Las sirenas por la rambla anuncian en la calma del sábado 4 que en esa comitiva hacia la Ciudad Vieja viaja alguien importante. Al llegar al Radisson Victoria Plaza, la media docena de personas que la rodean lo ratifican. También el dato de que, desde 2011, en siete años Ngozi Okonjo-Iweala integró al menos una de las listas de las personas más poderosas o influyentes del mundo que publican Forbes, la revista Times o el diario británico Financial Times y que, como ministra de Hacienda (2003-2006 y 2011-2015), negoció con el Club de París un perdón para parte de la deuda de su país, Nigeria.
Después de haber almorzado con medio gabinete ministerial uruguayo y la presidenta en ejercicio Beatriz Argimón y de participar en un acto en la Asociación Latinoamericana de Integración por los 30 años del Acuerdo de Marrakech, esta mujer que en pocos días cumplirá 70 años entra al hotel segura, simpática y enérgica con su atuendo azul, que no deja dudas de su origen africano. Es, desde el 2021, la directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), una entidad que algunos ven agonizante, aunque ella siente que en los últimos tres años se logró “muchísimo más” de lo que creía posible.
“Estamos preocupados acerca del proteccionismo y la fragmentación del comercio mundial, que son, en parte, resultado de las tensiones geopolíticas”, afirma, ya sentada en una sala del hotel, con un pequeño plato de maníes a mano para reponer energías y acompañada por su delegación. También dice que ve oportunidades si ocurre una “reglobalización”, de la que Uruguay podría beneficiarse. “Es un muy buen ejemplo de un lugar que puede recibir y diversificar la cadena de suministros” globales al ofrecer un contexto macroeconómico “muy fuerte” y estar encarando reformas estructurales necesarias, como la del sistema educativo, señala esta licenciada en Economía graduada en Harvard y doctorada en temas de desarrollo en el Massachusetts Institute of Technology durante la entrevista de unos 20 minutos que mantuvo con Búsqueda, cerrando su visita de menos de un día a Montevideo y antes de volar a Perú.
—La OMC prevé para este año y el próximo un crecimiento del comercio mundial de mercaderías —tras la contracción en volumen de 2023—, así como en servicios. ¿Las guerras y las elecciones en Estados Unidos, con un eventual triunfo de Donald Trump, son una amenaza para este pronóstico?
—No hablamos de la victoria de una persona o de otra en una elección. Lo que sí vemos son algunos riesgos de reducción en ese pronóstico. Vemos tensiones geopolíticas, por ejemplo, está la guerra en Ucrania, en el mar Rojo y también en Medio Oriente, estas son grandes incertidumbres. Hasta el cambio climático, la sequía en el canal de Panamá también es un riesgo. También las presiones inflacionarias a nivel mundial, que no se reducen, y el impacto que esto puede tener en la demanda agregada son un factor de preocupación.
Estos son los riesgos que estamos percibiendo y, por supuesto, estamos preocupados acerca del proteccionismo y la fragmentación del comercio mundial, que son, en parte, resultado de las tensiones geopolíticas.
—¿Estamos más cerca de una fragmentación o de una reglobalización?
—En este momento quiero dejar en claro que no vemos un desacople por ahora, pero vemos señales de fragmentación que, de alguna manera, si continúan, pueden ser muy costosas para el mundo. Veamos las señales —esto es un poco complejo—; una vez que nos fijamos por ejemplo en los patrones de votación en las Naciones Unidas y dividimos el mundo en dos bloques, antes el comercio entre estos dos bloques crecía aproximadamente a la misma tasa de lo que crecía dentro de esos dos bloques. Ahora lo que estamos viendo es que el comercio dentro de los dos bloques crece más rápido que el comercio entre ellos. Esto, de alguna manera, indica que los países están negociando con países que piensan parecido y puede ser una señal inicial de fragmentación. Este es un ejemplo. También vemos que el comercio entre China y Estados Unidos se está reduciendo, especialmente en algunos rubros de tecnología, como los semiconductores. Entonces, todavía no vemos desacoples, pero hay señales de fragmentación.

También me preguntó sobre la reglobalización. Hablamos sobre los riesgos de esta fragmentación, pero vemos algunas oportunidades. El mundo quiere construir resiliencia sobre las cadenas de suministro globales, porque se piensa que estamos demasiado dependientes de algunas geografías y ciertos sectores. Por ejemplo, el 90 y pico por ciento se fabrica en un solo país, en Taipéi Chino; los minerales críticos y su procesamiento se concentran en China; y la fabricación del 80% de los productos farmacéuticos se concentra en muy pocos países. Hay tanta concentración…, y el mundo lo que quiere es desconcentrar. Lo que estamos diciendo es que, en vez de llevar la cadena de suministro a Europa o a Estados Unidos o ciertos países, ¿por qué no lo diversificamos hacia países en desarrollo que tienen el ambiente de negocios correcto, por ejemplo, en América Latina, Uruguay? Uruguay es un muy buen ejemplo de un lugar que puede recibir y diversificar la cadena de suministro. Tiene un contexto macroeconómico muy fuerte, un compromiso con la prudencia fiscal y, además, tiene una combinación que puede hacer propicio diversificar aquí. Chile, otro ejemplo muy bueno, Costa Rica, Marruecos, África del Sur, Bangladesh. No tienen que ir solamente a Vietnam, Indonesia o India, también pueden ir a otros lugares; eso es lo que llamamos la reglobalización. Reimaginar la globalización para beneficiar a los países que no se benefician tanto o que no se beneficiaron tanto en la primera ola de globalización. Y matamos dos pájaros de un tiro: creamos la resiliencia de la cadena de suministro a nivel mundial y la diversificamos, y a la vez construimos inclusión al incorporar a países de desarrollo que no fueron integrados en la primera ola. Esta es una gran oportunidad.
