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    Diputado cabildante confronta a Manini por haberlo desautorizado y avisa que Cabildo Abierto da entrada a “una venta de humo gigante”

    Rodrigo Albernaz niega nepotismo en nombrar a familiares y allegados en cargos públicos y hasta dice sentirse en deuda con su madre y su esposa, por lo que dobla la apuesta y ahora proyecta crear “la lista de la familia de Rodrigo”

    “Soy un dolorcito de cabeza para Guido”, dice con sorna el diputado cabildante Rodrigo Albernaz, uno de esos dirigentes “orejanos”, con escasa exposición pública, que al promediar la legislatura empiezan a asomar la cabeza para marcar perfil más allá de su departamento (Salto) sin atarse a “lo políticamente correcto” y aferrado al estandarte familiar y los valores cristianos. Albernaz, que obtuvo su banca por algo más de 200 votos (a Guido “le hubiese gustado que ganara otro, pero me tocó ganar a mí”, dice, otra vez, socarrón), no es de ver los informativos ni de leer los diarios. Para eso están sus colaboradores. Se define como “un joven emprendedor”, empresario gastronómico y relacionista público, a la vez que un ferviente militante contra el aborto y la eutanasia. Y no tiene mucho empacho en admitir que desde que obtuvo su banca parlamentaria repartió cargos entre familiares y amigos, gente de confianza que obtuvo su recompensa, dice, por “meritocracia”. En cambio, advierte que políticos de otros partidos están desembarcando en Cabildo Abierto para “hacerse la América”, basados en una política tradicional que el partido del senador Guido Manini Ríos dice denostar y que se traduce en “una venta de humo gigante”.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista con Búsqueda.

    —¿Cuáles son sus prioridades legislativas?

    —Actualmente estamos trabajando en varios proyectos que entendemos son importantes para resolver problemas concretos de la vida en sociedad y que ponen el foco en el cuidado de la familia y en derechos básicos como la educación, la salud y la libertad. Lo más importante es el tema de la natalidad. Hemos tenido políticas como la ley del aborto y no ha habido políticas de promoción de la natalidad. A partir de 2013 bajamos la tasa global de fecundidad en picada: de 2,1 hijos por mujer a 1,4. Y la proyección de población de acá al 2100 para Uruguay es de menos de 2 millones. Yo soy patriota, y una forma de hacer patria es tener hijos (ríe).

    —¿En qué consiste su idea de promoción de la natalidad?

    —La idea es generar proyectos que vayan en la línea de abaratar el costo de tener hijos, con estímulos fiscales y también promocionando la buena noticia y la felicidad que es tener familia. Yo lo digo así y puede sonar muy subjetivo. Pero no lo es. Todos sabemos que la familia es una fuente de alegría y la felicidad de la familia redunda en la felicidad de toda la población. Y sobre todo en una sociedad como la uruguaya, que vive promediamente deprimida en un país que es muy asistencialista.

    —¿Qué quiere decir?

    —Que en Uruguay podés vivir gratis. Tanto en la salud, en la educación, en la alimentación… para todo hay un plan social y se vuelcan millones en cada uno de estos rubros. Es un hecho. En este país el asistencialismo está a la orden del día. Y hoy tenemos una coalición de gobierno, pero claramente gobierna el Partido Nacional, el cual profesa una filosofía liberal y sigue aumentando el gasto presupuestal en asistencia (ríe). A los liberales se les termina el liberalismo cuando gestionan.

    —¿Pero entonces cuál sería su propuesta concreta para fomentar la natalidad?

    —Poner estímulos fiscales. Hoy hay muchos impuestos. Y en una familia donde trabajan dos se paga el doble. No hay una consideración para el núcleo familiar, que podría pasar a pagar un solo impuesto. Hoy se castiga al más productivo. Entonces queremos plantear varios proyectos, dos ya están avanzados para ingresar esta semana. Uno refiere a los estímulos fiscales y el otro a reconocer “el día del niño por nacer” en Uruguay. Es un proyecto humilde pero nos permite ayudar a visibilizar el tema.

    —¿Por qué?

    —Porque hay una frivolidad muy grande sobre este tema. Dicen que mientras el niño está en la panza de la madre no es un ser humano. Pero estamos en un país en el cual si nos agarran en la ruta con dos huevos de avestruz tenemos complicaciones legales graves porque el avestruz es una especie protegida. ¡Esto es totalmente inverosímil! Proteger un huevo me parece bien, es proteger al animal, al avestruz. ¡Pero al ver a un ser humano en el vientre de la madre resulta que es solo un conjunto de células! Esto es para visibilizar estas cosas. Yo tengo un segundo hijo que tiene cuatro meses en la panza de su madre, y es mi hijo igual.

    "Estamos en un país en el cual si nos agarran en la ruta con dos huevos de avestruz tenemos complicaciones legales graves porque el avestruz es una especie protegida. ¡Esto es totalmente inverosímil! Proteger un huevo me parece bien, es proteger al animal, al avestruz. ¡Pero al ver a un ser humano en el vientre de la madre resulta que es solo un conjunto de células!"

