“El arte japonés es un arte inacabado. Lo que hace valiosa a una obra, da lo mismo que sea literatura, pintura, escultura o animación, es que el espectador la complete”, dice la española especialista en anime y cine japonés Laura Montero Plata. “En el arte japonés está muy presente la noción de lo efímero, la finitud y la impermanencia. Es algo que va muy en relación con el wabi-sabi, la belleza de la imperfección. Las películas japonesas por lo general no están acabadas. Son un momento en la vida de los personajes. Luego su vida continúa más allá de la obra. Esa es la razón por la que es muy difícil encontrar películas japonesas que terminen como las estadounidenses o europeas. Para lo que es el estándar, Studio Ghibli y en especial Hayao Miyzaki tienen películas bastante cerradas. Y es parte de lo que hace que esas producciones sean universales”.
Montero Plata es doctora en Historia del Cine por la Universidad Autónoma de Madrid y licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad San Pablo-CEU de Madrid. Es autora del libro El mundo invisible de Hayao Miyazaki (Dolmen, 2012), resultado de su tesis doctoral, que va por su sexta edición, y de La princesa Mononoke (2017), monográfico que forma parte de la Biblioteca Studio Ghibli de la editorial Héroes de Papel. Actualmente se desempeña como coordinadora de un estudio creativo de contenido animado y experiencias interactivas en Montreal, Canadá, donde reside.
Estuvo en Montevideo dos días de setiembre y brindó dos conferencias. En la primera, realizada en la Facultad de Comunicación y Diseño de la Universidad ORT, presentó una cartografía del cine de animación japonés actual a partir de cineastas como Miyazaki, cofundador de Studio Ghibli, uno de los principales estudios de animación del mundo y responsable de El viaje de Chihiro (2001), la primera película de anime en ganar un Oscar. La segunda conferencia se llevó a cabo en la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República y estuvo enfocada en el cine de acción real.
Miyazaki planea retirarse una vez que termine su próxima película, ¿Cómo vives? (How Do You Live?), cuyo lanzamiento está previsto para antes de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Sin embargo, desde hace tiempo se especula acerca de quiénes podrían ser sus sucesores. Durante la conferencia en ORT, el paneo de Montero Plata incluyó nombres como Hiromasa Yonebayashi, “heredero por derecho propio” de Miyazaki. Yonebayashi se formó en Ghibli, luego fundó Studio Ponoc, que produjo Héroes modestos (2018) y Mary y la flor de la hechicera (2017). Otro nombre es el de Goro Miyazaki, hijo del realizador y director de Cuentos de terror (2006) y La colina de las amapolas (2011). Y también: Mari Okada, Akiyuki Shinbo y Kenji Kamiyama.
En diálogo con Búsqueda, la especialista en manga, anime y cultura japonesa, habló sobre algunos de los posibles sucesores del maestro japonés, sobre cómo se refleja la importancia de la familia en el cine de Japón, sobre la lucha de Takeshi Kitano por ganarse un lugar en el cine, las raíces de la obra de Miyazaki y el influjo del teatro noh en El viaje de Chihiro, y sobre los orígenes de la animación en Japón y la razón por la que los personajes de anime tienen ojos tan grandes.
Posibles sucesores
“Es verdad que Miyazaki es el más conocido de los directores de animación y un autor profundamente valioso, no por nada he escrito dos libros sobre él, pero echo en falta que se preste atención a otros realizadores”, dice Montero Plata. Y menciona a Makoto Shinkai, director de Your Name (2016), una auténtica obra maestra, la historia de un chico y una chica que no se conocen y misteriosamente intercambian sus cuerpos. El filme superó a El viaje de Chihiro como el largometraje de anime más visto a nivel mundial. Parte de la obra de Shinkai puede verse en Netflix, entre ellas Viaje a Agartha (2011), quizá una de las películas que sigue la estela de Miyazki de forma más evidente. Sin embargo, Montero Plata no coincide en que pueda ser quien ocupe el lugar del creador de Mi vecino Totoro (1988). “Su público no es el mismo. Shinkai tiene muy claro que su cine va dirigido a un público adolescente y su temática siempre gira en torno a la dificultad y el dolor que supone convertirse en adulto. Es verdad que en Your Name, una película mucho más amable y divertida que sus producciones anteriores, es la primera en la que hay algo como un genuino happy end. Entiendo por qué se produce esa conexión: su cine tiene una calidad plástica impresionante, pero no puede ser Miyazki porque Miyazaki se dirige a todos los públicos, desde los niños de cinco a señores de 80”.
