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    El Frente dejó un endeudamiento “complejo” y proyectos mal negociados; “causa gracia” que critique la financiación privada

    Los hechos que marcaron al gobierno durante 2022 se pueden dividir en dos “carriles”. El ministro de Transporte y Obras Públicas, José Luis Falero, ubica en uno a las polémicas por la entrega del pasaporte al narcotraficante Sebastián Marset y el caso vinculado al excustodio presidencial Alejandro Astesiano. Por el otro, mientras tanto, siguieron avanzando los compromisos electorales, como la “ejecución récord de inversión pública” y los anuncios del comienzo de las obras de saneamiento y la planta Arazatí, en San José. En su análisis, los dos carriles no se cruzan y, de hecho, dice estar sorprendido por la unidad que ve en la coalición a esta altura del gobierno.

    Falero destaca que, a los cuatro meses de asumir en el ministerio, se lanzaron las licitaciones por los nuevos contratos para la construcción de rutas, los Cremaf, un sistema de “herramientas financieras” menos costoso que el de participación público-privada (PPP) elegido por el Frente Amplio (FA). Por este modelo, esta administración heredó un “endeudamiento complejo”, que se refleja particularmente en el caso del Ferrocarril Central, un proyecto que considera “mal negociado” durante la administración frentista. Ahora se propone con “mucho ingenio” buscar nuevas cargas para poder “achicar el costo” que la obra tendrá en las próximas generaciones.

    En 2023, augura, la “gente” buscará “resultados” y, por tanto, el gobierno tendrá que “continuar con la reducción de la pobreza”, encontrar un “alivio tributario” y generar “empleo”. Falero espera que en el segundo semestre comience el fervor de las elecciones del 2024 para las que él ya tiene un candidato: Álvaro Delgado. Cree que será ese el período en el que el secretario de la Presidencia deberá renunciar a su cargo para comenzar con la campaña electoral.

    —¿El caso de Alejandro Astesiano y la polémica por la entrega del pasaporte al narcotraficante Sebastián Marset afectaron el funcionamiento del gobierno?

    —Ningún caso de los no previstos afectó la planificación y el compromiso del gobierno: ni la pandemia, ni Astesiano ni Marset. Fueron por carriles diferentes. Los que tenemos la responsabilidad de cumplir con el compromiso de gobierno trabajamos sin distraernos. Por lo menos en el Ministerio de Transporte, no nos afectó para nada. Logramos una ejecución récord de inversión pública, cuando se dijo en los dos primeros años que este gobierno no estaba invirtiendo en obra pública.

    —¿La baja en la aprobación del presidente Luis Lacalle Pou no tiene un efecto negativo en la gestión?

    —En la gestión, no. Es más, en la última reunión de gabinete quien lo definió más claro fue el propio presidente: él veía que esto podía generar una afectación personal, pero no al gobierno. Avanzamos con las políticas que estaban comprometidas: la obra pública, la vivienda, los asentamientos, el fortalecimiento del Ministerio de Desarrollo Social, el saneamiento. Pudo haber alguna demora, pero no como consecuencia de estos temas sino porque en el Estado es mucho más complejo preparar los proyectos para lanzar un pliego licitatorio. Cuando nadie pensaba que podíamos hacer licitaciones Cremaf (contratos de diseño, construcción, rehabilitación, mantenimiento y financiamiento de la infraestructura vial), en cuatro meses las sacamos. El arranque del plan de asentamientos costó, pero este año se va a notar. La conexión del agua potable a Arazatí, que es más que necesaria para el área metropolitana, llevó muchas demoras y discusiones, pero viene a un paso acelerado. El presidente no permite que nos distraigamos.

    —¿Tampoco afectó la actitud de los socios? A fin de año hubo gestos del presidente contemplando sus intereses.

    —En el cierre del gabinete el presidente agradeció el esfuerzo de los ministerios. La coalición salió fortalecida. Estamos todos muy unidos y eso me ha llamado la atención favorablemente. Los números marcan un cambio de rumbo en la economía, que está muy mejorada respecto a cuando asumimos, ya sea en desocupación, en reducción del déficit.

    —Si bien hubo crecimiento económico, la pobreza aumentó respecto a 2019, parte del empleo se sostiene con soluciones frágiles y el salario real ha caído. También hay un compromiso de campaña de “ahorro”. ¿Es un año para flexibilizar esa política?

