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    El Consejo de Seguridad da “visibilidad” a Uruguay y le permite “incidir”, pese a que es un organismo ineficaz y poco “transparente”

    La delegación uruguaya cerró su primer año en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) con una decisión complicada. El 23 de diciembre, el organismo iba a votar una resolución que exigía a Israel que “ponga fin de inmediato y por completo a todas las actividades de asentamiento en el territorio palestino ocupado” y por primera vez en más de tres décadas Estados Unidos no la vetaría.

    La resolución fue aprobada por 13 votos a favor y una abstención, la de Estados Unidos. El representante de Uruguay en el Consejo de Seguridad, Elbio Rosselli, dijo a Búsqueda que la decisión uruguaya “no es una novedad”, ya que el país “hace décadas” cuestiona los asentamientos israelíes en territorio palestino. Además, añadió que la resolución tendrá efectos prácticos “nulos” porque Israel no la va a respetar y difícilmente el consejo le aplique sanciones.

    Aun así, el gobierno de Israel planteó públicamente su decepción con la administración de Tabaré Vázquez y anunció que evalúa represalias contra los países que apoyaron la resolución, a la que consideran “antiisraelí”.

    Rosselli dijo que pese a esa fricción diplomática con Israel, Uruguay gana más de lo que pierde integrando el Consejo en el período 2016-2017 y después de 50 años. “Nos da una mayor visibilidad, una exposición al mundo, hace que el nombre Uruguay continúe en la atención del sistema internacional”, opina el embajador.

    —¿Qué balance hace del primer año de Uruguay en el Consejo de Seguridad?

    —Hago una distinción entre el balance de cómo trabajó el Consejo de Seguridad durante el año a cómo trabajó la misión de Uruguay. El Consejo a las luces está visto que no trabajó nada bien por la falta de acuerdo entre las principales potencias, particularmente en torno al tema de Siria. Si bien ha habido otras áreas de actividad del Consejo donde hubo importantes y buenos acuerdos —como por ejemplo el tema de la paz en Colombia—, en el elemento más central de los conflictos internacionales del año, que fue Siria, el consejo ha tenido una falta de acción eficiente y eficaz. Y eso obedece, una vez más, a la falta de acuerdo entre los dos grandes. También digo que así es como son las cosas y no como a uno le gustaría. No es que uno se resigne, sino que, por el contrario, nosotros buscamos continuamente tratar de incidir de una u otra manera, ya sea en la sustancia de los debates o en la forma de trabajo, buscando transparencia.

    —¿Y cómo evalúa el trabajo de Uruguay?

    — Estoy más que satisfecho. No hay que olvidarse que nosotros ingresamos al Consejo de Seguridad tras una ausencia de 50 años sin que la Cancillería tuviera una memoria viva del Consejo y su funcionamiento interno. Y empezamos con la Presidencia. Eso nos dio mucha exposición con los otros miembros, con quienes hemos venido trabajando con mucha franqueza. Nosotros hacemos la presentación de todas nuestras ideas, en función de todas las instrucciones que recibimos de la Cancillería, de una manera muy llana y transparente. La presencia de Uruguay en el Consejo de Seguridad es bien vista, bien respetada.

    —Usted decía que Uruguay trata de incidir en las resoluciones. ¿Cómo se reflejó eso este año?

    — Es difícil ir una por una en todas las resoluciones en las que incidimos. Si tuviera que marcar una, diría la resolución referente a ataques sobre instalaciones hospitalarias y personal humanitario, aprobada en mayo. Fuimos corredactores y coauspiciadores de la resolución junto a España, Japón, Malasia, Nueva Zelanda. Es una resolución que fue importante en su momento y que lamentablemente ha demostrado que necesita ser fortalecida porque la guerra en Siria y la guerra en Yemen han demostrado la absoluta falta de respeto por las normas elementales del derecho humanitario, tras haberse constatado decenas y decenas de bombardeos sobre instalaciones médicas, escuelas, mercados, realmente el nivel de la caída ha sido muy muy bajo.

    —Durante una mesa de debate sobre el rol de Uruguay en el Consejo de Seguridad de la ONU organizado a mitad de año, el integrante de Amnistía Internacional Renzo Pomi aseguró que uno de los puntos más altos de la participación uruguaya había sido en marzo, cuando adoptó una “posición principista” que lo enfrentó con Estados Unidos. ¿Está de acuerdo con que fue un punto alto?

