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    El Liceo Jubilar afronta una situación de “ahogo” financiero en su 20º aniversario por ajustes del gobierno a beneficios fiscales

    Dios aprieta pero no ahoga. Al refrán popular, que exhorta a confiar en la providencia cuando alguien se ve agobiado por las necesidades, se encomienda el padre Valentín Goldie, director general del Liceo Jubilar Juan Pablo ll.

    Pese a los problemas financieros, el sacerdote confía en conseguir los recursos para sacar adelante esta institución socioeducativa, pionera en su modalidad de servicio gratuito, de gestión y propiedad privada —en este caso de inspiración católica— y con presencia en toda la cuenca de Casavalle, una de las zonas de mayor pobreza de Montevideo, donde solo el 7% termina educación media.

    Pero hoy las cuentas no le cierran a este presbítero, que además es economista. De hecho, el Jubilar atraviesa “una de las situaciones financieras más difíciles” desde su fundación, hace 20 años. Y en esto tienen que ver algunas decisiones del gobierno de Luis Lacalle Pou sobre los porcentajes, cupos y montos que reciben este tipo de instituciones a través de empresas que aportan dinero a cambio de exoneraciones fiscales, explicó Goldie a Búsqueda.

    El Jubilar no cobra cuota a los alumnos, por lo que el 100% de su presupuesto es financiado a través de donaciones monetarias de empresas y personas, además de recibir aportes en especias, como alimentos, útiles escolares y otros productos. Cada estudiante becado por la institución tiene un costo anual estimado en $ 108.000.

    Del presupuesto global del Jubilar, el 37% surge del aporte que realizan las empresas a través de la ley de beneficio fiscal, promulgada en 2007 y vigente desde la Rendición de Cuentas de 2010, que introdujo cambios en el procedimiento para ampararse al beneficio por donaciones especiales. Si bien en 2021 el monto se ubicó en 40%, este año disminuyó a 37%, indicó Goldie.

    A su vez, 11% de los ingresos de la institución proviene del Estado por convenio con el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), al tratarse de un centro juvenil que incluye actividades vespertinas y en vacaciones, mientras que un 5% surge de eventos institucionales. El resto son donaciones personales y de fundaciones “por fuera” del beneficio fiscal.

    Por ley, las empresas que dan fondos a estas instituciones reciben beneficios fiscales a través del régimen de “donaciones especiales”. Hasta 2020 el costo para las empresas era del 18,75% del total donado. Pero por una resolución oficial se subió a 22%, por lo que “ahora a las empresas les cuesta más cara la donación”, explicó Goldie.

    La instrumentación de este beneficio fiscal para las empresas contribuyentes es “ágil y muy sencillo” de aplicar. Para acceder a esas exoneraciones deben cumplir ciertas condiciones y girar el dinero al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que a su vez se lo envía a las instituciones como Jubilar, Impulso, Los Pinos, entre otras, cuyos proyectos resulten aprobados.

    “Con el actual gobierno el cupo (de aportes) se mantiene igual desde hace tres años. No se modificó ni siquiera tomando en cuenta el índice de inflación”, sostuvo el directivo. Y añadió: “Los cupos se llenan hasta octubre, y a esta altura del año ya está comprometido el 77% del total. Pero hay varias empresas que recién cuando hacen el cierre fiscal pueden saber cuánto podrán aportar”.

    El director del Jubilar lamentó no haber encontrado respuesta concreta a sus reclamos en el gobierno. “Si bien hay una comprensión de nuestra situación y hasta simpatía por nuestra propuesta socioeducativa, nada de eso se ha traducido pecuniariamente”, dijo Goldie, esperanzado en que el tema sea considerado en la Rendición de Cuentas enviada al Parlamento por el Poder Ejecutivo con el mensaje de priorizar, entre otros rubros, la educación del país.

    “Más que un liceo”

    En estas dos décadas de trabajo en Casavalle, el Jubilar ha registrado varios sobresaltos de orden financiero. El peor que recuerda el padre Goldie fue en 2017 con un déficit operativo que apenas pudo cubrir con recursos acumulados en años previos (Búsqueda N° 1.973).

    Goldie asumió la dirección del Jubilar a mediados de 2018, en medio de estos inconvenientes económicos. Pero el centro socioeducativo impulsado por el arzobispo de Montevideo, monseñor Daniel Sturla, se sobrepuso a esos avatares, aun cuando su realidad presupuestal lo condiciona y más con la competencia entre estas instituciones para acceder a fuentes de ingresos. Y esto llevó a que en los últimos años el centro dejara en suspenso proyectos académicos innovadores y mejoras edilicias.

    El Jubilar “es mucho más que un liceo”, aseguró Goldie, “es una escuela social”. Por este centro han pasado más de 1.000 adolescentes, jóvenes y adultos, vecinos de la Gruta de Lourdes, la cuenca de Casavalle y barrios aledaños.

    Actualmente, la institución “brinda educación integral” a 450 alumnos en distintos programas educativos. Además “trabaja en la inclusión social” de los jóvenes, lo que trasciende la formación media, afirmó su director. Y enumeró: almuerzo y merienda diaria a más de 200 alumnos; gestión de becas y convenios para cursar bachillerato en otras 14 instituciones; apoyo académico para más de 100 jóvenes; liceo para adultos; tutores universitarios, asesoramiento laboral y una suerte de “bolsa de trabajo” para exalumnos.

    El promedio de culminación de estudios del Jubilar es “más alto que la media nacional”, la repetición académica es menor al 8% y el abandono ronda entre 1% y 3% en ciclo básico, informó. Goldie destacó además las propuestas deportivas —rugby, fútbol y jiu jitsu— y de talleres de arte, música, inglés, producción audiovisual, animación, videojuegos y robótica. Y más de 140 alumnos egresados del Jubilar cursan estudios terciarios a través de becas y convenios con universidades públicas y privadas.

    “Nuestro ‘modelo’ ha sido replicado con mucho éxito por instituciones hermanas, católicas y laicas que trabajan en contextos críticos”, dijo el padre, consciente de que este tipo de sistema de gestión socioeducativa público-privada aún genera resistencias en ámbitos políticos, académicos y gremiales.

    “¿Por qué con estos resultados somos tan discutidos? ¿Por qué es tan grave que el Estado apoye estas experiencias? ¿Cuál es el problema de que sean privadas? Confieso que ese es un debate que no entiendo”, planteó el director. “Todavía hoy, 20 años después, luchamos contra determinismos ideológicos basados en prejuicios, muchas veces provenientes de gente que jamás visitó estos lugares y para quienes estos esfuerzos no tienen entrada y el único modelo válido es el del Estado”, dijo.

    Criticó que “ese relato no está centrado en el alumno sino en el sistema”. Y apuntó “una de tantas ventajas: a los liceos privados les suele resultar más fácil innovar que a los liceos públicos, que son parte de un sistema mucho más grande, más complejo y más difícil de mover. Y hay varias políticas oficiales inspiradas en nuestras prácticas académicas”.

    Como sea, “hay Jubilar para rato”, aseguró el padre Goldie, aunque preocupado por el futuro de una institución que “necesita una fuente de ingresos confiable y permanente para lograr estabilidad” y escaparle a esta situación de “ahogo”.

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