    —Le cambio el tema. En marzo pasado, el periodista Gabriel Pereyra lo criticó en Radio Sarandí por haber “colocado” a familiares y allegados en cargos públicos. ¿Qué responde a eso?

    —Bien. Lo que él dijo fue totalmente agarrado de los pelos y producto de un mandato político-mediático que les hizo a personas que están en la vereda de enfrente acá en Salto. Además, dijo un montón de cosas que no son ciertas. Primero, se refirió a mí como panadero, y yo no sé hacer ni una torta frita. Mi padre tampoco es panadero, es bombero retirado. Y el que es empresario, de última, soy yo. Teníamos una actividad familiar económica, humildemente empresarial, en el rubro gastronómico: una panadería mayorista y rotisería.

    —¿Pero cómo explica usted el reparto de cargos públicos entre familiares y amigos?

    —Tengo un cargo electivo en una lista política que nació en el seno de los más cercanos, de mis familiares y mis amigos, porque yo no vengo de hacer carrera político-partidaria. Nunca estuve en ningún otro partido, aunque me relacionen con el Partido Colorado. Y uno naturalmente empieza a armar su grupo mirando para los costados. Y me acompañaron amigos, compañeros de trabajo, colegas del rubro y familiares. Entonces, para elaborar la lista me guie por un criterio de mérito. Bien fácil: quien trabajaba más estaba más arriba. Fue una lista hecha por meritocracia.

    —¿Usted dice que por “meritocracia” su esposa, Daniela Murad, es diputada suplente y su madre, Carmen Pereira, pasó a ocupar un cargo público en Salto?

    —Sí. Y en la meritocracia yo le falté el respeto puntualmente a las dos personas que nombra: a mi esposa y a mi madre. Porque ellas hicieron un mérito gigante, pero las tuve que tirar para atrás. Mi madre fue a la Junta Electoral, un cargo honorario que yo no sabía ni lo que era, y mi esposa fue como sexta suplente o algo así. Cuando el mérito de ellas era tremendo.

    —Su esposa, siendo sexta suplente, ya ha entrado varias veces a la Cámara de Diputados…

    —Entró, sí. Por primera vez entró este año.

    —Eso implica que los dos cobran sueldo…

    —Sí, ella cuando entra, claro, cobra. Cobra como cualquier otro suplente. En este caso, imagínate, ella no ingresa por dinero, que es lo que menos le importa. Ella ingresó a título personal y como líder del grupo de mujeres cabildantes en Salto. Entró simplemente para jerarquizarse. La plata va para el grupo de jóvenes o de mujeres, no sé a qué fue. Ella aspira a ser referente política femenina, no feminista. Si lo quiere hacer, que lo haga. Mi función principal no es ser diputado, es ser padre, y la función de ella es ser madre y, en el tiempo que le queda, hace política y es diputada. Pero, claro, la desventaja política de mi esposa o de mi madre es esa: ser mi esposa o ser mi madre.

    —Además trabaja su cuñado, Carlos Sánchez, en secretaría parlamentaria como pase en comisión.

    —Sí, Carlos es la pareja de mi hermana mayor. Él vive en Montevideo y yo vivo en Salto. Imagínate a una persona de confianza en el sistema público para pasar en comisión y hacerse cargo de algo tan íntimo como mi oficina, donde tengo información que no quiero que se sepa, o sí, no importa, tiene que ser alguien de confianza. Quien cumplía con el rol y con el perfil para eso, como policía administrativo en la Jefatura de Montevideo, era él, y cumple excelentemente la función. Uno no pone a cualquiera a cuidarle la espalda. Carlos cumple diligentemente sus responsabilidades. Fue una decisión personal, simplemente, como todos los legisladores, puse a alguien de confianza cuidándome los papeles. Pronto.

    —También figura su cuñada, hermana de su esposa, como suplente de su madre en la Junta Electoral de Salto… Así, si vamos sumando, suena…

    —Sí, suena horrible (ríe). Pero se pasó por alto que son todos cargos electivos, excepto el de mi cuñado, que tengo el crédito personal de elegirlo y lo usé.

    —Más allá de estar en su derecho a hacerlo, ¿usted no ve una falta ética o moral en esto? ¿Nepotismo?

    —Y bueno, habría que ver la definición de esos mismos conceptos que acaba de decir. Pero, según las definiciones que yo manejo, nada más lejos de eso.

    "Soy un dolorcito de cabeza para Guido me parece a veces, y creo que acá en Salto él hubiese preferido que ganara otro. Pero es también parte de las reglas de juego de la democracia. Me tocó ganar a mí porque algo hicimos distinto. Y yo digo que llegó debiéndome, primero a Dios y después a la gente que lo votó a Guido a través de mí. O sea que yo tengo una deuda con Dios primero que nada, ineludiblemente, y con la gente"

    Nepotismo, según la definición, “es el trato de favor hacia familiares o amigos a los que se otorgan cargos o empleos públicos por el mero hecho de serlo, sin tener en cuenta otros méritos”.