—¿Habló de todo esto con las autoridades uruguayas? ¿Qué impresión se lleva de su visita?
—La impresión es muy positiva, estoy muy impresionada. Primero, estoy impresionada por cómo han manejado la economía. Como dije, es un país que ha trabajado muy bien en la consolidación fiscal. Tienen reglas fiscales y las siguen. Así que la gestión macroeconómica es muy buena, el déficit fiscal está controlado y la inflación está bajando. Una vez que uno tiene una gestión macroeconómica sólida, después se pueden hacer las reformas estructurales, que es lo que están haciendo en la educación por ejemplo. Y también en las fuentes de crecimiento; cuando hablé con el canciller, los ministros, la presidenta en ejercicio, todos fueron muy claros en cuáles van a ser las fuentes de crecimiento para esta economía, así que realmente me llevo una muy buena impresión. Uruguay tiene que enfocarse, enfocarse en intentar aumentar el sector de la educación porque precisa las habilidades que se requieren para la nueva economía. Y por supuesto saben lo que están haciendo y están enfocados en eso.
—¿Los recelos ambientales para liberalizar el comercio son en todos los casos genuinos o es un argumento solapado para mantener protegidos a ciertos sectores?
—Es cierto que algunos países en desarrollo sienten que quizás esas preocupaciones por los cambios climáticos y el ambiente pueden llevar a conductas proteccionistas. Pero eso no siempre es así. También es posible luchar contra el cambio climático, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y al mismo tiempo mejorar el comercio. No están contrapuestas estas opciones. Hay que ver la manera en que los países aplican las políticas para proteger el ambiente y que sean coherentes con las reglas del comercio; no deben discriminar contra otros países y no deben ser anticompetitivas.
—¿Cuáles serán los temas de la agenda del comercio mundial en los próximos años? ¿El e-commerce, la seguridad alimentaria, los servicios creados por la inteligencia artificial, la conectividad?
—Bueno, esto es lo que yo creo. El futuro del comercio está basado en los servicios, es digital. Entonces, el comercio digital es el futuro, y eso de alguna manera incluye las tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial. Esto va a ser muy importante para el comercio y también para reducir el costo de la cadena de suministro, para hacerla más eficiente y reducir los costos globales. Así que el futuro del comercio es digital, es verde. El comercio verde va a ser muy importante y tiene que ser inclusivo, porque tenemos desigualdades en el mundo. Y el comercio debe ayudar para poder traer y poner al frente a aquellos que quedaron atrasados. Ese es el mantra que tenemos: tiene que ser digital, verde, de servicios e inclusivo.

—En algún momento, durante su mandato, expresó frustración y alentó a los países miembro a trabajar más duro para avanzar en torno a acuerdos multilaterales. Ahora que le queda poco más de un año en el cargo, ¿cómo se siente y qué aspira lograr antes de dejar la dirección en agosto de 2025?
—Yo no pienso en el fin de mi período, porque queda mucho por hacer todavía. ¡Creo que ya hemos logrado tantas cosas en estos tres años! Si lo miramos desde un punto de vista objetivo, desde que llegué, tuvimos la reunión ministerial 12, tuvimos 10 declaraciones multilaterales de decisiones y acuerdos —como el de subsidios y subvenciones a la pesca— después de mucho tiempo de no tener ningún tipo de acuerdo. Y en menos de dos años hicimos la reunión ministerial 13 ¡¿Se acuerda cuánto tiempo nos llevó organizar la 12?! Ahora ya tenemos dos miembros nuevos que están ingresando a la OMC, tenemos acuerdos para ayudar a los países menos desarrollados y en desarrollo y extendimos la moratoria para no cobrar los derechos de aduana en las transmisiones electrónicas. También tenemos un nuevo acuerdo, que son reglamentaciones de servicios domésticos, para retirar todas las barreras en lo que refiere a los servicios; hay 67 miembros de la OMC, es plurilateral, y también está insertado en el marco de la organización, haciéndolo más multilateral. Esto hará mucho más fácil el comercio de servicios en estos países que son miembros.
Terminamos también un acuerdo de facilitación de inversiones para el desarrollo y estamos tratando de insertarlo en el marco de la OMC. Y estamos trabajando con 90 miembros en un acuerdo que fije las reglas para el comercio electrónico. Podría seguir y seguir, hemos logrado tantas cosas… Siento que en estos tres años realmente hemos logrado muchísimo más de lo que podíamos haber imaginado. Me gustaría terminar el período con el segundo acuerdo de pesquerías; hicimos el primero y queremos que entre en vigencia; ya tenemos 72 miembros que lo han ratificado y precisamos a otros 38, y esperamos que todo se logre este año. Esta sería la entrada en vigencia más rápida de cualquier acuerdo de la OMC, en dos años. Quiero que eso se logre. También quiero la reforma del sistema de solución de diferencias y que se acelere este proceso, para tenerlo pronto para finales de este año o principios del que viene. Así que realmente es una agenda que nos entusiasma mucho.
Además de todo esto, quiero asegurarme de que tenemos políticas de comercio que traten el cambio climático, el medioambiente, queremos darles apoyo a las mujeres en el comercio digital —tenemos US$ 50 millones para eso—, y hay que trabajar en los servicios digitales verdes. Así que es muchísimo trabajo que queda por hacer y me gustaría lograr todo eso.