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    jueves 20 de junio de 2024

    Dos índices sobre calidad del empleo reflejaron mejoras en Uruguay

    El BID señaló, sin embargo, que el país “no registra avances notables en los últimos dos años, marcados por la pandemia”. Según otro estudio de la Cepal, la proporción de trabajadores uruguayos con ingreso laboral inferior a seis canastas básicas cayó de 44% de 2008-2009 a 25,7% en 2017-2018

    En el año electoral, la temática del empleo es infaltable en los discursos políticos y los textos programáticos, algunos con propuestas específicas, como la de la precandidata blanca Laura Raffo de crear 15.000 puestos para los jóvenes. En ese contexto, un par de índices que evalúan distintas dimensiones —uno con perspectiva más histórica que el otro— constataron mejoras, en general, en el mercado laboral uruguayo.

    Por un lado, en el contexto del Día Internacional del Trabajo celebrado esta semana, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señaló que si bien Uruguay continúa liderando en la región, en este ámbito, “no registra avances notables en los últimos dos años, marcados por la pandemia”. Agregó que, aun cuando es el país con menor brecha entre géneros en calidad y cantidad del empleo, es también el de mayor brecha entre jóvenes y adultos”.

    El BID extrajo esas conclusiones a partir de su Índice de Mejores Trabajos, que publica cada dos años y difundió el martes 30. En el estudio indicó que Uruguay, entre 2018 y 2022, registró una mejora “de menos de 0,1 puntos: se mantuvo en 71,4 puntos”. Con este nivel es, con distancia, el pai´s con mayor puntaje, ma´s de siete puntos por encima del segundo (Chile).

    Este índice evalúa cómo son los empleos de los países a través de dos dimensiones. La relativa a la cantidad está compuesta por dos indicadores: la tasa de participación laboral y la de ocupación; la de calidad se construye con las tasas de formalidad y de trabajos con salario suficiente para superar la pobreza. Así, el índice es la media ponderada de estos cuatro indicadores y sus puntuaciones van de 0 a 100.

    Por otro lado, un análisis similar surge del Índice de Mala Calidad del Empleo (IMCE), que tiene parecidos metodológicos con el del BID.

    En las mediciones desde 2008-2009 hasta antes de la pandemia de Covid-19 Uruguay y Costa Rica fueron los que más progresaron, seguidos por Chile y Panamá, según un trabajo recientemente publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En el caso uruguayo, el IMCE pasó de 0,31 a 0,2 en ese lapso.

    Este índice abarca cuatro indicadores agrupados en tres dimensiones: ingreso laboral (con un umbral igual o superior a seis canastas básicas de alimentos, lo que equivale aproximadamente a la línea de pobreza de la Cepal para un hogar de tres personas); estabilidad en el empleo (si se tiene o no firmado un contrato en el empleo principal); y condiciones laborales (contribución al sistema social y la jornada laboral excesiva, con un límite de tiempo de trabajo fijado en 48 horas por semana y ocho horas por día). Cada dimensión tiene el mismo peso —ponderación— dentro del índice. Para el indicador de estabilidad en el empleo, en el caso de Uruguay la investigación asumió que no hay individuos carentes por falta de contrato de trabajo, ya que, por ley, la relación es inmediata sin el requisito de firmar un contrato.

    El IMCE fue construido con las encuestas de hogares oficiales de 16 países, que fueron estandarizadas para producir información lo más comparable posible. Se calculó para cinco períodos o rondas: la primera se hizo con datos de 2008-2009, la segunda para 2013-2014, la tercera para 2018, la cuarta para 2019, y la quinta para 2020, ya iniciada la crisis del Covid. Por tratarse de un indicador de mala calidad de empleo, un mayor valor representa un deterioro de las condiciones laborales.

    En la gran mayoría de los países analizados la proporción de trabajadores con ingreso laboral inferior a las seis canastas básicas disminuyó “fuertemente” entre 2008-2009 y 2017-2018 (tercera ronda), según el estudio, titulado Índice de mala calidad del empleo: una exploración de la última década en América Latina. La reducción más significativa, tanto absoluta como relativa, se dio en Uruguay, que pasó de 44% a 25,7% de los trabajadores (caída relativa de 42%).

    Dimensiones

    Luego, la crisis asociada al Covid deterioró los ingresos laborales en la mayoría de los países; en Uruguay, la proporción de ocupados con insuficiencia para adquirir esas canastas aumentó a 26,2% en la cuarta ronda y a 29,2% en la quinta.

    Según el estudio publicado por la Cepal, en cuanto al porcentaje de trabajadores sin contrato y aquellos por cuenta propia con baja calificación —considerados para la dimensión de estabilidad en el empleo—, en casi todos los países hubo una disminución entre 2008 y 2014. Uruguay fue en uno de los que eso ocurrió de manera más importante (de 28,7% a 21,4%), una tendencia que siguió en las siguientes rondas, a contrapelo de lo ocurrido en general en las demás economías regionales analizadas.

    Respecto de la privación por no contribución a los sistemas previsionales, las evoluciones más favorables en este indicador entre 2008 y 2020 “se registran en Uruguay (reducción de 29,8% a 20,5%), seguido de Chile (baja de 34,5% a 23,7%) y Costa Rica (caída de 33,1% a 25,7%). Brasil progresa significativamente, desde 44% a 33,2%”, mientras que Panamá y Argentina se mantuvieron con relativa estabilidad en torno a 45%, señalan los investigadores.

    A su vez, antes de la pandemia se verificaron “avances importantes en el acceso de los trabajadores al sistema de pensiones contributivas en la mayoría de los países. La crisis asociada al Covid-19 no generó impactos importantes” excepto en Ecuador (aumento de 8,5 puntos porcentuales) y en menor medida en Perú (suba de 3,5).

    En Panamá, Brasil y Chile hubo una tendencia a la disminución de la privación relacionada con el exceso de horas, desde niveles entre 20% y 18% en la primera ronda a entre 14,5% y 11,2% en la tercera o cuarta. “Uruguay y Ecuador están bajo 20% en 2019, habiendo comenzado en niveles cercanos a 30% en 2008-2009”, consigna el estudio. En Argentina la mejora fue de 26,8% a 21,1%. Acota que “casi todos estos países se sitúan bajo 30% en la cuarta ronda, excepto Perú, que parte de 41% (la mayor incidencia en la primera ronda) y llega a 35,8%”.

    Es posible que las reducciones de jornada se hayan debido a la crisis en el mercado laboral y a las medidas de confinamiento durante la pandemia más que a una menor necesidad de las personas de trabajar horas en exceso, interpretan los autores.

    Economía
    2024-05-01T19:38:00