    —Bueno, el mérito que yo conté fue el del trabajo y de la militancia. Imagínate. Yo pienso seguir haciendo política, y el contenido familiar y de personas carnales conmigo, por la amistad, aparte de lo sanguíneo, está. ¿Me preocupa eso? No, no me preocupa. Y voy a ser más claro. Yo tengo un bloque político en Salto que son varias listas, y va a haber una lista en Salto Oriental, que es la que me trajo a la banca, que va a tener un perfil muy familiar. Ahí los titulares van a ser personas muy cercanas a mí, solo familiares; o sea, mi esposa y mi madre, por ejemplo: la lista de los familiares de Rodrigo. Y va a ver que va a ser la más votada. Je, je. Y esto lo saben mis militantes y mis votantes, que son militantes de Guido, pero cada día son más míos, si Dios quiere, porque yo ahora busco poner más mi impronta.

    —¿A qué se refiere?

    —Acá en Salto el universo de referentes políticos es muy chico. Hay mucha cancha libre, y esa cancha libre la llenamos con referentes nuestros, que son de confianza, o lamentablemente viene gente de otros lados a aprovechar esa oportunidad, como estos ingresos de políticos con trayectoria en otros partidos que vienen a hacerse la América a Cabildo.

    —¿Se refiere a casos como el de la exdiputada colorada Cecilia Eguiluz, recientemente incorporada a Cabildo?

    —Yo le di la bienvenida a Cecilia, tengo los mensajes acá en el celular. Pero ella no es una dirigente más, ella tuvo cargos en el Partido Colorado, tiene mucha experiencia, y en un principio se la trató un poco distinto. ¿Quién la trató distinto? Guido e Irene. Nadie más. Pero ella de una pastillita te hace una estrategia de comunicación y una venta de humo gigante como hacen los políticos tradicionales. Esa es la habilidad que ella tiene y es la que usa. Y está bien. Si eso suma al partido, está bien. El problema es si pasa lo contrario. Pero eso lo van a decir las urnas. A mí me tiene sin cuidado. Espero, y Dios es testigo, que se sume al partido y no venga a servirse de lo que genera Guido. Ojalá. Aunque yo sé que me han atacado desde ese grupo con todo esto de los cargos. Son las formas tradicionales de hacer política.

    —Inicialmente, Cabildo se jactó de eludir esas prácticas adjudicadas a otros partidos y ese mensaje lo ratificó Manini en el último congreso partidario. ¿Qué pasó?

    —Cabildo Abierto es un partido abierto y las reglas de juego democrático son esas. Si nos aislamos o le pidiéramos el ingreso a una persona por alguna condición, no estaríamos entendiendo el juego. Pero no significa que uno pueda estar más o menos feliz con eso. Cabildo en un principio claramente discriminó a los políticos con experiencia en otros partidos. Eso ayudó a fortalecer el mensaje de Guido de ser una comunidad nueva, de entrar “sin mochilas” a la política, como tanto le achacamos al Frente Amplio y a blancos y colorados. Y eso es parte de nuestra identidad y nuestro orgullo. Ahora, bueno, somos un partido abierto. Genial.

    —Usted ya se ha encarado con Manini por estos temas. ¿Cómo está la relación entre ambos?

    —Bueno, yo siempre me sentí con la comodidad de hablar mano a mano y con el tono que sea necesario con cualquier persona. Con Guido tenemos un gran empate de cosmovisión y vamos por las mismas metas políticas. El proyecto es uno. Ahora, somos personas muy distintas, con una formación muy distinta. No es que en lo personal haya tenido un problema con él. No lo llamaría problema. Pero se me ha faltado el respeto políticamente, se me ha desautorizado en varias ocasiones y así se lo he expuesto personalmente a él. Soy un dolorcito de cabeza para Guido me parece a veces, y creo que acá en Salto él hubiese preferido que ganara otro (ríe). Pero es también parte de las reglas de juego de la democracia. Me tocó ganar a mí porque algo hicimos distinto. Y yo digo que llegó debiéndome, primero a Dios y después a la gente que lo votó a Guido a través de mí. O sea que yo tengo una deuda con Dios primero que nada, ineludiblemente, y con la gente.

    —¿Y con Manini?

    —Con Guido hemos tenido algunas diferencias. Creo que casi todas son públicas. Y las voy a seguir teniendo, porque podrán tener muchas medallas, muchos títulos y mucha experiencia o lo que sea, pero de Salto sabemos los salteños. Yo en eso soy localista al extremo y no me gusta que desde Montevideo me digan las cosas que hay que hacer. Desde Montevideo la única forma de no errarle con Salto es no tomar decisiones (ríe). Ahora que se habla de la formación de nuevos sectores en Cabildo, mi estrategia es la obvia, hacerme recontrafuerte en Salto, agarrado al terreno.

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    2022-05-19T01:02:00

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