Hay otros directores que tienen un universo cinematográfico similar, abarcando lo fantástico y la unión de públicos, que podrían ser sucesores. Uno es Mamoru Hosoda, director de La chica que saltaba a través del tiempo (2009), Summer Wars (2009), Los niños lobo (2012) y El niño y la bestia (2015), todas disponibles en Netflix. Montero Plata también ubica en el mapa a una realizadora, Naoko Yamada. Destaca su película Una voz silenciosa (2016), sobre un ex acosador escolar que se comunica con la chica sorda a la que le hizo bullying durante su infancia e intenta enmendar el daño provocado. Yamada forma parte de Kyoto Animation, una productora que, como Ghibli, mantiene un staff fijo de animadores. No está claro cuál será su futuro, dado que en julio de este año hubo un ataque a su estudio principal: un hombre roció con nafta y luego incendió el lugar, provocando la muerte de 34 personas.
La familia
Dentro del cine de acción real, Takeshi Kitano es uno de los autores más conocidos por el público general. “Entra en la franja de directores de categoría A, como Hirokazu Koreeda y Naomi Kawase. Pero también hay realizadores como Sion Sono, que se mueve en festivales, pero de una forma muy extravagante y alocada, y que no es conocido por el gran público”. Sono suele clasificarse como inclasificable. Una de sus mayores obras, Love Exposure (2008), es una odisea de autodescubrimiento de cuatro horas y media que combina varios géneros: comedia, drama, acción, erotismo y sátira social. “Estos cineastas hablan más o menos de los mismos temas, aunque desde distintos ángulos”, explica Montero Plata. “Si bien la familia es un tema universal y las tragedias más duras se dan en el seno de la familia, en Japón el papel de la familia es diferente a cómo lo vemos en Occidente. Aunque esta perspectiva ha cambiado algo, en Japón tú perteneces a un grupo, y como tal eres representante de ese grupo. El núcleo primigenio es la familia. Ese es el motivo por el que el apellido va primero y el nombre después. Casi todo el mundo, excepto tu entorno íntimo, te llamará por tu apellido y no por tu nombre porque eres un representante de tu familia y como tal te debes comportar. Esto evidentemente genera un conflicto entre lo que tú quieres como persona y lo que socialmente se espera de ti. Ahí se produce una tensión que siempre ha tenido un gran protagonismo en el cine japonés. En Cuentos de Tokio (1953), Yasujiro Ozu representó maravillosamente esa fractura que se produce cuando la gente tiene que trasladarse a la ciudad y cambiar su ritmo de vida. Y creo que, de formas muy distintas, estos directores japoneses transmiten eso. Ellos han crecido con ese mandato”.
La lucha de Kitano
“Kitano viene del mansai (una forma de comedia popular en Japón que involucra un humor verbal ágil y con una buena dosis de complejidad en televisión). Cuando empieza a hacer cine, después de recibir críticas negativas de sus dos primeras películas, decide cambiar, se pone a estudiar cine japonés y hace un esfuerzo por convertirse en un director reputado. También tiene este juego de querer sorprender que no siempre funciona. Kitano sí que es un autor. Y es muy interesante cómo luchó, dentro de Japón, por romper esa imagen de cómico.
Cuando apareció en Furyo (Feliz Navidad Mr. Lawrence, 1982), la gente se reía, a pesar de que tiene un personaje durísimo. Eso a él le enfadó muchísimo. Entonces quiso demostrar que podía hacer otras cosas además de comedia. El cine que hace no es fácil, a pesar de ser muy lento y contemplativo destila una violencia crudísima. Kitano fue, durante un tiempo, la niña bonita de los festivales de cine. Ahora es Koreeda”.
