El martes 8 sobre las 15 horas David Fremd Wulf fue asesinado a puñaladas por un maestro de 35 años en pleno centro de la ciudad de Paysandú. Fremd, conocido comerciante y directivo de la comunidad judía local, falleció horas más tarde en el centro médico Comepa.
El asesino, Carlos Omar Peralta, también utilizaba el nombre árabe Abdullah Omar y se había convertido al Islam en 2006, según declaró ante la Justicia. Cuando fue detenido por la Policía, tras ser atrapado y reducido por un hombre que circulaba por la zona, dijo que lo había hecho “en nombre de Alá”.
Ayer miércoles, luego de que una pericia psiquiátrica lo declarara imputable el juez penal de segundo turno de Paysandú, Fabricio Cidade, lo procesó con prisión por “homicidio especialmente agravado en concurrencia con un delito de comisión de actos de odio, desprecio o violencia hacia determinadas personas en régimen de reiteración real, con un delito de lesiones personales agravado”.
El juez dispuso, a pedido del psiquiatra forense, que se lo interne en el Hospital Vilardebó para realizarle una “evaluación y diagnóstico”. Fuentes judiciales explicaron a Búsqueda que ese pedido se basó en que el psiquiatra detectó “tendencias suicidas” en el asesino, por lo cual se le harán más evaluaciones antes de trasladarlo a la cárcel.
Durante el interrogatorio ante la Justicia, el juez y la fiscal penal Alicia Abreu intentaron que el asesino explicara los motivos del brutal crimen. Peralta hizo referencia a Alá una y otra vez, aunque fue esquivo en dar detalles sobre la planificación del asesinato o por qué eligió a Fremd como su víctima, más allá de su condición de judío.
Según contaron a Búsqueda fuentes judiciales, el asesino dijo ante la Justicia que tenía una vida muy “frustrada”, y describió algunos problemas familiares y en su trabajo —había dado clases en una escuela rural, pero lo destituyeron por acusaciones de los padres de los alumnos.
También dijo que se acercó al Islam a través de Internet, y que utilizó la red para contactarse con personas en el extranjero que lo guiaron y acompañaron en su conversión religiosa. Estaba estudiando el idioma árabe y en su perfil de Facebook (donde su nombre aparece en árabe) se pueden ver varias citas en ese idioma y referencias a Alá.
El asesino no dio detalles sobre si el crimen fue planificado con ayuda de otras personas, y por el momento la Policía presume que actuó solo y no en coordinación con un grupo. De todas formas, hoy jueves agentes de Inteligencia y Policía Científica analizarán la computadora y otros objetos del asesino para investigar posibles vínculos con organizaciones extremistas.
Peralta también dijo ante la Justicia que viajó algunas veces a Montevideo y que visitó el Centro Islámico, aunque no dio más detalles.
Durante la audiencia el asesino responsabilizó de sus desgracias a la comunidad judía, aunque no dio explicaciones coherentes de por qué pensaba eso, relataron fuentes en conocimiento de las investigaciones.
Según describe el pedido de procesamiento de la fiscal, el asesino “manifestó que desde hace años profesa la religión islámica y que se siente perseguido por los judíos por practicar el Islam”. Agrega que en su declaración “el indagado se limitó a manifestar” que el día del ataque “durante la oración de la mañana se encomendó a Alá para que lo guiara en su camino, negándose a hablar sobre los hechos relacionados con la muerte” de la víctima.
Por otra parte, fuentes del Ministerio del Interior dijeron a Búsqueda que hasta ahora la Policía no encontró “conexión con ningún grupo interno ni externo”, aunque aguarda a analizar el contenido de su computadora.
Las fuentes evaluaron que el episodio “es como perder la virginidad en este tema”. Aunque en otras partes del mundo organizaciones terroristas vinculadas al Islam están cometiendo crímenes y atentados, Uruguay no tenía antecedentes de ese tipo de ataques. No obstante, en el Ministerio del Interior habían analizado que “estas cosas podían suceder” porque Uruguay “no está ajeno al mundo”, dijo una fuente policial.
Odio antisemita.
