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    El arte del agravio

    Calle 13 en el Velódromo

    “No tengo mucha plata / Pero tengo cobre / Aquí se baila como bailan los pobres”, rapea René Pérez Joglar frente a diez mil personas. La mitad de esa multitud pagó 1.040 pesos para estar en el sector delantero del Velódromo. Y los más “pobres” pagaron 540 por un lugar en la tribuna trasera para ver a Calle 13.

    “Tu eres clase alta / Yo clase baja / Tu vistes de seda y yo de paja / Nos complementamos como novios / Tu tomas agua destilada / Yo agua con microbios”.

    Solo un año después de llenar el Teatro de Verano, el colectivo puertorriqueño duplicó su poder de convocatoria en la saturada plaza uruguaya. Este proyecto musical, social y político ha sintonizado intensa y masivamente con el público joven latinoamericano en base a una propuesta franca, directa, sin rodeos y sin ocultar las contradicciones propias de dicha masividad.

    “Soy clase media baja, desde la placenta / Toda mi vida trabajé, para pagar la renta (...) No me importa si todo lo que escribo a ustedes los ofende / Tampoco me importa un carajo si este disco vende / Si yo quisiera vender algo montaba una tienda / Prefiero regalarte música, aunque tú no la entiendas”, canta Residente (Pérez) junto a sus hermanastros Eduardo Cabra (Visitante), multiinstrumentista de perfil bajo y cerebro musical del grupo desde sus teclados y máquinas, e Ileana Cabra, una formidable cantante de voz potente y segura que deslumbra en “Latinoamérica”, una canción con seguro destino de himno popular.

    Pérez va al frente en cada verso y se expone delante de un público que, como él dice, puede no conocer o entender buena parte de sus líneas cargadas de retórica, ironía y sarcasmo.

    Este verborrágico frontman, al que le encanta lucir su torso bien trabajado en el gimnasio, parece estar siempre al borde de la demagogia y a veces cae en ella, como cuando proclama “no a la megaminería” frente a miles de teléfonos celulares y a gran parte de los equipos de escenario que contienen minerales obtenidos mediante la extracción minera a gran escala.

    “Calma pueblo que aquí estoy yo / Lo que no dicen lo digo yo / Lo que sientes tú lo siento yo / Porque yo soy como tú, tú eres como yo”.

    El letrista de Calle 13 se nutre en forma más que eficiente de las posibilidades del idioma castellano con creatividad, picardía y mala leche para darle con un caño a los destinatarios de sus críticas, especialmente cuando “atiende” a colegas reggaetoneros y productores del mercado discográfico latino.

    En todo caso, las contradicciones entre discurso y acción y el innegable culto de su personalidad —“Ven y critícame”, “Tu quieres guerra”— constituyen en gran medida lo que ha convertido a Calle 13 en un fenómeno que supera la música.

    Pérez ha trascendido su oficio y se ha convertido en un activista político y social: les recuerda a los adolescentes y jóvenes —la mayor parte de su público es menor de 25 años— que no abandonen la educación porque es la mejor herramienta para su desarrollo y para reducir la violencia, dedica el concierto a Facundo Cabral y a los desaparecidos, dice que todos los gobiernos de Estados Unidos son “la misma mierda”, reclama una y otra vez, a viva voz, la independencia de Puerto Rico.

    Por momentos, el suyo parece un discurso panfletario, pero en medio de un pobrísimo universo lírico que se limita a la temática sexual, Calle 13 hace bailar a la masa al mismo tiempo que sacude su intelecto y la obliga a pensar y a tomar posición en cada estrofa.

    Una banda poblada de notables instrumentistas puso un marco excepcional de rock, hip hop y sonido típico centroamericano con excepcionales secciones de vientos y percusión. “La bala”, sobre la violencia endémica en Centroamérica, y “Latinoamérica” fueron dos de los momentos de mayor comunión entre el grupo y la audiencia.

    El mayor desencuentro ocurrió cuando la cuerda de tambores que acompañó el tema “La perla”, a ritmo de candombe, se cruzó con el tiempo que tocaba la banda. Seguramente el año que viene o el otro podrán enmendar el error, porque, por lo que se ve, hay Calle 13 para rato en Uruguay.