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    Durante la pandemia “se usaron más antibióticos de lo habitual” y eso agravó la resistencia de infecciones, advierte especialista

    Es necesario “formar a los médicos, las enfermeras y a todos los actores de la salud en lo que significa el uso” de estos medicamentos, opinó el infectólogo Fabio Grill

    La potabilización del agua, la invención de las vacunas y la creación de los antibióticos fueron tres hitos importantes en la historia de la salud humana. El último apareció hace no mucho tiempo, tan solo 100 o 110 años. Antes, todas las infecciones eran difíciles de tratar. Las bacterias que las producían mutaban y generaban resistencias a los tratamientos que se ofrecían. Pasó un siglo y muchas de esas bacterias sobrevivieron. Y no solo eso, sino que lograron resistencia, en algunos casos, a los antibióticos.

    Se trata de un fenómeno que preocupa a la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde hace años y sobre el que Uruguay también impulsó acciones. Sin embargo, el problema sigue latente y la pandemia de Covid-19 significó un agravante.

    La resistencia antimicrobiana (RAM) se generó por “la acción del hombre en diferentes frentes de trabajo”, dijo a Búsqueda el médico infectólogo e intensivista Fabio Grill, expresidente de la Sociedad de Infectología Clínica del Uruguay. Uno de esos frentes es el “uso inadecuado” de antibióticos en esta “época de bonanza”, opinó. Por un lado, aumentó la tendencia a la automedicación o la compra indiscriminada de estos medicamentos en las farmacias. Por otro, desde el sector médico a veces se recetan antibióticos “de más” ante cuadros clínicos difíciles de evaluar, agregó Grill.

    Pero en esta resistencia cada vez mayor de las bacterias a los antimicrobianos también jugó un rol importante la medicina veterinaria y la cadena productiva animal. Los antibióticos, al volverse masivos, comenzaron a usarse también en granjas para evitar infecciones y favorecer la producción a gran escala.

    “Y el otro pilar importante, que es el más silencioso de todos, es el medio ambiente”, aseguró el infectólogo. En este factor, la RAM se genera por la mala eliminación de los antibióticos que ya no se van a usar. Un blíster que se tira a la basura o al inodoro termina generando un daño al medio ambiente y las bacterias que allí habitan también adquieren mecanismos de resistencia.

    En el área de la salud humana, en los últimos 20 años los médicos se han encontrado con un número creciente de pacientes que no responden a los tratamientos con los antibióticos disponibles en Uruguay. Es que a la RAM se suma otro problema a nivel país: al ser un mercado pequeño, la variedad de medicamentos es reducida y a veces hay que salir a buscarlos a Argentina u otros países de la región. Esto ante una enfermedad infecciosa es un problema, porque las bacterias avanzan de forma rápida.

    Algunas infecciones que suelen desarrollar resistencia a los antimicrobianos son las urinarias, ya que a veces se consumen antibióticos ante los primeros síntomas. Aquí se genera un problema porque, según Grill, la sintomatología urinaria puede ser “muy inespecífica”. El infectólogo advirtió que deberían indicarse antibióticos “si hay certeza de bacteria o infección”.

    Otro ejemplo frecuente es la tuberculosis, una enfermedad sobre la que hasta hace unos años era difícil encontrar RAM. Pero en la actualidad comienzan a presentarse algunos casos que, según Grill, “tienen que ver con tratamientos incompletos que a veces suceden, o migración o cambios climáticos. Situaciones que pueden hacer que los microorganismos se vayan adaptando”.

    En marzo de 2017 el Banco Mundial publicó un informe sobre la resistencia a los antimicrobianos en el que aseguró que se trataba de un fenómeno que ya entonces había disminuido la eficacia del tratamiento de infecciones, y advirtió que la tendencia continuaría. “Las infecciones se volverán más difíciles y eventualmente incluso imposibles de tratar” mientras “el mundo siga despilfarrando la cura”, expresó el informe. “Cuando los medicamentos dejen de funcionar debido a la RAM, las tasas de muerte y enfermedad podrían aumentar de nuevo a niveles de la era anterior a los antimicrobianos”, agregó.

    El impacto del Covid

    A fines de 2019 en el mundo y en marzo de 2020 en Uruguay apareció un virus desconocido. Como no había información previa sobre sus características, tampoco había información sobre cómo tratarlo. Cada vez más pacientes infectados empezaron a requerir algún tipo de tratamiento y “se usaron más antibióticos de lo habitual”, dijo Grill.

    La pandemia postergó además el diagnóstico y tratamiento de otras “infecciones ocultas”, según el infectólogo. Entonces, aparecieron fenómenos de coinfecciones o infecciones que se habían vuelto poco habituales en terapia intensiva como la aspergilosis, causada por un hongo, o la mucormicosis, que se difundió en noticias internacionales como “hongo negro”.

    Cuando las infecciones por Covid-19 dejaron de ser masivas, los médicos empezaron a ver “multirresistencias” y a administrar “un poquito más de antibiótico” para evitar que evolucionaran hacia algo peor, explicó Grill.

    “Hoy estamos peor que antes de 2019, porque el Covid fue un tsunami que dejó secuelas en muchísimos frentes, y uno de ellos es la multirresistencia. Ese es un tema real hoy, no es un problema del futuro”, advirtió el infectólogo.

    En 2018, Uruguay lanzó un Plan Nacional de Acción contra la Resistencia Antimicrobiana, a cargo de los ministerios de Salud Pública; de Ganadería, Agricultura y Pesca; y del entonces Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Pero no todos los hospitales cuentan con los Programas de Optimización de Antimicrobianos (Proa) que previó ese plan nacional. “Hay que empezar a buscar y formar a los médicos, las enfermeras, a todos los actores de la salud en lo que significa el uso de antibióticos. Creo que la tendencia es que los centros de salud tengan equipos de Proa”, dijo Grill.

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