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    El bitcoin tiene su pequeña comunidad entre uruguayos

    Cuando Mauro Betschart hace una compra por Internet no saca su tarjeta de crédito y tampoco utiliza su cuenta de PayPal. De hecho, ni siquiera mira en su billetera. Él entra a una aplicación desde su smartphone y negocia en bitcoins.

    “Acá ingreso cuántos bitcoins y entro el código de a quién se los doy. Este es mi usuario”, dice mostrando la pantalla de su celular en donde aparece un código de 32 dígitos compuestos por letras y números. En la comunidad bitcoin así se escribe el nombre de Mauro. Y con ese código se pueden rastrear todas las transacciones que él realizó desde hace cinco años, cuando un amigo le regaló sus primeros 0,5 bitcoins que entonces valían U$S 15 y hoy equivalen a U$S 450.

    En Uruguay esta moneda virtual tiene relativamente pocos usuarios, pero parece estar en crecimiento.

    El bitcoin llegó a interesar a un taxista —que fue dueño de un cibercafé y hoy trabaja un coche de alquiler en el Aeropuerto de Carrasco— y se contactó con Moneero, la empresa que dirige Betschart y que trabaja en un software para simplificar el acceso a la más conocida moneda criptográfica. Moneero prevé tener listo en un mes ese cajero que convierta pesos uruguayos, dólares, euros o cualquier tipo de moneda legal a bitcoins, una moneda que nació en 2009 y hoy comienza a ser mencionada por los gobiernos.

    Betschart y el taxista conversan la posibilidad de pagar el servicio a través de bitcoins. Aunque para hacerlo deberán ponerse de acuerdo no solo en cuántos bitcoins cuesta el trayecto sino también en cuántos dólares equivalen a un bitcoin. Como la moneda virtual no es controlada por un ente regulador (como un Banco Central), son los propios usuarios quienes establecen su valor.

    Así la moneda está sujeta a una gran volatilidad. En Japón se transa a U$S 40 más que en Europa. En 2013 aumentó 5.000% su valor y hoy se cotiza en niveles cercanos a U$S 920. La barrera de U$S 1.000 la rompió por primera vez en noviembre pasado.

    Los bitcoins se generan a través de complejos procesos informáticos en lo que se conoce como minería. Se trata de una serie de computadoras conectadas con la única finalidad de resolver problemas matemáticos y generar así bitcoins.

    Betschart, como el resto de los usuarios bitcoin, celebra que la moneda no esté “dominada” por ninguna entidad. Que sea un bien común. Que sea de la comunidad.

    “Como no tiene un colateral atrás muchos economistas están asustados”, opina ese empresario. “El oro vale tantos dólares porque estamos de acuerdo con que una onza vale eso. Pero el bitcoin, al no tener nada atrás en lo que todos estemos de acuerdo, tiene una variación mucho más grande. Es muy emocional. Y hay muy poca gente que la tiene en comparación con lo que circula en monedas legales. Si yo vendo 900 bitcoins, destruyo el mercado. Y eso es U$S 1,8 millones, no es tanta plata”, dijo.

    En una reciente encuesta realizada por CNN entre 30 expertos de la Bolsa de Nueva York, más del 70% dijo no seguir o no analizar el bitcoin. Algunos agentes del sector financiero de Uruguay consultados por Búsqueda se manifestaron en el mismo sentido. La gestora de patrimonios FDI recomendó a un cliente no comprar la moneda. “Yo quiero saber quién está atrás, qué hace, qué piensa, es mucha incertidumbre”, alegó Mariano Sardans, ejecutivo de esa empresa de asesoría financiera.

    No se conoce por ejemplo quién le dio origen. Satoshi Nakamoto, identificado como su creador, no es más que un seudónimo y nadie sabe si refiere a una persona o a un grupo. Durante sus primeros años, el bitcoin fue catalogado como la moneda “del lavado de dinero” al saltearse todos los mecanismos de regulación.

    Los gobiernos o se muestran cautos o han decidido prohibirla. El Banco Popular chino dijo que el bitcoin “no posee los atributos de una moneda, como la reparación legal y capacidad de hacer cumplir la legislación. (…) No debería circular en el mercado como una moneda”. El Bundesbank alemán alertó que “no hay garantías y los inversores podrían perder todo su dinero”.

    Estados Unidos y varios países europeos están analizando la moneda pero no se han pronunciado sobre su legalidad. Noruega la toma como un activo y cobra impuestos sobre ella.

    Pero en el mundo se utiliza más y más. En California el año pasado nació un bebé cuya madre pagó su tratamiento de fertilización con bitcoins. Una pareja estadounidense viajó durante 101 días desde Nueva York, pasando por Estocolmo, Berlín y Singapur utilizando exclusivamente bitcoins.

    El sitio de ventas minoristas estadounidense Overstock anunció que lo comenzaría a aceptar como método de pago. Lo mismo dijo la plataforma Zynga, creadora de juegos como FarmVille.

    Por ahora, China es uno de los países donde la moneda virtual ha conseguido más usuarios, a pesar de la prohibición de su autoridad monetaria. Pero también lo es Argentina, dadas las restricciones que el gobierno de Cristina Fernández ha impuesto a la compra de divisas extranjeras (sobre todo dólares). En diciembre, “Clarín” informó que ya 5.000 personas tenían algún tipo de ahorro en bitcoins.

    “En Argentina hay mucha minería (creación de bitcoins) y por la restricción de dólares se usan bitcoins para cosas sencillas, cosas cotidianas que hay que hacer. Esos problemas no están en Uruguay”, opinó el informático Gabriel Drach, argentino y residente en Uruguay hace tres años.

    “Muchos la atacan como la moneda que usan los narcotraficantes y que yo sepa, antes usaban el dólar. (…) Hoy todas las transacciones son públicas y se pueden rastrear. Se puede revisar todo lo que se hizo desde el primer bitcoin que existió”, explicó.

    Comunidad charrúa.

    Drach ha agrupado a los usuarios de bitcoin en Uruguay. Su grupo de Facebook cuenta con 400 miembros, aunque muchos viven en el exterior.

    “Los que están más metidos vienen de la parte de tecnología. En las reuniones que hemos hecho en Montevideo somos 20 o 30 personas y nos juntamos a charlar de primera mano lo que está pasando. Hicimos cuatro reuniones en el año”, informó.

    Drach compró sus primeros bitcoins en 2010. Cambió U$S 100 a bitcoins cuando la moneda cotizaba a U$S 30. Su billetera virtual está destinada básicamente a la compra de artículos por Internet, ya sea libros, o también dominios de Internet, servicios de diseñadores, etc.

    Está estipulado que se generarán 21 millones de unidades bitcoin hasta el año 2140. Hoy circulan 11 millones.

    “Lo que me llamó la atención fue la parte económica. Es desarrollar una moneda con todas las características de una moneda fiable. Tiene una facilidad para enviar valor de una punta a otra del mundo. Y como está estipulada la cantidad total se corta el problema de la inflación. La descentralización también me llamó la atención porque nadie lo puede manipular. Y tiene seguridad porque está basado en criptografía, que son los protocolos desarrollados por Estados Unidos a nivel militar”, sostuvo Drach.

    Economía
    2014-01-23T00:00:00

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