El crimen conmocionó a la sociedad sanducera. Fremd era dueño de algunos comercios importantes de Paysandú —Jean Center y La Popular, entre otros— y era un referente para la colectividad judía. Tenía tres hijos, dos de ellos vivían en el exterior. El tercero de ellos, el menor, estaba con él cuando lo atacaron. Intentó defenderlo y sufrió algunos cortes.
El atacante esperó a su víctima en la puerta de su comercio y lo atacó apenas lo vio bajar del auto. Utilizó un cuchillo de cocina y provocó en Fremd heridas de tal gravedad que los médicos no pudieron salvarlo. Luego de apuñalarlo varias veces, huyó corriendo de la escena, pero no consiguió ir más lejos que un par de cuadras cuando un hombre consiguió atraparlo y reducirlo en el piso hasta que llegó la Policía.
El homicidio generó preocupación en la comunidad judía radicada en Uruguay y en el gobierno de Israel. La embajadora Nina Ben-Ami dijo a Búsqueda que la noticia del incidente le generó “gran sorpresa” y “tristeza”. “Es muy duro saber que el odio antisemita ha llegado tan lejos, a ese rincón en Paysandú”.
“Vemos con preocupación la posibilidad que este hecho antisemita haya sido motivado por ideología religiosa extremista, fenómeno del que lamentablemente estamos siendo testigos en otros lugares del mundo, y que inquieta a los países que valoran la vida y la libertad”, dice un comunicado emitido por la Embajada.
Según Ben-Ami, “hay que tomar conciencia” de que los ataques antisemitas “no respetan fronteras”. Y añadió: “el fenómeno de los lobos solitarios es algo que conocemos en Israel y que vimos en otros países como Francia”.
El Ministerio del Interior prefiere no referirse al atacante como un “lobo solitario”, figura que se usa para hablar de atacantes terroristas que no actúan en una célula, sino de manera independiente.
El Comité Central Israelita del Uruguay condenó el asesinato de Fremd mediante un comunicado que publicó al día siguiente del episodio. “Las características del homicidio hacen presumir que se trató de un ataque antisemita, lo cual sería inadmisible para nuestra sociedad y la convivencia nacional”, lamentó la organización.
Perfil del asesino.
El miércoles los ex compañeros de liceo de Carlos Peralta estaban en shock. No daban crédito de que aquel muchacho —que parecía “un poco raro” pero que “nunca tuvo reacciones violentas”— fuera capaz de un hecho así. Según contaron a Búsqueda algunos de sus ex compañeros del Liceo Nº 1 de Paysandú, Peralta tenía dificultades para relaciones con los demás y estaba a la “defensiva”, aunque cuando sus compañeros lo invitaban a las comidas del grupo por lo general asistía e interactuaba con el resto.
“Al principio estaba muy a la defensiva, y nosotros no sabíamos cómo acercarnos a él. Pero con el tiempo, como vio que lo tratábamos bien y lo invitábamos a las reuniones, él empezó a ir y a sentirse mucho mejor”, relató un sanducero que fue su compañero en sexto año de liceo.
Sus ex compañeros lo describen como alguien muy inteligente y recordaron que incluso ayudaba a estudiar a otros de la clase. Aunque tenía buena relación con algunos, Peralta no tenía amigos y solía pasar varias horas en los cibers de Paysandú.
El estudiante compartió con sus compañeros más cercanos que había tenido una infancia muy difícil: a su padre no lo conoció y su madre no estaba presente y casi no se ocupaba de él. Según les contó, durante su infancia vivía con su abuela en una habitación muy pequeña.
A pesar de esas adversidades, Peralta terminó sus estudios y se anotó en Magisterio. En 2011 obtuvo su título de maestro y empezó a trabajar en la escuela 102 de Colonia Ros de Oger como maestro y director, según informó el diario “El Telégrafo” de Paysandú. En 2012 y 2013 trabajó como maestro director en la escuela 34 de Puntas de Buricayupí.
El diario informó que en junio de 2014 el maestro inició una huelga de hambre luego de que se le iniciara un sumario por denuncias de los padres de sus alumnos, que lo acusaron de “tocar a los niños y falsificar facturas”, aunque según él no eran más que “chusmeríos”.