    —En el gabinete quedó establecido que la atención del gobierno está en los temas fundamentales: continuar la reducción de la pobreza y atender la vulnerabilidad de los más desprotegidos, la búsqueda de alivio tributario y la generación de empleo. Decían que la construcción iba a caer una vez que UPM terminara con su obra civil y pasó todo lo contrario. Lo dije desde el primer día y se lo dije acá al Sunca. La inversión pública va a ayudar a que esto no suceda y estamos en índices récord de ocupación, superamos los 60.000 empleos de construcción. Aspiro a sostener estos niveles.

    —Se refirió al proyecto Arazatí. ¿Cómo sigue la discusión, que afecta a su departamento? Hay dudas técnicas al respecto, no solo de la oposición sino también de la academia.

    —No estoy en el tema técnico. El proyecto está presentado desde 2004 en OSE y toda el área metropolitana sabe que hay un riesgo latente si mañana pasa algo sobre el río Santa Lucía. En lo que refiere al costo, me causa gracia el comentario del director de OSE del Frente Amplio (Edgardo Ortuño). Cuestiona las PPP, cuando hay muchas en marcha y no las cuestionan. El Ferrocarril (Central) es una. ¿Las PPP son caras ahora y no eran caras cuando eran gobierno?

    —Las obras viales, por US$ 3.300 millones, implican endeudamiento para los próximos gobiernos. ¿Hay una contradicción entre una promesa de ahorro y de reducción del déficit?

    —No, al revés. Estamos invirtiendo en calidad. La obra que se está construyendo ahora tendrá una vida útil superior. El ahorro en mantenimiento hacia adelante nos permite absorber los costos. La definición política de este ministerio es apuntar a la calidad y a una mayor durabilidad. Endeudamiento complejo fue el que recibimos y lo tenemos por delante para varias generaciones. El Ferrocarril fue una inversión millonaria que habrá que afrontarla. Va a haber que buscar con mucho ingenio cómo podemos dejarles a las nuevas administraciones una carga suficiente para poder absorber, con el canon de uso de la red ferroviaria, la menor brecha posible. Hoy estamos comprometidos en US$ 13.000 por día a pagar durante 20 años y tenemos un solo canon de uso confirmado con UPM. Mi obligación es trabajar para que el 55% disponible en la vía sea utilizado por otras cargas, que permitan cobrar para achicar el costo que tendrán que pagar las generaciones que vienen.

    —¿Cree que el Ferrocarril Central no era una obra necesaria?

    —No, al contrario. Soy partidario de la multimodalidad del transporte. Son acertadas las medidas, pero quizás fueron apresuradas porque se pagó un costo sin un proyecto ejecutivo terminado. Un contrato firmado decía que a los 10 días le iban a entregar las expropiaciones; eran 1.000 y no pudieron entregar una. Cuando entramos el contrato ya estaba incumplido. Entramos en desventaja y eso nos cuesta, por falta de planificación o por apresuramiento.

    —¿Hay una falta de reconocimiento a la gestión frenteamplista? Las últimas inauguraciones fueron obras que se iniciaron en el gobierno anterior.

    —Soy de los que más reconozco. Lo que hicimos fue revisar las PPP, mejorar la ejecución de las obras, reducirlas y adecuarlas a valores normales porque tenían costos excesivos. Reconozco la idea de recurrir a la inversión privada, cosa que hoy está cuestionando Ortuño, por ejemplo. Por eso te digo que me causa gracia. En las PPP que tenían un avance importante en la planificación, firmamos los contratos. Pero también reformulamos un sistema de herramientas financieras menos costosas, como los Cremaf. Que la iniciativa privada es válida, lo reconozco y reconozco al gobierno anterior. ¿Que sea la ideal? Pudo haber sido la ideal en aquella época. Lo mejoramos todo lo que pudimos. Hay PPP que se hicieron que las empresas mismas me decían que el tipo de obra no era la adecuada para la carga que había. Se planificó mal. Hay obras, como la ruta 81, que se hizo en hormigón y es de excelente calidad. Pero el presidente (Tabaré) Vázquez fue a inaugurar la ruta 30 en 2018 y la estoy haciendo de vuelta. No puedo callarme ante esas cosas. Capaz no había voluntad del equipo económico y no se volcó dinero sobre esto. Hay que forzar más a los que manejan los dineros públicos. La inversión pública de calidad es lo que a la sociedad uruguaya le sirve porque ahorrás hacia el futuro.

    —¿Piensa que se negoció mal el contrato UPM y el Ferrocarril Central?

    —Sin dudas. No solo se negoció mal. Cuando asumimos no teníamos un proyecto ejecutivo. Todos los ingresos a Montevideo se tuvieron que realizar en este período. Yo no pienso dejar ningún proyecto en ejecución sin proyecto ejecutivo terminado para los que vengan. Van a tener todo resuelto.

    —¿Y el contrato con Katoen Natie se negoció bien o mal?

