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    El 64% de los profesionales en ginecotocología son mujeres; los hombres ocupan más cátedras y jefaturas

    En busca de más “empatía” y “comodidad”, pacientes jóvenes optan por ser atendidas por ginecólogas

    Hace cinco años, Valentina supo que su ginecólogo, por más prestigioso y referente, no iba a atenderla más. El detonante fueron unos diálogos que la hicieron sentir incómoda. “¿Tu pareja vive con vos?”. “No”. “Bueno... novio con cama afuera...”, dijo y tomó nota. El tono, difícil de describir, incluía un juicio de valor de regalo. No fue el único. “¿Tenés pensado tener hijos?”. “Eventualmente, sí”. “Vos ya tenés 30, no te demores más”, le contestó y le recetó ácido fólico.

    “Me hizo sentir mal”, cuenta hoy la mujer. “No me dio alternativas, no me escuchó, no me asesoró, me quiso imponer una decisión de vida, no actuó como debería actuar un médico. No sé si porque era hombre o porque ya era un tipo veterano, con una cabeza no muy aggiornada, pero poco menos que me mandó a convivir y a buscar quedar embarazada”. Ella, profesional, en pareja y sin hijos, sin un ginecólogo de cabecera ahora, busca ser atendida por una mujer.

    El de Valentina está lejos de ser un caso extremo. El ginecólogo Alejandro Jabib fue destituido de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) en 2023 luego de que una paciente lo denunciara por abuso físico; ya había registros de maltratos verbales por parte de este profesional. El sábado 16 de marzo El País publicó la historia de otro especialista al que el Colegio Médico le retiró el título y lo inhabilitó por ocho años luego de la denuncia de una paciente por abuso en la mutualista que atendía; el Ministerio de Salud Pública (MSP) dio marcha atrás con esta resolución en base a un tecnicismo legal. Cada tanto surgen situaciones de este tipo.

    En este caso, se repite, lo que Valentina sintió no fue abuso sino una absoluta falta de empatía. Igualmente le molestó. “Yo creo que una mujer juzgaría menos, me podría asesorar sin juzgar”. A medida que crecía, cuenta, aumentaba su incomodidad a que un hombre la examinara. “Si un cacheo en el estadio o una revisión en el aeropuerto te lo hace una mujer, me parece lo más lógico que una médica te atienda estos temas”, opina.

    Pese a que etimológicamente ginecología se puede traducir como “estudio de la mujer”, hasta hace pocas décadas era un mundo eminentemente masculino. El “mejor atendete con un hombre, nena” era un latiguillo que madres y abuelas usaron hasta prácticamente ayer, recuerdan médicos y pacientes. Recién en 1992 la Sociedad Ginecotológica del Uruguay (SGU), que había sido fundada en 1926, tuvo una presidenta, María Rosa Remedio. Todavía los principales cargos académicos y médicos son ocupados por varones.

    La feminización de la especialidad y un cambio en la percepción de las usuarias, como Valentina, está cambiando esa realidad. “De un tiempo a esta parte se está viendo un rol más activo en las pacientes en salir de un modelo paternalista”, dice a Búsqueda la ginecóloga Josefina Tarigo, con formación en género en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). “Eso se percibe en las mujeres más jóvenes, el buscar la empatía y validar el sentir del otro. No digo que un hombre no lo pueda hacer, pero ellas tienden a encontrarlo más en médicas mujeres”, agrega.

    Mandan hombres

    Según los últimos datos del Ministerio de Salud Pública (MSP), hay unos 670 especialistas en ginecotocología en el sistema de salud uruguayo, con un promedio de edad de 49,2 años. La especialidad se llama así porque desde principios del siglo pasado la formación en este país incluye la Ginecología y la Obstetricia. En la SGU hay aproximadamente 500, según dice a Búsqueda su secretaria, Natalia Pérez, quien el 15 de abril asumirá como presidenta. El 64,4% de los profesionales son mujeres, casi dos terceras partes.

