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Así fue que hubo una vez y del mar irolizaba / Y hasta se consiguió un pez y un mar de espuma salada / Sal de aquel que hizo el color en foto sintetizada / Una magnetización la imagen polarizaba / Y un sonido se sintió horizonte que miraba / Según y que esa visión universoterizada.
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La canción se llama Polaroid. La letra fue escrita por Eduardo Mateo a fines de los 80. La música, compuesta tres décadas más tarde, es de Estela Magnone. Los arreglos ponen un adecuado marco de psicodelia a esta narración alucinada y desobediente de normas gramaticales. Es la primera de cuatro canciones inéditas que crearon juntos Mateo y Magnone en los últimos años de vida del autor de Jacinta y Yulelé. Es la canción que inaugura Siestas de mar de fondo (Bizarro, 2019), en que la cantautora reúne sus coautorías con su amigo Eduardo. A continuación suena Llama, una balada llena de extrañeza, como sumergida entre notas sinuosas: Llama / Que quiere lejos / Llegar silencios / Quietud de amor.
En el arte de tapa figuran prolijamente transcritas por Magnone las letras en hojas de cuaderno. Permanecieron suspendidas en el tiempo hasta que el año pasado terminó de componer las músicas. Acacias, una milonga muy en la línea de la obra de Estela con Jaime Roos, y la muy beatle Paradoja en cuarto menguante, vestida con atuendos jazzeros, completan la sección de inéditas.
La segunda mitad tiene cuatro temas también compuestos por Eduardo y Estela, tres incluidos en álbumes anteriores de Magnone: la balada blusera Oración de espirales, un valsecito llamado Lago y Mensaje de abril, donde se lucen Pablo Figueira en el bajo y —especialmente— Eric Wangesteen con su trompeta asordinada. La pieza que cierra el álbum, Sueño de escritor, había sido grabada originalmente por Laura Canoura.
Los arreglos, programaciones y producción artística del disco estuvieron a cargo de Magnone y Fabián Marquisio, su principal socio artístico en la última década, también a cargo de las grabaciones (la mezcla y el master son de Daniel Báez).
Como extra aparece el clásico de Mateo que da nombre al disco, en un registro casero, grabado en casete en un ensayo del dúo en la casa de Estela. La máquina del tiempo en su esplendor.