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    El Líbano transmitió a Uruguay que los refugiados “no pueden volver”

    El secretario de Derechos Humanos de Presidencia dice que solo una de las familias sirias quiere irse

    En los últimos días, la gente que habitualmente atraviesa a paso ligero la Plaza Independencia se detiene largos minutos frente al sector de pasto más cercano al Palacio Salvo y otros, que no tendrían por qué estar ahí, directamente deciden acercarse como el plan de la tarde. Allí hay una carpa, un montón de valijas, frazadas acumuladas y muchos sirios. Hay hombres y mujeres de todas las edades: viejos, adultos, jóvenes, adolescentes, niños y bebés.

    El lunes 7 por la mañana, algunos de los refugiados que llegaron en octubre del año pasado desde el Líbano comenzaron una manifestación. Quieren irse de Uruguay, incluso volver a Siria o al Líbano, y reclaman que el gobierno uruguayo les dé una solución para lograrlo.

    Sobre el mediodía improvisaron una desordenada conferencia de prensa en representación, según decían, de los 44 refugiados. Algunos de los argumentos que dieron fueron: lo cara que es la vida en Uruguay para familias tan grandes como las de ellos, que el gobierno les mintió respecto a los sueldos que podrían obtener, que no tienen futuro, que el país es inseguro y que quieren volver a vivir con su identidad y sus valores.

    “Este país no sirve para refugiados. El pueblo uruguayo es muy bueno, muy buena gente, pero primero que ayuden a su pueblo, que tiene problemas”, tradujo Ali Jalil Ahmad, representante del Centro Islámico, que los asistió para comunicarse.

    Esa tarde fueron recibidos por el prosecretario de la Presidencia, Juan Andrés Roballo, que les pidió 48 horas para trabajar en el tema. Ayer, miércoles 9, a las 18 horas los volvió a recibir. Según un comunicado de la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia, “alguna familia reiteró su voluntad de radicarse en otro país”. El prosecretario les “dejó en claro que la posibilidad de viajar no depende de la voluntad del gobierno uruguayo, sino de las políticas migratorias de terceros países”. El gobierno se comprometió a seguir trabajando en la situación de cada familia y los “exhortó a volver a sus casas”, manifestándoles “su preocupación por la presencia de niños”.

    El secretario de Derechos Humanos de Presidencia, Javier Miranda, dijo a Búsqueda que solo una familia manifestó en la reunión su deseo de irse. El resto formularon otros reclamos, principalmente seguridad en materia de vivienda. El gobierno recibió planteos diferentes y por eso los procesará también de manera diferente.

    Consultado respecto a cómo procederán con la familia que quiere irse, dijo que el programa “es de acogida y no de expulsión”. Además contó que consultaron al Líbano al respecto y sus autoridades transmitieron que los refugiados “no pueden volver”.

    Las familias sirias reciben dos partidas mensuales no menores a $29.000 cada una, que varían al alza según la cantidad de integrantes de las familias. Una partida es rotativa y vence este año: los refugiados deben rendir cuentas de los gastos que hacen con ella, que tiene destinos concretos previstos por el programa. La otra es fija, tiene una duración de dos años y los beneficiarios pueden usarla sin rendir cuentas.

    Las familias están asentadas en casas en Colonia y Maldonado que el programa les cubre por dos años. El gobierno, dijo Miranda, sigue trabajando para la llegada de un nuevo grupo de 73 sirios antes de fin de año aunque deberán “rever” el programa.

    La situación de los refugiados sirios tiene un antecedente cercano: el 24 de abril de este año los ex presos de Guantánamo que llegaron a Uruguay decidieron empezar una manifestación frente a la Embajada de Estados Unidos. Allí, durmiendo en carpas que les prestó un vecino, permanecieron hasta el 18 de mayo, cuando firmaron finalmente el acuerdo con el Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana.

    “Refugiados, no tontos”.

    La española Susana Mangana es la responsable de la Cátedra de Islam y Mundo Árabe de la Universidad Católica del Uruguay. El año pasado formó parte de la delegación que entrevistó y seleccionó a las familias que llegaron como refugiadas en octubre. El lunes 7 en el programa radial “En Perspectiva”, Mangana brindó su visión de la protesta que iniciaron en la Plaza Independencia.

    En su opinión, los refugiados tienen una “obstinación” y no entienden que “Uruguay les está tendiendo una mano” con “ayudas importantes”, casa propia y acceso a la salud. Además rechazó enfáticamente la acusación formulada por los refugiados de que la delegación les prometió sueldos de U$S 1.500. “Son ganas de enchastrar la gestión del equipo que viajó”, replicó.

    Mangana está convencida de que no son Siria y el Líbano los destinos a los que quieren llegar. “Son refugiados, no son tontos. Son gente que tiene teléfonos, que tiene televisión, que tiene contactos con familiares (…). Se han enterado que Alemania y Francia se están abriendo bastante”, sostuvo.

    Volver no sería sencillo, según explicó, porque para el gobierno sirio son desertores y no serán bienvenidos. “Quiero ver si el embajador de Siria en Argentina los recibe”, desafió.

    “Están siendo egoístas con los refugiados que podían venir tras de ellos”, dijo en referencia a las familias que el gobierno tiene previsto traer antes de fin de año.

    Fotos, gritos, Peñarol y policías.

    El martes 8 por la tarde en la Plaza Independencia se respetaba una barrera imaginaria que separaba el pasto, donde estaban instalados los sirios, del cemento, desde el que miraban los curiosos. Hasta que una señora se atrevió a cruzarla.

    Caminando lento, apoyada en su bastón, se acercó y les dijo: “No se vayan, no hagan esa cagada. Piensen en sus hijos”. De un segundo al otro, los valientes se multiplicaron y los sirios se fueron alejando de a poco hasta dejar a los curiosos discutiendo entre ellos. Algunos solo se acercaban para dejarles caramelos, comida o refrescos. Otros gritaban desde lejos sin detener el paso.

    “Dios no existe, dios no es amor. La naturaleza es amor, así que cuídenla”, les dijo un joven mientras caminaba empujando su bicicleta y cargando una planta. Un hombre de equipo deportivo se acercó, sacó de su bolso una bandera de Peñarol e insistió con que le permitieran tomarse una foto.

    Ayer de noche la situación era distinta. Los sirios se protegían de la lluvia bajo el techo del frente del Palacio Estévez y en vez de curiosos había tres policías. Fuentes del Ministerio del Interior dijeron a Búsqueda que se dispuso una guardia policial para que las familias no sean molestadas.

    El gobierno no ha aplicado la “Ley de Faltas”, que sanciona la ocupación de lugares públicos para acampar o pernoctar en forma permanente en ellos, porque entiende que las familias sirias están haciendo una manifestación.

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