    —Sí. En marzo del año pasado, Marruecos estaba muy molesto con las declaraciones del secretario general de la ONU y decidió expulsar al componente civil de la misión de las Naciones Unidas para el referéndum de Sahara Occidental. Cuando se establece una misión de mantenimiento de la paz, las Naciones Unidas y las partes firman acuerdos sobre la composición de la fuerza, el funcionamiento, cómo se va a conducir, etc. Esos acuerdos son para proteger al personal que participa, establece las reglas de juego. Cuando un país unilateralmente modifica las reglas de juego y expulsa a parte de la misión, nosotros, como miembro contribuyente a las misiones de paz, no lo podemos dejar pasar. Nosotros insistimos en que cualquier modificación de las reglas de juego de una misión se hace de acuerdo con el Consejo de Seguridad y no por una voluntad unilateral de una de las partes. Y ahí asumimos una posición muy fuerte que nos condujo a votar en contra de la prórroga del mandato de extensión de la fuerza porque países poderosos que protegen mucho a Marruecos llegaron al extremo de ni siquiera mencionar en el proyecto de resolución que Marruecos había expulsado al contingente civil de la misión. Era todo un galimatías que nadie podía entender, parecía como que la misión hubiera desaparecido. Nosotros dijimos que no, que hay límites que no queremos cruzar.

    —Cuando Uruguay se postuló hubo quienes advirtieron que el país perdería más de lo que ganaría ingresando al Consejo de Seguridad porque no tiene capacidad real de incidir y sufriría las presiones de las potencias. ¿Qué respondería a partir de esta experiencia?

    —Siempre digo que la actitud del no te metas a mí nunca me ha servido mucho. Creo que ha valido la pena y que va a valer la pena continuar este año en el Consejo de Seguridad haciendo oír la voz de un país que tiene autoridad moral, política, en dar sus opiniones al mundo y en tratar de contribuir desde el Consejo. La ganancia está, lisa y llanamente, en que hoy día en las Naciones Unidas Uruguay es uno de los 15 miembros que participan en la toma de decisiones al nivel más alto de la organización. Por consiguiente, a Uruguay se lo escucha, y a Uruguay se le consulta. No sé si han tomado nota de la cantidad de delegaciones de distintos países que han estado viajando a Uruguay desde el 2016. Nos da una mayor visibilidad, una exposición al mundo, hace que el nombre Uruguay continúe en la atención del sistema internacional.

    —En una columna publicada el lunes 2 en “El Observador”, el ex diplomático Álvaro Diez de Medina dijo que el problema actual entre Uruguay e Israel como consecuencia de su voto en la ONU es una demostración de que fue un error ingresar al Consejo.

    —Como en todo episodio en la vida de las personas y los países, los países tienen y toman decisiones, manifiestan opiniones que a veces son compartidas y otras veces no. No hay ninguna gravedad en ese sentido.

    —¿Uruguay podría haberse retirado de la mesa o abstenerse?

    —Retirarse de la mesa es un acto casi de cobardía. Cada uno tenemos nuestras opiniones. Lo que el Consejo aprobó ese día no es ninguna novedad, hace décadas que Uruguay sostiene lo mismo, hace décadas que la comunidad internacional ha dicho que no hay ganancia de territorio por intermedio de la guerra, el cuarteto de Medio Oriente ha criticado los asentamientos a lo largo de varios años. No hay nada nuevo, la novedad es que Estados Unidos se abstuvo.

    —¿Qué efectos prácticos puede tener la resolución?

    —El primer ministro de Israel dice que no piensa cumplirla, así que el efecto práctico parecería ser nulo. Sin embargo, hay un pronunciamiento muy fuerte de la comunidad internacional y no todos son enemigos de Israel. Hay que ver cómo se desarrollan las cosas.

    —Pero las resoluciones del Consejo son de aplicación obligatoria por parte de los miembros.

    —Exactamente, exactamente. Pregúntele a Corea del Norte. A lo que voy es: sí son de cumplimiento obligatorio, el problema es que cuando no se cumplen, ¿qué hace Naciones Unidas? En términos generales, las Naciones Unidas a veces imponen sanciones al Estado que viola o no cumple las resoluciones del Consejo de Seguridad. Hay sanciones aplicadas a gran cantidad de Estados: desde Guinea Bissau a la República Popular de Corea, a Sudán, a Sudán del Sur. No las ha habido con Israel, pero la decisión del establecimiento de sanciones es del Consejo de Seguridad, que requiere el voto conforme de los cinco miembros permanentes.

