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    Economistas hicieron autocrítica sobre ellos y su disciplina

    Invitados por el FMI, algunos premios Nobel y otros académicos reflexionaron sobre el actual rol de la profesión; el decano de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración compartió que algunos supuestos tambalean y que se precisan “cambios drásticos” en la disciplina

    Los economistas ayudan a planificar costos y a definir políticas públicas. Con sus métodos y análisis contribuyen a gestionar una organización y las múltiples facetas que tiene la economía. Calculan, modelan, investigan, proyectan, predicen booms y debacles financieras, al punto que a algunos se les pone el mote de “gurú”. Es una profesión que ganó preponderancia desde mediados del siglo pasado, aunque ciertas pifias —como en la última gran crisis financiera global iniciada en 2007-2008— magullaron un poco su reputación. Es una disciplina puesta en cuestión ante sociedades y economías cambiantes.

    Al conmemorar la muerte de su mentor, Alfred Marshall, hace un siglo, John Maynard Keynes escribió que un “gran economista debe poseer una rara combinación de dotes (…), debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo”. Hoy en día, la mezcla descrita por ese influyente economista británico (1883-1943) “es lo que el mundo necesita con urgencia para iluminar un camino que permita sortear las dificultades que presentan el cambio climático, la inteligencia artificial, el cambio demográfico, la desigualdad social y económica y los conflictos geopolíticos. Y resulta especialmente acertado visto el creciente desencanto con la profesión económica y el afán por reformar la disciplina de modo que refleje mejor los valores de los individuos y la sociedad”, escribió Gita Bhatt, directora editorial de Finanzas & Desarrollo —una publicación del Fondo Monetario Internacional (FMI)—, introduciendo el último número: una serie de artículos de varios economistas, incluidos algunos premios Nobel, invitados a reflexionar sobre cómo la profesión podría encarar mejor los “desafíos del siglo XXI”.

    Uno de los más connotados entre esos articulistas es, también, uno de los más críticos con el rol que han tenido los economistas y el uso de ciertos instrumentos de la disciplina. Angus Deaton, profesor emérito de la cátedra Dwight D. Eisenhower en la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos y en el Departamento de Economía de la Universidad de Princeton, dice que la economía, como ciencia, “ha logrado grandes cosas” y “comprende numerosas cuestiones. Sin embargo, hoy en día nos encontramos ante cierta desorganización. No predijimos de manera conjunta la crisis financiera (mundial surgida en Estados Unidos en 2007-2008) y, lo que es peor, es posible que hayamos contribuido a ella por culpa de nuestra defensa, excesivamente entusiasta, de la eficacia de los mercados, sobre todo de los financieros, cuya estructura e implicaciones no conocíamos tan bien como pensábamos”.

    “A diferencia de otros economistas, desde Adam Smith y Karl Marx, pasando por John Maynard Keynes, Friedrich Hayek e incluso Thomas Friedman, nosotros en gran medida hemos dejado de pensar en la ética y en la esencia del bienestar humano. Somos tecnócratas y nos centramos en la eficiencia. Apenas recibimos formación sobre los fines de la economía, el significado del bienestar —la economía del bienestar desapareció hace tiempo de los planes de estudios— y la opinión de los filósofos sobre la igualdad. Ante la presión, tendemos a caer en el utilitarismo basado en los ingresos”, reflexiona este británico distinguido en 2015 con el Nobel de Economía. Y agrega: “Cuando la eficiencia entraña una redistribución ascendente de la riqueza —a menudo, pero no siempre— nuestras recomendaciones son poco más que una licencia para el saqueo”.

    Deaton pretende más “humildad” de los economistas: “A menudo, estamos demasiado seguros de tener la razón”.

    Asegura haberse sorprendido a sí mismo “al cambiar de opinión” sobre ciertas cuestiones, “un proceso incómodo para alguien que lleva más de medio siglo dedicándose a la economía”. Como parte de ese giro intelectual, en su artículo reivindica el papel de las organizaciones de trabajadores. “Al igual que la mayor parte de mi generación, siempre pensé en los sindicatos como una molestia que interfería con la eficiencia económica (y a menudo personal) y me alegré de su lento declive. Pero hoy en día las grandes empresas tienen demasiado poder sobre las condiciones laborales, los salarios y las decisiones que se toman en Washington, donde los sindicatos apenas ejercen poder en comparación con los grupos de presión” de las corporaciones, señala. Según él, “hay que dar cabida a los sindicatos en la adopción de decisiones sobre inteligencia artificial. El entusiasmo de los economistas por el cambio técnico como instrumento para el enriquecimiento universal ya no se sostiene (si es que alguna vez lo hizo)”.