    Este porcentaje aumentará en breve: de los 92 residentes en Ginecotocología registrados entre 2021 y 2023 en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar), 80 (87%) fueron mujeres; del último concurso, de 28 ellas fueron 26 (93%), según fuentes de esta casa de estudios.

    La tremenda feminización de esta especialidad es lo suficientemente reciente como para no haber podido reparar injusticias consideradas históricas. En la historia casi centenaria de la SGU, Pérez será recién la tercera mujer en presidirla; entre Remedios y ella estuvo al frente Nancy Murillo, en 2016.

    Pérez recuerda que los tres grado 5 que hay hoy en la Udelar en este campo son hombres. También recuerda que por pedir licencia maternal ella perdió uno de los trabajos que tenía. Tarigo, por su parte, sostiene que en todos los lugares donde trabaja, el jefe de esta sección es varón. Esto es una constante en prácticamente todos los prestadores, más allá de que haya más médicas mujeres.

    “Esta sociedad tiene mucha impronta masculina en todo. Los cargos más importantes, los más altos, son todos de hombres. Yo a veces pasaba de visita con un alumno, hombre, y los pacientes le decían ‘doctor’ a él. Han sido más protagonistas”, señala Pérez.

    Leonel Briozzo, titular de la Clínica Ginecotológica A, uno de los grado 5 de la Udelar, señala a Búsqueda que las dificultades de las mujeres para avanzar en la carrera docente son las mismas que en el sistema político o en casi cualquier actividad profesional: inequidad en cuidados extendidos en familiares, que siguen recayendo predominantemente en ellas, “estigma persistente en las visiones médico-hegemónicas” y violencia basada en género propiamente dicha. En su clínica, la mayor de la Facultad de Medicina, el 80% de los residentes son mujeres, así como las tres profesoras agregadas.

    “Hay un estigma que tiene que ver con una visión médica hegemónica, tradicional y patriarcal, donde se pensaba que el hombre podía ejercer mejor una profesión que tiene un componente quirúrgico importante”, indica Briozzo. La idea de que un médico hombre podía tener más sapiencia a la hora de entender el cuerpo femenino estaba muy arraigada hasta promediando el siglo pasado.

    “En otros tiempos si podías elegir, querías que te atendiera ‘el profesor’, ‘el eminente’. Además, no solo era un tema de que hubiera más médicos hombres, los sistemas también estaban pensados para que se destacara el profesional varón”, señala por su lado a Búsqueda Lilián Abracinskas, fundadora y directora de la ONG Mujer y Salud Uruguay (MYSU).

    Si bien no pueden asegurar que haya aumentado una preferencia por médicas a la hora de atenderse, Pérez, Briozzo y Abracinskas coinciden por separado en que la situación está cambiando.

    Sensibilidades

    Un relevamiento realizado por Búsqueda con cerca de 40 mujeres mayores de 18 años, reflejó que más de la mitad (el 55%) prefieren ser atendidas por una ginecóloga, a un 34,2% les resulta indistinto y un 10,5% apuntó a un varón. La preferencia por una congénere crece de forma significativa entre las menores de 30 años consultadas y disminuye moderadamente entre las mayores de 30.

    Sentirse “más cómoda”, con “más empatía” o con “menos vergüenza” fueron los argumentos más esgrimidos por la porción mayoritaria. Aspirar a un trato “más profesional” fue lo más nombrado entre quienes no consideraban importante el tema.

    “A mí no me tienen que explicar el dolor menstrual”, indicó Tarigo, una docente grado 3 que trabaja en la cátedra de Briozzo. “Ahí hay mucho hincapié en cuestiones de género, pero este es un tema que no está incluido en la currícula”.

    Para Abracinskas, es de esperar que a medida que el espacio se feminice, también pase algo parecido con las estructuras. “En las cátedras habrá más mujeres, pero los que mandan siguen siendo varones. Por ahora, (las ginecólogas) lo vienen peleando en lo numérico; espero que pronto sea también por su prestigio”, concluye la directora del MYSU.

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