    —¿Es viable que se aprueben sanciones?

    —En los últimos 70 años no ha habido ningún régimen de sanciones aplicables al Estado de Israel.

    —¿Pero hubo intentos?

    —Creo que nunca se ha llegado a tanto porque se descuenta que Estados Unidos lo va a vetar.

    —Ahora que Estados Unidos cambió su postura, al menos en estos días que le quedan a Barack Obama en la Casa Blanca, ¿hay posibilidades?

    —No, no veo al gobierno del presidente Obama aplicando sanciones a Israel. De ninguna manera.

    —¿Uruguay apoyaría sanciones de ese tipo?

    —La política ficción no es mi género.

    —Al comienzo de la entrevista, usted planteó que el Consejo había tenido problemas de funcionamiento. ¿Para qué sirve mantener algo que todos dicen que funciona mal?

    —La pregunta es más general: ¿sirven para algo las Naciones Unidas? Yo creo que sí, sobre todo si usted se imagina cómo estaría el mundo sin un organismo en el cual, de alguna manera, se descomprimen las tensiones, se ventilan los problemas, hay un área de búsqueda de cooperación. Creo que si usted se pone a pensar qué pasaría si no estuviera el Consejo de Seguridad y las Naciones Unidas, la cosa estaría más complicada. Quedaríamos totalmente a la voluntad descontrolada de las grandes potencias. Hasta el momento, la presencia de las Naciones Unidas obliga a las grandes potencias, de alguna manera, a cumplir con una serie de requisitos, rituales y compromisos políticos que atemperan lo que sería el uso desenfrenado de su real fuerza.

    —Cuando Uruguay dejó la presidencia del Consejo de Seguridad a mitad del 2016, usted dio un discurso en el que denunció la “falta de transparencia” del organismo. ¿Cambió algo?

    — Creo que Uruguay ha tenido una prédica consistente, continuada. Manifestamos nuestra disconformidad con el funcionamiento de las Naciones Unidas y a lo largo de los años hemos tratado de impulsar cambios. Lamentablemente, no se ha logrado una reforma de las Naciones Unidas en cuanto al funcionamiento de sus órganos centrales, pero no bajamos los brazos. Eso no quita que consideremos que es mejor estar y participar. La diplomacia multilateral no es sísmica, no es como un terremoto que cambia todo; la diplomacia multilateral es aluvional, poco a poco se va moviendo, a velocidad de glaciar que se va moviendo.

    Nosotros hemos derribado, digamos, lo que eran por lo menos 25 años de tradición del Consejo de Seguridad. El Consejo funciona en sesiones abiertas o cerradas. En las abiertas pueden asistir todos los miembros de la ONU, pero había una práctica por la cual el Consejo recibía a distintas personalidades o informes y luego pasaba a sesión de consultas cerradas, en las que no se dejan actas. Nuestra pregunta siempre fue por qué no le decimos a la membresía de Naciones Unidas qué es lo que pensamos. Al principio generó hasta cierta reacción de alguno de los grandes que llegó a decir: “¿Por qué ustedes piden la palabra?”. Y hubo que decirles que pedimos la palabra porque somos miembros electos al Consejo y es nuestra responsabilidad que los miembros que nos eligieron sepan qué es lo que nosotros decimos, pensamos y actuamos, y que deberían ellos hacer lo propio. Eso que en un principio estábamos solos; hoy empezó a fisurarse esa actitud y hay varias delegaciones que hacen lo que hace Uruguay. Usted dirá que es poca cosa y sí lo es en cuanto a la real sustancia, pero es un cambio bastante grande en cuanto a una práctica que tenía más de 20 años. No la hemos roto del todo, pero hay que seguir perseverando. Pero ahí está, un pequeño país que dice tengo voz y me hago escuchar. Y no crea que no nos vinieron a tratar de convencer de que no lo hiciéramos.

    —¿Enfrentó muchas presiones?

    —Uruguay actúa en función de un apego muy grande a los principios rectores de su política internacional, que siempre han sido el Estado de Derecho, el respeto del Derecho Internacional, el respeto a los derechos humanos, el respeto al derecho humanitario. Cuando usted tiene un apego muy grande a esos principios, es muy difícil que a usted lo puedan torcer.

    Información Nacional
    2017-01-05T00:00:00

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