    También se expresó “mucho más escéptico sobre las ventajas del libre comercio para los trabajadores estadounidenses” e incluso ahora duda de la afirmación —hecha por él y por otros en el pasado— de que la globalización fue lo que bajó drásticamente la pobreza mundial en los últimos 30 años.

    Por mail, Búsqueda le preguntó si el rol que propone para los sindicatos no podría frenar el avance tecnológico y si cree que un mayor proteccionismo comercial conduciría a economías y sociedades más sanas, pero el Nobel no quiso profundizar sobre sus argumentos. Responder a esas cuestiones implicaría “ampliar y elaborar la pieza original hasta convertirla en una nueva mucho más larga. Podría hacer eso, pero no aquí y ahora”, se excusó.

    Diane Coyle, profesora de Política Pública en la Universidad de Cambridge, escribió en la publicación del FMI en una línea similar. Sostiene que “durante al menos los últimos 40 o 50 años la falta de una economía del bienestar sólidamente fundamentada ha desembocado en un vacío incómodo” en la disciplina. “Aún no se dispone de una versión adaptada al siglo XXI que sintetice la visión de Keynes sobre el funcionamiento de la economía en su conjunto, ni tampoco de las estadísticas para medirlo y preverlo. Esto hace que los economistas —sobre todo los que se dedican a la esfera de las políticas, con sus demandas prácticas— recurran de forma automática al antiguo modelo mental”, plantea la autora de Cogs and monsters, un libro en el que cuestiona la postura dominante en economía de que las personas son “engranajes”: agentes independientes, calculadores e interesados ??en sí mismos que interactúan en contextos definidos. Según ella, la economía digital se caracteriza mucho más por “monstruos”, agentes menos predecibles y sin ataduras.

    El “pecado original”

    En su reflexión, Jayati Ghosh, profesora de Economía en la Universidad de Massachusetts Amherst, incorpora otros alegatos críticos. “Gran parte de lo que se presenta como sabiduría económica recibida sobre el funcionamiento de las economías y las implicaciones de las políticas es, en el mejor de los casos, engañoso y, en el peor, simplemente erróneo. Hace décadas que un importante y poderoso grupo de presión dentro de la disciplina económica difunde medias verdades e incluso falsedades sobre muchas cuestiones esenciales”, afirma. Y enumera, en titulares, algunos casos: que el funcionamiento de los mercados financieros sí puede ser “eficiente” sin regulación; el impacto de la desregulación del mercado laboral y de los salarios sobre el empleo y el desempleo; cómo inciden la distribución del comercio y la inversión internacionales en los medios de vida y la posibilidad de diversificación económica; o cómo responde la inversión privada a las exenciones fiscales, las subvenciones y a los déficits fiscales. El “pecado original” —sostiene— podría ser que se ha excluido del discurso económico el concepto del poder, “y eso no hace sino reforzar las estructuras y los desequilibrios de poder existentes”.

    Para Ghosh, también las estructuras de poder dentro de la profesión consolidan la corriente dominante, entre otras formas, a través de la “tiranía de las llamadas revistas de primer nivel” —que “publican contribuciones abstrusas cuyo único aporte es adoptar un supuesto algo menos estricto en un modelo o emplear una prueba econométrica ligeramente diferente”— y del “empleo académico y profesional”. Todo eso se combina con otros tipos de “discriminación (por género, raza/etnia, ubicación) para excluir o marginar perspectivas alternativas” al mainstream. “El impacto de la ubicación es enorme: la rama dominante” está subyugada por “el Atlántico Norte —concretamente, Estados Unidos y Europa— en cuanto a prestigio, influencia y capacidad para determinar el contenido y la dirección de la disciplina”, sentencia la economista india.

