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El director del Hospital Maciel, Álvaro Villar, se para frente a dos grandes lavarropas industriales en pleno funcionamiento y comienza a explicar el proceso de limpieza. Señala los detergentes que se están usando. Habla de su composición química, de la sinergia con las nuevas máquinas, de los minutos de lavado. Uno se pierde en los detalles. Dice que todo el combo asegura que las sábanas salgan blancas, sin una mancha de sangre. Se jacta del ahorro que significó esa inversión de US$ 130.000 en el área de Lavandería del hospital, de la reorganización de los turnos del personal, de la mejora en la eficiencia: se gastan US$ 9.000 menos cada mes. Villar sigue. Pasa por al lado de la jefa de ese sector, que está poniendo las sábanas en la secadora. La felicita. “Cuando hace falta, ella siempre está y hace de todo”, les comenta a los periodistas de Búsqueda con una mueca que mezcla orgullo y algo de inesperada satisfacción al ver cómo las piezas se encastran ante la mirada ajena. La recorrida no fue programada, surgió espontánea y a pedido de los periodistas luego de una entrevista.
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Antes de llegar a esta zona que está en un subsuelo del Maciel, Villar baja las escaleras de las oficinas de dirección y pasa por un jardín interno que luce exuberante. Un poco más allá, en un patio de espera se ven pantallas de televisión. Los televisores están conectados a una central donde hay unas 500 películas cargadas, documentales que consiguió en canal 5, y también material de TV Ciudad. Todos los pacientes ven lo mismo. “Tiene la ventaja de que si lo ponés en una sala con más de una persona, no se genera el conflicto del control remoto”, dice, mientras avanza por los pasillos de su hospital. El personal lo saluda sin aspavientos.
Atraviesa un molinete electrónico a la entrada, junto a la recepción. Sube escaleras. Una de las 178 cámaras de vigilancia registra sus pasos. Hay carteles de WiFi, el hospital se ve limpio. Llega hasta una zona en obras en el segundo piso. Abre la puerta improvisada, precaria. Se oye el ruido de gente trabajando. Villar saluda con un apretón de manos a uno por uno. Son reclusos que están construyendo lo que serán las dos nuevas salas de internación para presos heridos o enfermos que llegan desde complejos penitenciarios. Los pacientes presos suelen ser un problema. Hace pocos días se fugó uno. Dijo que iba al baño y se escapó por una banderola. En el 2015 otro recluso manoteó una tijera y se la puso en el cuello a una enfermera, empujó a la custodia policial, corrió por los pasillos. Hubo tiros, gritos. En el 2012 hubo otro que salió por una ventana. Las cámaras mostraron luego que el tipo se desprendió el suero y salió olímpico del hospital. Cuando llegó hasta la calle se tomó un ómnibus que pasaba justo por el lugar. Villar lo recuerda con humor mientras recorre las obras de las nuevas salas para presos que se van a inaugurar el 19 de abril.
El área tendrá una zona de guardia policial que custodiará la única salida hacia el corredor. Habrá cuatro camas y dos baños. Hacia el exterior habrá un grueso vidrio templado y por dentro irán las rejas que no serán visibles desde la calle. Los inodoros serán de acero inoxidable, no habrá espejos, nada que pueda ser usado para una eventual fuga, aclara Villar. Los reclusos siguen con la albañilería mientras el director explica los detalles de la construcción. El hospital se ahorra mano de obra con ellos, que se lleva un 60% de los costos. Un gasto menos. “Actitud Maciel”, se lee estampado en una de las camisetas de los presos que trabajan en el lugar.
Actitud Maciel.
El neurocirujano Villar asumió la dirección del Hospital Maciel en 2012. La mochila estaba pesada. Cargaba el lastre de hechos de corrupción con la empresa tercerizada de servicios de limpieza Clanider y heredó los casos de los “enfermeros asesinos” que sumió en una crisis de confianza a los funcionarios y a los pacientes de este hospital ubicado cerca del puerto, en Ciudad Vieja. Una de sus primeras medidas fue involucrar al personal, comprometerlo. Todos lucían un prendedor que decía “Actitud Maciel”, que refería al trabajo en equipo, a cinchar para el mismo lado. Ahora está estampado en las remeras.
