En el correr de 2021 el productor agropecuario uruguayo y especialmente las empresas agrícolas están más atentos que nunca a la evolución de los valores de los granos en la Bolsa de Chicago.
En el correr de 2021 el productor agropecuario uruguayo y especialmente las empresas agrícolas están más atentos que nunca a la evolución de los valores de los granos en la Bolsa de Chicago.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs que el precio a futuro del maíz aumentó casi 30%, y si se lo compara con el año anterior prácticamente duplica su valor. Los precios de la soja se acercan a los US$ 550 por tonelada, un valor que no se veía desde hace años. Y la cotización del trigo a futuro supera los US$ 260 la tonelada.
Sin dudas, los agricultores uruguayos están más que felices con esta circunstancia, que les da un necesario oxígeno luego de años de penurias con precios bajos.
“El cuadro de recuperación de precios agrícolas tiene una base estructural, que es una curiosa combinación de fallas de cosecha consecutivas, tanto en el hemisferio norte como en el hemisferio sur, y un aumento sostenido de la demanda que tiene a China como actor central”, señaló a Búsqueda el consultor privado, Gonzalo Gutiérrez.
Dijo el consultor además que “el gigante asiático con su economía en recuperación también tiene que reponer las existencias de granos, que son sus reservas estratégicas y que fueron consumidas durante la guerra comercial con Estados Unidos (EE.UU.)”.
“El panorama para lo que queda del año es de optimismo, porque es poco probable que el maíz logre una producción tan alta en el hemisferio norte como para compensar la caída de la producción de Brasil y Argentina, causada por este verano excesivamente seco”, indicó Gutiérrez.
Y analizó a su vez que es necesario tener en cuenta que “los precios altos también tienen un componente importante en la masiva expansión monetaria, junto con los temores de un aumento de la inflación, como consecuencia de la masiva entrada de los fondos especulativos a amasar enormes posiciones compradas en contratos futuros de materias primas alimenticias”.
“Esto es parte del problema de la enorme volatilidad de los precios, y pone en escena a un actor que es de muy difícil predicción en cuanto a su conducta”, advirtió el consultor.
Gutiérrez consideró que otro factor en juego es que “los cambios en las políticas de uso de biocombustibles a escala global generan ruidos en el mercado, que hacen todavía más escaso el balance de oferta y demanda de ciertos productos y esto provoca un efecto cascada”.
Si bien los agricultores uruguayos seguramente harán todo lo que tengan a su alcance para captar este buen momento de precios, la sequía cobra un peaje productivo importante y es probable que no sean todas ganadas.
De hecho, entre operadores y empresarios agrícolas es casi unánime que los kilos a cosechar de soja este año variarán entorno a los 2.000 y poco más por hectárea debido al impacto negativo del déficit hídrico.
Pero los movimientos del mercado, que posiblemente generen una respuesta en mayor área sembrada en próximas zafras, provocan otras modificaciones en el espectro del agronegocio.
Los productores tienen en su memoria el recuerdo de que, en pleno boom de la soja, la agricultura uruguaya desplazó la ganadería de las tierras más productivas del litoral del país hacia zonas marginales y la propia producción de granos avanzó a zonas donde antes no se hacía y que tenía suelos aptos. “Cuando la agricultura deja de ser rentable ocurren dos cambios: por un lado, la ganadería vuelve lentamente hacia el litoral y, por otro lado, hay un despegue importante de la producción de carne intensiva en corrales”, planteó Gutiérrez. Comentó además que esa actividad fue abordada como “una herramienta para valorizar los bajos precios de los granos en una alternativa más rentable, que es la de producir carne bovina de alta calidad”. “Ese matrimonio virtuoso tuvo muchos años de buena convivencia”, valoró. Y destacó que “incluso cuando los precios altos de la ganadería eran una aspiradora de ganado para corrales, los granos se mantuvieron como una alternativa rentable gracias a esto”.
“La creciente dependencia agropecuaria de China en términos de colocación de carne bovina nos jugó una mala pasada cuando el gigante asiático empezó a renegociar contratos de compra del producto uruguayo. Los precios del ganado en el mercado acusaron el golpe, pero esto no generó cambios importantes en el negocio en general”, señaló Gutiérrez.
Para el consultor privado, otro sector que “avanza en forma silenciosa sobre las tierras agrícolas es la forestación, que compite especialmente bien con las rentas agrícolas en momentos de baja rentabilidad”. Basada en “una cadena integrada y un contexto como pocas industrias tienen, sigue avanzando, especialmente en contextos de bajos precios agrícolas y una ganadería con valores relativamente inferiores”, analizó.
Ahora bien, con este nuevo escenario de precios de los granos en el agro surge una interrogante: ¿cuál es el escenario para el futuro del sector?
“En términos generales, es poco probable que se vuelva a repetir la misma historia que en el pasado”, consideró Gutiérrez aludiendo a la expansión y posterior repliegue agrícola. Eso sucedió específicamente entre 2010 y 2015, cuando la oleaginosa rompió todos los récords de precios al llegar a unos US$ 650 la tonelada en 2012 y en el campo uruguayo su extensión alcanzó 1.334.000 hectáreas en la zafra 2014-2015, según registros de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (Diea).
“Seguramente el incremento de área se registre en la zona agrícola tradicional más que volver a reconquistar zonas no tradicionales, pero la ganadería enfrenta otro panorama”, dijo el consultor, quien planteó que “si los precios de los granos siguen subiendo más que los niveles actuales, salvo que las ventas de carne en el exterior aumenten considerablemente de precios, la ganadería intensiva tiene un escenario desafiante”. “Porque tiene un contexto de cambio estructural de precios que durará un buen tiempo”, sostuvo. Y acotó que “la forestación también ve reducida su capacidad de competir por tierra, pero tiene por delante un contexto relativo al precio de la celulosa, que está en alza igualmente”.
“La interacción entre agricultura y los otros sectores es un elemento clave para entender hacia el futuro dónde están los cuellos de botella, para resolver esos conflictos de intereses”, dijo Gutiérrez, que indicó además que la producción agrícola encontró “un buen camino con la ganadería en lugar de ser una competencia, pero desde la función de ofrecer insumos baratos”. “Hoy la situación es diferente, aunque también hay que tener en cuenta que los precios son solo una parte de la historia que enfrenta el agricultor”, añadió.
Gutiérrez dijo que “los costos de hacer agricultura aumentan debido a una mayor demanda internacional de los insumos principales, como herbicidas y fertilizantes cuyos precios ya se incrementaron fuertemente”. “El escenario de reacomodo de los sectores del agro a la nueva realidad dependerá de cómo terminan quedando los precios relativos”, afirmó.
Como todo en Uruguay los ajustes llevarán tiempo y, en ese camino de transformaciones que puedan darse, el objetivo es sacarle el mejor provecho a la oportunidad, con la menor cantidad de perdedores.
Los empresarios y productores agropecuarios parecen decididos a apostar al crecimiento y a la inversión para así sostener la visión que tienen de que el campo y las exportaciones del rubro sacarán adelante a la economía uruguaya.