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El “sólido” desempeño de los mercados laborales en América Latina en los años 2000 y principios de 2010 se debió principalmente a un fuerte crecimiento económico, apoyado en algunos países por el boom de los precios de los productos básicos. Desde el final de ese auge, la expansión del empleo se moderó “notoriamente” y, en ese sentido, “no ha habido nada extraordinario” en comparación con los mercados de trabajo de otras economías emergentes, afirman los autores de un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) difundido esta semana.
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Por fuera de esa conclusión general, en ¿Más trabajo para hacer? Haciendo balance de los mercados laborales latinoamericanos, se toma a Uruguay como uno de los casos de análisis especial.
Rememora que el gobierno que asumió en 2005 —el primero del presidente Tabaré Vázquez— revivió los Consejos de Salarios en el sector privado con mayor cobertura que antes de su suspensión, en 1992. Desde una perspectiva macroeconómica, esa reforma se produjo en un momento en que la economía se había recuperado de la crisis de 2002, la inflación estaba controlada en niveles de un solo dígito y las condiciones externas eran favorables.
Desde la reinstalación de estos ámbitos, los acuerdos salariales a nivel sectorial generalmente se han alcanzado por consenso y los “espacios para la flexibilidad” previstos no se han aplicado con frecuencia en la práctica, apunta el documento de trabajo. Acota que la proporción de trabajadores cubiertos por la negociación colectiva en el sector privado pasó de alrededor del 28% en 2000 a más de 97% en 2005, la mayor proporción en la región y similares a los observados en países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), añade.
Según los economistas del FMI, esta reforma “parece haber tenido efectos positivos en los indicadores de resultados: las tasas de desempleo cayeron y las tasas de empleo aumentaron (…), aunque los efectos sobre la tasa de desempleo son bastante pequeños”. En suma, sostienen que “es plausible” que la reinstalación de los Consejos de Salarios pudiera “haber ayudado a mejorar la coordinación en un contexto de crecimiento económico favorable”. Y refuerzan esa idea citando un informe de 2006 elaborado por una misión del organismo que visitó el país, donde se afirma que este ámbito de negociación “ayudó a llevar la estabilidad a las relaciones laborales, canalizando las demandas de manera ordenada y fomentando un entorno propicio para la moderación. Como resultado, las presiones salariales en 2005 fueron contenidas y el aumento en los salarios estuvo en línea con el crecimiento de la productividad”.
De manera más general, el trabajo empírico reciente de la OCDE sugiere que los sistemas de negociación colectiva coordinados tienden a conducir a un mayor empleo y menor desocupación, en comparación con aquellos totalmente descentralizados, mientras que los esquemas totalmente centralizados se ubican en algún punto intermedio. “Un canal que explica este resultado es que la coordinación en la negociación salarial puede ayudar a tener en cuenta los efectos macroeconómicos de los acuerdos salariales al garantizar que no socavan la competitividad y también consideran el momento del ciclo económico”, concluye.