La recorrida sigue. Se proyectan más obras. En abril comenzarán a construir salas que buscan el confort de los pacientes. Una de 18 camas pasará a tener ocho. Otra pasará de 12 camas a seis. Villar baja las escaleras, atraviesa corredores y llega hasta el almacén donde se stockean productos para cirugías. La encargada, Mónica Russo, está apurando un almuerzo tardío. Allí está todo el material para quirófano. Un clip para aneurisma, que mide un centímetro, cuesta entre US$ 300 y US$ 500. Una cánula para una vía venosa central unos US$ 400. Para realizar un procedimiento de reanimación básico solo en insumos puede llegar a costar entre US$ 5.000 y US$ 6.000, explica Villar. Los insumos en medicina son caros. Y en el Maciel se cambió la forma de distribuir los materiales dentro del hospital tras detectar algunos vencidos y acopio en secciones sin correcto manejo de stock. El cambio ha sido la informatización de toda el área de almacenes, un stock central y una distribución cuidada y a estricto pedido. Los ahorros son “significativos”, dice Villar.
“Esto es para mañana”, señala Russo hacia una esquina del lugar en donde tienen listos los materiales que necesitarán para las cirugías del día siguiente. Los encargados de la operación deben solicitar los materiales que van a necesitar y luego devolver lo que no se utilizó.
“Antes vos mandabas un paquete de cosas para el mes y cada uno de los servicios stockeaba, guardaba, guardaba, guardaba. Lo que no usaban quedaba guardado”, contó Villar. Ahora se devuelve. “Es un proceso que lleva tiempo”, agrega.
Previo a comenzar con esta forma de trabajo detectaron que en anestesia había materiales vencidos. “Del año pasado a este en block quirúrgico tuvimos un gasto de $4.000.000 menos haciendo así las cosas”, apunta Russo. “Pedían, pedían, stockeaban”, recuerda la encargada del área. Ahora se pide y se repone de acuerdo a las necesidades y hay una trazabilidad del recorrido de los materiales por el hospital. “Es muy fácil decir que estamos por la calidad del usuario, pero ¿calidad en qué sentido? Para asegurarte operar mejor con la misma plata tenés que cambiar algo porque si no, es mentira. Acá está la demostración de que con la misma plata que hoy destinamos a la salud podríamos hacer muchísimo más si gastáramos mejor”, comenta el director. El stockeo tiene que ver con la confianza, con ganarse confianza. “En su mano el médico tiene la vida humana. Si le falta tal cosa porque almacén no se lo dio, alguien podría morir”. Entonces para que la cadena funcione es necesario que haya confianza entre el médico y el almacén y, además, que ambos cumplan correctamente sus roles. Eso “costó”, porque requiere “reunir y juntar las partes” y “no es algo que se puede imponer, hay que hablar mucho”, explica Villar. Y sigue.
Antes de salir a la calle a mostrar desde fuera las obras que se harán para tener 30 camas nuevas de CTI en dos años, el director se mete en una sala de internación. Está vacía, tiene dos camas. Explica que está pensando en instalar un sistema de sueros colgados del techo para ganar espacio. Sigue. Pasa por la Farmacia. Resalta que ahora se empaquen los medicamentos en forma individual con el nombre de la droga, que hay un control de lo que sale y entra. Dice que antes la desconfianza era tal que había enfermeros que se llevaban en sus mochilas a sus casas los medicamentos y volvían con ellos al otro día para evitar los robos y los faltantes fuera de sus horarios de trabajo.
Los puchos, el Tocaf, y el grupo de choque.
Trabajo en equipo. Villar repite el concepto como un mantra para lograr una buena gestión. Dice que tiene seis adjuntos a la dirección. Y que se han mantenido casi todos en sus cargos durante los últimos seis años. “La estabilidad es una de las claves para que se hayan podido resolver problemas endémicos en el hospital”. También destaca que el grupo esté integrado de acuerdo a un perfil técnico y no partidario. “Creo que está muy bien hecho que los integrantes del equipo de gestión sean personas designadas por su capacidad técnica y no por cuotas. Debería ser así en todos los hospitales”, señala.
Ejemplifica: “Hay administradores de salud que no saben lo que es el Tocaf (Texto Ordenado de Contabilidad y Administración Financiera). El abogado del hospital sabe mucho más sobre el Tocaf que especialistas de administración de salud, porque nadie les enseña”. Villar explica que así, conociendo la norma, ha logrado levantar y pelear observaciones del Tribunal de Cuentas.
Cuando la recorrida está por terminar, Villar muestra su celular. Integra un grupo de WhatsApp que se llama Grupo de Choque, con cuestiones mínimas a resolver. Le acaba de llegar un reclamo. Una foto de un aire acondicionado que goteaba sobre la heladera. Muestra otra de una cortina de argollas en una de las salas que tiene su primer tramo descolgado y roto. Otra de un baño al que falta papel higiénico. Villar resume: “Si vas a un hospital y en la entrada ves que tiene el cartel de emergencia medio caído y le falta iluminación y al lado el cantero está lleno de puchos, no me digas más nada. Ya me imagino cómo va a ser adentro”.