ¡pero escribes tonterías! ¡Abre la ventana de tu casa y dime qué ves!”. Con los años Roberto Saviano (Nápoles, 1979) se acostumbró a abrir la ventana y se convirtió en periodista. Y lo que vio fue a la mafia napolitana desangrando su ciudad, y eso lo horrorizó al mismo tiempo que lo atrajo para escribir una poderosa investigación. El resultado de aquel trabajo se publicó en el 2006 con el título “Gomorra”. Era su primer libro y tuvo un inmediato éxito mundial, con versión cinematográfica incluida.
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Saviano ganó prestigio y reconocimiento profesional, pero la publicación de “Gomorra” tuvo consecuencias terribles para su vida. Amenazado de muerte por la camorra italiana, hasta hoy vive con escolta permanente y con una identidad falsa cuando viaja a distintas ciudades. A los 35 años, es un periodista de 35 años que no sonríe. Así lo muestran las fotos recientes publicadas por la revista “Gatopardo”, que lo ubicó en “algún lugar” de Nueva York para entrevistarlo. Allí el escritor habló de su situación, de aquel crítico que le dijo que abriera la ventana y de su último libro sobre el poder de la cocaína en el mundo.
Porque a pesar de todo, Saviano sigue escribiendo, y sigue metiéndose con esos temas que le borran la sonrisa. Su último libro se llama CeroCeroCero. Cómo la cocaína gobierna el mundo (Anagrama, 2014, 492 páginas), una exhaustiva investigación que atraviesa varios países y varias mafias, entre ellas, nuevamente, la italiana. Su trabajo cobró impulso luego de hablar con un policía norteamericano que tenía la transcripción de una reunión secreta de organizaciones criminales latinoamericanas, que había liderado un italiano. “Por primera vez, los capos italianos, los últimos calvinistas de Occidente, estarían adiestrando a las nuevas generaciones de mexicanos y latinoamericanos, la burguesía criminal nacida del narcotráfico, la quinta más feroz y codiciosa del mundo”, dice Saviano en su libro. “Escribe sobre ello”, le había dicho el policía. Y Saviano lo hizo.
CeroCeroCero, escrito todo junto porque alude a la clasificación de la harina, que lleva más ceros cuanto mayor es su pureza, está elaborado con una exquisita calidad literaria. Saviano usa imágenes, narra algunos capítulos breves de corrido, porque lo que cuenta es vertiginoso y así hay que contarlo, y hasta se permite algunos juegos de palabras con los diferentes apodos que se le da a la cocaína: “La coca es nieve en cualquier lugar donde la nieve caiga, pero también puedes llamarla Florida Snow porque es milagrosa como una nevada en Miami (...). Pero puedes llamarla como te plazca: ella responderá siempre a tus llamadas”.
Por momentos el libro es abrumador por la cantidad de nombres, cifras y datos que aporta. Saviano tiene muchos informantes en la DEA, pero recorrió toda la escala de grandes y pequeños intermediarios relacionados con la droga. Es interesante su conversación con un “camello”, un vendedor de droga neoyorquino, que le hace una descripción detallada de los diferentes “targets” de compradores y de proveedores. También le describe los diferentes tipos de cocaína, desde la más pura, la “Perlada”, que es la más cara (se hace de forma artesanal y es tan blanca que “brilla como una perla”), hasta la más impura y destructiva.
“Quien apunta hacia la coca acumula en pocos años riquezas que en general los grandes holdings han conseguido en décadas de inversiones y especulaciones financieras”, explica el periodista. Y para analizar este poder económico analiza a las mafias mexicanas —porque “México es el origen de todo”— y sus vínculos con las rusas y las italianas, con la guerrilla colombiana, con el lavado de dinero en Nueva York y Londres, con el soborno a bancos y policías. Y habla de la crueldad de los Z en México y de los kaibiles en Guatemala. También habla de cómo él mismo no puede parar de indagar y de preguntar porque “escribir sobre la cocaína es como consumirla”.
Saviano hace un símil con “Moby Dick” y dice que su “ballena blanca” es la cocaína: “También ella es inaprensible y también ella surca todos los océanos”. CeroCeroCero deja la imagen de un mundo infame, sin salida, que mete miedo. Si la última frase del escritor es cierta, entonces no solo hay que leer este libro, sino difundirlo: “Las mafias no temen a los escritores; temen a los lectores”.