    —Fue una excelente negociación y el tiempo nos va a marcar que fue un acierto. Ya lo está marcando con la rentabilidad que tuvo para el porcentaje que tiene el Estado. Se respetan los contratos. Se estaba incumpliendo con una licitación.

    —Hubo cuestionamientos al contrato del sector exportador y de referentes del derecho marítimo como Edison González Lapeyre. ¿Aun así sostiene que no fue perjudicial para el sistema portuario del país darle esa ventaja?

    —No le dimos ninguna ventaja.

    —Se le sacó prácticamente la competencia.

    —Tampoco. Puede competir y están trabajando hoy. El Estado uruguayo es socio. Nadie miró que el Estado tenía un 20% de las acciones y que no recaudaba nada.

    —Recaudaba. El gobierno pasado tenía discusiones con Katoen Natie por el reparto de utilidades.

    —¿Dónde están?

    —Le daba el mínimo al que estaba obligado.

    —Y si le generás un competidor cuando tenés una licitación (adjudicada) es lógico que eso se iba a dar. No me parece correcto generar una competencia cuando hubo una licitación y esa competencia no estaba.

    —Si mira hacia adelante, ¿cree que sería necesario que Katoen Natie tenga un competidor?

    —El puerto está llamado a tener una actividad fluida y la realidad puede variar.

    —¿Cree que habría que licitar otra terminal?

    —En este momento no tengo pensado cambios, lo que sí tengo pensado es regularizar todo el puerto.

    —AFE y Self no parecen estar aggiornadas a la nueva vía del Ferrocarril Central. ¿Qué destino pretende para estas empresas?

    —AFE y Self se van a encargar de ser el operador público que va a estar compitiendo con Portren, un operador privado de UPM. Estoy dejando que puedan arrendar los terrenos con posibilidades logísticas. Con ese producido, podrán generar un fideicomiso para tener el equipamiento de las locomotoras modernas. En la medida que se pueda renovar la flota, puede ser un competidor interesante.

    —Parece todo encaminado para que haya una puja interna en Todos entre Álvaro Delgado y Laura Raffo. ¿Cómo ve ese escenario?

    —Es bueno que la ciudadanía tenga opciones. La falta de (Jorge) Larrañaga llevó a que Todos tenga la posibilidad de tener más de una opción, aunque no está confirmado. Nuestro sector, Aire Fresco, tiene claro que va a presentar un candidato y lo vamos a analizar en marzo o abril, en algún congreso.

    —¿Cuándo debería ser el lanzamiento de la candidatura?

    —Para mí en el segundo semestre y no antes. Para ser candidato tenés que dejar alguna tarea. Hay que analizar en qué momento.

    —En un encuentro con dirigentes del sector Lacalle expresó que setiembre sería el momento para abrir la puerta.

    —Puede ser un mes. La gente está buscando resultados, este año es clave en la gestión, y es en lo que estamos enfocados. El segundo semestre quizás lo pueda marcar ya la campaña.

    —El hecho de que se promueva otra candidatura dentro de Todos, ¿no es una señal de debilidad de la candidatura de Delgado? ¿No es el reconocimiento de que esa figura no es suficiente?

    —Tenemos la responsabilidad de buscar que el ciudadano que votó al Partido Nacional y no votó a Aire Fresco también tenga opciones. En la última elección el partido tuvo cuatro candidatos, ¿por qué tenemos que centralizarlo en uno solo? El partido no se puede amputar la posibilidad de tener varias opciones, después vamos a alinearnos sobre el ganador. Es lo más saludable. Forzar a que el candidato de Aire Fresco sea el único sería un error garrafal.

    —¿Al Partido Nacional le debe preocupar que el ala wilsonista no tenga un referente claro?

    —Nuestro candidato puede captar mucho del ala wilsonista porque proviene de ahí. Sin dudas que Álvaro Delgado —mi candidato, no el del sector todavía— puede captar electorado de ahí. Hay opciones que prefieren otros candidatos. El líder de Todos era Luis Lacalle Pou y tenemos nosotros la responsabilidad: no están ni Lacalle ni Larrañaga. Se dificulta bastante.

    —¿Qué lectura hace de las encuestas? Delgado aparece perfilado dentro del partido, pero el Frente Amplio tiene una intención de voto que en algunos casos supera el 40%.

    —Son una imagen del momento. Tener hoy cierta paridad en las encuestas con todo el desgaste que tuvimos en estos tres años marca que estamos preparados para que en los últimos años la gente entienda el esfuerzo que hicimos y pueda volver a confiar en la coalición.

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    Contratapa
    2023-01-12T00:16:00

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