Las películas de dibujo lineal
Explica Montero Plata que con los inicios del cine llegaron también las primeras películas a Japón y también las primeras animaciones. “Los ilustradores de la época dan el salto a la animación y en 1917 pasan a hacer lo que se denominaba senga eiga, que se podría traducir como ‘películas de dibujo lineal’. Usaban una pizarra, dibujaban con tiza, hacían una fotografía, borraban y volvían a dibujar. Así empezó el anime. Hubo una primera generación muy artesana, trabajaban en sus casas, con poquísimos medios, hasta que llega una segunda generación, dentro de la que se destacan Kenzo Masaoka, Sanae Yamamoto y Yasuji Murata, que en algún momento colindaron e hicieron juntos un estudio. Ellos son los que empiezan a hacer algo un poco más industrializado. De hecho Masaoka fue quien introdujo el uso del acetato transparente en Japón. La técnica era muy cara pero él venía de una familia con recursos y, a pesar de que quebró varias empresas, siempre se esforzó en llevar la técnica un paso más allá. Fue el primero en desarrollar el sonido, hizo la primera película sonora, que lamentablemente está perdida. A él se deben los dibujos de ojos grandes. Era un enamorado de Disney y de los hermanos Fleischer. Hay toda una retroalimentación entre Estados Unidos y Japón. Osamu Tezuka, el creador de Kimba, el León Blanco, siempre dice que le interesó la animación cuando vio Momotaro y las águilas del mar, una película de Mitsuyo Seo, discípulo de Masaoka. Lo que no se comenta mucho es que la película que iba acompañada de La araña y el tulipán, era un cortometraje de Masaoka, precisamente. La araña y el tulipán es absolutamente maravillosa. Ahí ya aparece el prototipo del personaje shojo, de ojos grandes y vidriosos. Lo de los ojos grandes se ha quedado fijo como una característica del anime pero es algo que uno puede encontrar en la animación estadounidense”.
Algunas recomendaciones
“A una persona que le guste y consuma animación le recomendaría El viaje de Chihiro. A una persona que no está acostumbrada a ver animación o que toda animación que conozca sea la de Disney le recomendaría El increíble castillo vagabundo. Es una película más ligera, aunque tiene una narrativa muy ágil y un elemento fantástico muy interesante. A pesar de que Mi vecino Totoro es una de mis favoritas creo que es difícil de recomendar. Es una película en la que no pasa nada y pasa de todo. La princesa Mononoke me fascina pero tiene que ser una persona que haya consumido anteriormente cine de animación para adultos. Si tengo que elegir tres de Miyazaki, voy por Totoro, Chihiro y Porco Rosso (1992)”.
Recomendaciones para acercarse a Studio Ghibli. “El cuento de la princesa Kaguya (2013), La princesa Mononoke y La tumba de las luciérnagas (1988), algo completamente salvaje, una película ambientada en la II Guerra Mundial que comienza con los fantasmas de los dos niños protagonistas; es una película durísima y bellísima, la animación es algo completamente fuera de este mundo, una absoluta obra maestra”.
Las raíces de Miyazaki
Es sorprendente la forma en la que Miyazaki, sobre todo en su segunda etapa, se conecta con sus raíces japonesas al tiempo que se vuelve más universal. Esto fue lo que sucedió.
“Él había tenido un conflicto muy importante con el papel que tuvo su país en la II Guerra Mundial. Muy influido por su madre, que tenía una visión negativa de cómo se habían comportado los japoneses, él decide huir a mundos europeos, en los que se basa para sus primeras obras, un poco enfadado con sus raíces y un poco intentando aislarse, alejarse de ese nacionalismo vinculado a la cultura japonesa”, cuenta Montero Plata. “En la década de 1980 cae en sus manos un ensayo de un botánico, Sasuke Nakao, en el que sostiene que la cultura japonesa no es aislada, como decían todos los estudios nacionalistas de principios de la década de 1920, sino que pertenecía a un círculo panasiático, lo que hacía que el panorama japonés fuera mucho más diverso que lo que la historia oficial decía. Ahí consiguió reconciliarse con su cultura. Empezó a tirar del hilo y a integrar esa cultura, el sintoísmo primitivo, la literatura oral. La investigación que Miyazaki hizo para Mononoke terminó influyendo muchísimo en Chihiro, que está repleto de relatos sintoístas muy primitivos que van desde el Kojiki (libro histórico más antiguo que se conserva sobre la historia de Japón). Básicamente la estructura Chihiro es la de una pieza de teatro noh de la era Muromachi (siglo XIV). Y no de una pieza cualquiera, sino de Año Nuevo, que es un tipo de presentación diferente. Es muy interesante cómo él va imbricando todo eso. Él no escribe un guion y produce la película, sino que va escribiendo la película conforme la va produciendo. Es muy interesante ver cómo llega a rescatar toda esa cultura, hacerla suya y a la vez hacer con eso un relato universal. Toda esa riqueza que se genera en sus películas pasa al inconsciente colectivo sin que uno se dé cuenta. No hay de si no eres japonés no lo entiendes: los japoneses tampoco lo ven. Esa es la belleza de todo esto. Es todo tan antiguo y está todo tan reformulado, que aunque tú no lo ves igual se queda contigo”.