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    Dos terroristas entraron a Uruguay para matar a Guarteche; la DEA tenía un topo y frustró el ataque

    Libro Matar al mormón

    Uruguay estuvo a punto de ser escenario de un magnicidio cuyos detalles se mantuvieron en reserva hasta ahora. Una organización de narcotraficantes uruguayos radicada en el exterior organizó un atentado con bomba para matar al entonces jefe de la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas, Julio Guarteche, y para ello requirió los servicios de dos reconocidos terroristas expertos en explosivos. La Agencia Antidrogas de EE.UU, la DEA, tenía un infiltrado en el grupo criminal y avisó a tiempo. Incluso, la DEA se ofreció para asesinar al líder narco pero Guarteche se negó.

    Esta historia se cuenta en el libro Matar al mormón, del periodista Gabriel Pereyra, que edita Random House en su colección Espejo (que llevan adelante el propio Pereyra y el periodista y escritor Alejandro Ferreiro) y que será presentado el domingo 13 a las 18 horas en el Salón Rojo de la Intendencia de Montevideo, en el marco de la Feria del Libro. A continuación se transcribe un tramo del libro:

    Parte de esta historia, que Sandra (la viuda de Guarteche) ya conocía, fue la que le relató Guarteche aquella madrugada de julio mientras huían de los lugares que frecuentaban.

    Los detalles le daban escalofríos. No se trataba de una amenaza. No habían avisado. Cachito, con todo el peso de sus contactos, había decidido hacerle un atentado con bomba. Punto. Pero aun así, ¿era probable además de posible ejecutar un magnicidio en el presuntamente tranquilo Uruguay? Los detalles le darían la respuesta a Sandra, quien nunca había visto a Julio tan preocupado.

    Los oficiales policiales consultados para este libro acerca de cómo se enteraron de que estaba en ciernes un atentado contra Guarteche, dieron datos difusos: la información de un arrepentido, un personaje misterioso, etc.

    En cambio, Sandra, la esposa a la que Julio le confiaba todos sus secretos, fue directa: “Cachito estaba infiltrado por la DEA. Fue un agente encubierto de la DEA el que se enteró e informó”.

    Luego, la información fue confirmada con un abogado local vinculado­ a Cachito, quien dio dos datos: se estaba buscando explosivo militar C4 y ametralladoras UZI en el mercado local y dos sicarios extranjeros, un marroquí y un holandés, expertos en explosivos, iban a venir a Uruguay para ejecutar el atentado.

    Mientras viajaban hacia el campo de Sandra, Julio le contó a su mujer que no sabían si los sicarios habían ingresado al país, pero que se había iniciado una investigación para averiguarlo.

    La investigación dio resultados alarmantes: la DEA confirmó el nombre de ambos sicarios, que tenían antecedentes de atentados con bomba y a partir de pasaportes falsificados se determinó que habían ingresado a Uruguay para recoger información de campo. Se pudo saber porque la DEA envió la foto de un marroquí y un holandés contratados por Cachito. La DEA tenía un topo en el entorno de Cachito pero no sabía a ciencia cierta las fechas en que los sicarios llegarían a Uruguay.

    “En agosto se inició la investigación y ahí se concluyó que en mayo de 2009 los sicarios habían estado en Uruguay haciendo un relevamiento de domicilio y todo eso, para después venir en agosto a llevar a cabo el atentado”, cuenta (NDR: el actual jefe antidrogas, Carlos) Noria.

    Estuvieron increíblemente cerca de concretar la voladura.

    Pero Cachito tenía un punto débil: su hermano seguía preso en Uruguay. Sabía cómo se manejan ciertas cosas cuando alcanzan un límite. Si hacía el atentado antes de rescatar o de que su hermano cumpliera la pena, el preso no saldría con vida de la cárcel.

    Habla Sandra: “Sabía que Julio era muy querido a nivel policial y que si algo nos pasaba iba a haber represalias. Nosotros en el campo tratamos de tener una vida medianamente normal. Los niños salían al campo con los dos muchachos de la custodia que andaban con las (subametralladoras) HK y bueno, los nenes salían a correr, a jugar, con los mismos muchachos que iban con las HK porque estaba todo el mundo armado. A mí se me enseñó a manejar las (pistolas) Glok, las HK, hacía tiro”.

    La viuda del policía recuerda cosas que los compañeros de brigada de Guarteche o no sabían o prefirieron no relatar con esta crudeza: “Julio estaba preocupado porque hubo gente que estaba pegada al combate al narco en Europa que le dijo, vos sabes cuál es la solución. Muerto el perro, muerta la rabia. Y Julio dijo, no, no van a matar a alguien y sentir la sangre en mis manos. Pero es la solución, le decían”.

    De cualquier manera, en Uruguay la Policía hizo lo suyo según relata (NDR: el director nacional de Policía, Mario) Layera: “No sabíamos cuándo iba a pasar. Hasta que ahí, rápidamente, hacemos todo y llegamos al Cachito. Llegamos de una manera tercerizada y le dijimos si eso pasa, nosotros vamos a responder diferente”.

    Para la familia Guarteche ya nada fue igual. “Después que regresamos, por un tiempo no íbamos todos en el mismo auto. Él iba en el auto blindado y nosotros en otro, entonces iban al colegio en dos vehículos”.

    Sandra vuelve a rememorar: “Nuestro dormitorio estaba en frente y ponían los chalecos antibalas en la ventana con armas abajo. Y en el mueble siempre había arriba una HK… Se nos hacía difícil que los amigos de nuestros hijos vinieran a la casa, o porque veían policías o yo tenía miedo que vean las armas. Cuando nos mudamos ahí donde poníamos los chalecos, alguna vecina hizo denuncia en la 14 porque veía bajar gente con armas”.

    “Al final, cuando detuvieron a Cachito, Julio fue a verlo. Le explicó que él nunca había jugado a favor de nadie”, cuenta Sandra (NDR: ya que el narco pensaba que Guarteche estaba operando a favor de otro traficante).

    Incluso, según el actual jefe antidrogas, Carlos Noria, Cachito le dio una información importante a Guarteche: “Le dijo que Risotto estaba por dentro de todos los operativos nuestros porque tenía custodios que eran policías y que cuando nosotros, acá la dirección de drogas, iba a hacer un procedimiento grande, llamaba a ese grupo al que pertenecían estos policías y él se enteraba. Y estando enterado de los procedimientos se abría o no avisaba al resto. Y bueno, lo mataron a Risotto y ahí se terminó su historia”.

    Después de explicarle a Cachito cómo eran las cosas, al final, Guarteche le dijo: “Vos estás vivo porque yo quiero”.

    Recuadro de la nota

    La injusticia

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