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    Economista Dani Rodrik: una nueva “política industrial” orientada a los servicios para crear “mejores empleos”

    Haciendo algunas referencias a Uruguay, el profesor de Harvard dio una charla organizada por el centro de análisis Ágora

    A lo largo de su carrera como investigador, Dani Rodrik, profesor de Política Económica Internacional en la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, se ha enfocado en temas como la globalización, el crecimiento y el desarrollo económicos. Pero en los últimos tiempos su trabajo se centró en cómo crear economías más inclusivas y una vía para eso, postula, son los “mejores empleos”. Acerca de esto disertó el jueves 7 en una videoconferencia organizada por Ágora y que tuvo como auditorio —en el edificio en Ciudad Vieja de CAF-Bando de Desarrollo de América Latina— a miembros de este nuevo centro de análisis y a algunos invitados.

    Después de referirse al consenso en torno al valor del trabajo para las personas y las externalidades sociales que tiene —ya que perder el empleo produce rupturas familiares y mayor criminalidad y puede dar soporte a políticas populistas—, el economista turco describió un buen empleo como aquel predecible, estable y que permita vivir con estándares de clase media. Comentó, sin que sea una sorpresa para él, que Uruguay ranquea alto en varios “indicadores objetivos” utilizados en algunas mediciones internacionales al respecto.

    Sobre cómo generar mejores empleos, afirmó que lo primero que se piensa es desde el lado de la oferta, es decir, en inversiones en educación y capacitación de las personas. “Históricamente, por supuesto, eso no ha sido suficiente. Históricamente, los mejores empleos también provienen de una variedad de regulaciones y estándares del mercado laboral. Los derechos de negociación colectiva o sectorial y otras regulaciones desempeñan un papel en la institucionalización de los mercados y en la mejora del poder de negociación de los trabajadores”, sostuvo. Agregó que, “razonablemente, los empleadores ahora saben las ventajas y desventajas entre lo exigentes que pueden ser las regulaciones del mercado laboral y la productividad de los trabajadores; luego es necesario trazar una especie de línea muy fina para garantizar que las normas laborales, tales como los salarios mínimos y demás, no vayan mucho más allá de lo que la productividad laboral pueda soportar”.

    Graficó el “patrón típico de transformación” que se dio, por ejemplo, en las economías de Asia del Este, desde el trabajo en sectores agrícolas hasta, luego, el manufacturero y, después, los servicios y, en paralelo, con un flujo de la informalidad al mercado organizado.

    Como caracterización, el profesor de Harvard señaló que la industrialización permitió la absorción de mano de obra con baja formación y destacó la capacidad de comercialización del sector fabril para escalar hacia mercados externos.

    Según dijo, hoy el patrón de transformación está siendo desde la agricultura al sector terciario. “El milagro de crecimiento basado en la industrialización no se repetirá en el futuro”, afirmó. Si de las actividades industriales no van a venir los buenos empleos, ¿de dónde surgirán?, preguntó. Una posibilidad es que sea de la agricultura, dijo. “Muchos países de América Latina, también los países del África subsahariana, todavía tienen oportunidades considerables en la agricultura no tradicional, y obviamente las exportaciones agrícolas son un pilar de la economía en Uruguay. Y sabemos que existe ese tipo de exportaciones agrícolas, con un potencial productivo muy alto, utilizando nuevas tecnologías. Pero el problema es que es difícil imaginar que la agricultura avance como un sector absorbente de mano de obra y creo que el sector rural seguirá desprendiendo mano de obra”, señaló.

    Entonces —se respondió— los mejores empleos deberían provenir de los servicios, y postuló la necesidad de una especie de “política industrial” enfocada específicamente en el sector terciario, por ejemplo, que ofrezca asistencia adaptada para firmas, en particular, las de pequeño y mediano porte. “Es un nombre inapropiado” porque cuando se piensa en la política industrial normalmente se la asocia con “grandes empresas manufactureras, campeones de exportación, etcétera. Pero, en realidad, lo que tenemos que hacer ahora es repensar estas políticas para los servicios y para las empresas pequeñas y medianas y para las empresas que van a ser en su mayoría no transables” con el exterior, sostuvo. Esa estrategia, en realidad, “no se trata de subsidios e incentivos fiscales, porque son muy burdos, sino de centrarse muy directamente en las necesidades de los diferentes tipos de empresas”, dijo. Habló de un trabajo real y rápido entre gobiernos y firmas del sector de servicios, que necesitan acceso a mano de obra estable y calificada, redes confiables o verticales a la tecnología y a una variedad de instituciones y regulaciones gubernamentales.

    Como remate a su exposición, Rodrik enunció: “Los empleos son una especie de estrategia, así que creo que si hay un lado positivo en esto es que, si bien en una economía orientada a los servicios el crecimiento será necesariamente menor, su calidad podría ser mayor. Podríamos conseguir sociedades más inclusivas y de clase media como vehículo para esto”.

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