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¿El peso está sobrevaluado con relación a un supuesto nivel adecuado o de equilibrio? ¿Hay actualmente atraso cambiario en Uruguay? En suma, ¿el país está más caro de lo que debería? El director del Centro de Economía, Sociedad y Empresa del IEEM-Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo, Ignacio Munyo, les puso un número a esas preguntas: el tipo de cambio real (TCR) se encuentra apreciado en torno a 20% respecto a sus determinantes.
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El economista estudió el tema y lo plasmó en un documento que está fechado en noviembre. Aclara que el análisis de tipo de cambio real de equilibrio es positivo y no normativo, por lo que permite explicar lo que sucede y no afirmar si está bien o mal.
El TCR es la relación entre los precios externos e internos expresados en una misma moneda. También puede ser interpretado como la relación de precios internos de los bienes transables (que tienen comercio internacional, como los productos primarios e industriales) y los bienes no transables. Cuando el TCR sube (se deprecia) se favorecen los sectores transables de la economía y a la inversa.
Según las estimaciones de Munyo, actualmente el TCR se encuentra por debajo casi 50% del pico de 2002-2003 y 35% respecto a los niveles de 2005- 2007. Son cambios “abruptos” que tienen impacto directo en el desempeño de los sectores transables —que conforme con distintos criterios de medición emplean a entre 265.000 y 445.000 personas, entre 20% y 35% de la fuerza laboral del país— y no transables, afirma en su análisis.
¿Qué variables de la economía afectan la paridad cambiaria con el resto del mundo? Munyo adopta en su estudio una metodología en la que no solo se actualizan las series de tiempo ya utilizadas y se consideran otros datos disponibles, sino que realiza nuevos estimaciones de productividad sectorial en función de los microdatos de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística. A partir de ello concluye que las variables que afectan de forma estadísticamente significativa el TCR de Uruguay son la productividad relativa de los sectores transables y no transables, el nivel de ingreso del sector privado y el gasto público en proporción al tamaño de la economía.
Dado que la evolución de la productividad relativa afecta el TCR de equilibrio, en el estudio se consideran distintas formas de medirla. Tras el análisis para cada sector y para definiciones alternativas de transables y no transables en los años 2000, 2005, 2010 y 2015, el autor subraya como llamativa la ganancia de productividad en el transporte y almacenamiento.
Respecto a la incidencia del nivel de ingreso del sector privado en el TCR, Munyo observa que si este tiene mayor poder adquisitivo entonces es natural que el país se encarezca. A su vez, el aumento del gasto público produce una caída de equilibrio del TCR.
Para el período 1998 a 2014 el economista calculó la contribución de cada factor al TCR de equilibrio: en promedio, fue 47% en la productividad, 26% el nivel de ingreso del sector privado y 27% el incremento del gasto público.
El economista estimó, además, el desequilibrio actual del TCR (a setiembre de 2016). Desde el nivel de setiembre de 2014, cuando se encontraba alineado con sus fundamentos, el TCR se apreció (bajó) 8%, cuando en realidad debió haberse depreciado (subido). Con datos a setiembre pasado, el promedio de los cuatro modelos calculados indica que el desequilibrio observado con respecto a sus determinantes es del orden de 20%. Como “chequeo” comparó que dicho desequilibrio del TCR observado con respecto a los fundamentos es muy similar a la distancia actual del tipo de cambio real bilateral de Uruguay con Estados Unidos y su valor histórico (22% si se excluyen los picos registrados como consecuencia de las crisis financieras de 1982 y 2002).
Transferencia.
En las conclusiones, Munyo reafirma que si bien una parte del encarecimiento observado en el país en la ultima década está dada por sus determinantes económicos, también es cierto que otra parte relevante no está fundamentada. “Tenemos que ser más caros que hace una década, pero no tanto”, acota.
Teniendo en cuenta que el sector transable representa aproximadamente un tercio de una economía de U$S 50.000 millones, sostiene que un “simple cálculo de servilleta” indicaría que el desequilibrio en el TCR tiene asociada una “transferencia” del entorno de U$S 3.000 millones “desde el sector transable (por ejemplo el agro) al sector no transable (por ejemplo la administración central)”. Aclara que con la metodología desarrollada en su investigación no es posible presentar un cálculo más afinado.
Luego, el economista expone posibles acciones para reducir el “atraso cambiario”.
Señala que la baja de la cotización del dólar que se registra en Uruguay desde marzo pasado obedece en parte a factores globales. En ese contexto, dice que el potencial de la intervención del Banco Central en el mercado comprando divisas para frenar la caída de su precio “es limitado” en la medida en que debe retirar los pesos emitiendo Letras de Regulación Monetaria, un camino que “se vuelve fiscalmente oneroso”. La opción “natural”, para Munyo, sería generar superávits fiscales, de modo de poder realizar esas intervenciones sin tener que emitir deuda en pesos con propósitos de “esterilización” monetaria.
Agrega que ello podría complementarse con medidas puntuales que frenen, por lo menos durante algunos meses, la inflación a través de una reducción de las tarifas públicas; para hacer esto viable se precisa un “ajuste significativo del gasto” estatal, lo cual “siempre es complejo”. En tal sentido, sugiere realizar un análisis rubro por rubro para después comparar con los resultados obtenidos. Y señala como ejemplo que entre 2010 y 2015 la cantidad de empleados en Ancap, UTE y Antel aumentó más que en el promedio del sector privado.