    Por otro lado, para ella, el “desdén hacia otras disciplinas” es un gran inconveniente que se manifiesta, por ejemplo, en la “falta de una sólida perspectiva histórica” que debería impregnar todos los análisis sociales y económicos actuales, más allá de que últimamente “se ha puesto de moda que los economistas se interesen por la psicología, con el auge de la economía del comportamiento y la idea de los ‘empujoncitos’ para inducir determinados comportamientos. Pero esto también se presenta a menudo de manera ahistórica”, sin reconocer los diversos contextos.

    Estas “fallas”, según Ghosh, han “empobrecido enormemente la ciencia económica y, como era de esperar, han minado su credibilidad y legitimidad entre el gran público. La corriente dominante de la economía necesita urgentemente más humildad, más perspectiva histórica y un reconocimiento de la desigualdad de poder, así como la promoción activa de la diversidad”.

    Supuestos “cuestionados”

    En Uruguay, las carreras de grado de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA) de la Universidad de la República son de las que tienen mayor matrícula y más egresados de todo el sistema terciario. De la FCEA, en 2022 se recibieron 1.132 estudiantes, 115 como licenciados en Economía (se titularon otros 54 de las privadas). Según su decano, Jorge Xavier, las reflexiones recogidas en la introspección propuesta en la revista del FMI “son consistentes con gran parte de los temas” sobre los cuales está trabajando la facultad en sus carreras de grado y posgrado, señaló consultado por Búsqueda.?Para Xavier, como disciplina social con un “fuerte desarrollo en la segunda mitad del siglo pasado, es claro que muchos de los modelos y las herramientas que sustentan las bases del pensamiento predominante —verdaderos ‘paradigmas’— están fuertemente interpelados por la realidad”, por lo cual se precisan “cambios drásticos en la ciencia económica. Los supuestos típicamente ‘neoclásicos’ de funcionamiento de los mercados, la competencia perfecta, los rendimientos constantes a escala, los costos marginales decrecientes y el pleno empleo están fuertemente cuestionados y no se sostienen en este siglo XXI, basado en la digitalización de muchas de las actividades económicas, las relaciones de poder, el peso de las presiones políticas y el enorme poder de las grandes corporaciones mundiales, la explotación de la naturaleza, el cambio climático y los aspectos de género, éticos y de justicia que forman parte del debate en la actualidad”.?Preguntó qué pasa con economías basadas en la producción agropecuaria y en las denominadas “ventajas comparativas”, cuando esas bases dejan de ser relevantes para explicar los desarrollos relativos. “En la actualidad, trabajamos sobre la economía de los bienes comunes, mercados de múltiples caras, organizaciones exponenciales, sostenibilidad, economía circular, justicia y solidaridad, crecimiento y distribución, desigualdad y pobreza, sistemas de previsión social, salud y educación. La ciencia económica ha incorporado conceptos provenientes de la filosofía, la sociología y la historia como componentes fundamentales para entender los desafíos actuales”, opinó el decano. Añadió que, “con pasión”, en la facultad enfrentan la “necesidad de conciliar la realidad económica y la realidad social, las muy profundas transformaciones y desarrollos en los sistemas financieros, la transmisión de valores y formación ética” , además de las “nuevas problemáticas que afectan” a las profesiones (digitalización, robotización, inteligencia artificial, biotecnologías, disrupciones, singularidades, crisis climática, sostenibilidad, modelos de negocios, ciberseguridad, criptomonedas). Cerró recordando un comentario hecho por el contador Enrique Iglesias, expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo, al festejarse en 2022 los 90 años de la FCEA: “Las doctrinas que aprendimos en los claustros dejan de tener su legitimidad social si no se acompañan de solidaridad y principios éticos. No puede haber un orden duradero si no se produce un enunciado de valores capaces de darle sentido”.

    Link

    (última gran crisis financiera global)

    https://www.busqueda.com.uy/Secciones/Cronologia-de-una-crisis-financiera-gestada-en-inescrupulosos-negocios-que-arraso-con-varios-bancos-economias-y-gobiernos-uc37728

    (Angus Deaton)

    https://www.busqueda.com.uy/Secciones/America-Latina-es-donde-peor-se-mide-la-pobreza-dice-el-Nobel-uc2305

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