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    El caballo: un animal criado por placer con un mercado “muy generoso” que se mantiene ágil y con muy buena demanda de los compradores para distintos usos

    Desde los jeques árabes en épocas de las Cruzadas hasta los cowboys norteamericanos en la conquista hacia el oeste. Desde los nómades de las estepas asiáticas avanzando hacia el Imperio Romano hasta el gaucho y los caudillos latinoamericanos luchando por la independencia, el caballo ha sido un símbolo y una parte fundamental de la historia de  la humanidad.

    Uruguay, un país vinculado desde sus inicios a la ganadería, en donde el campo es una de sus principales fuentes de riqueza, no es la excepción. Así lo testifican decenas de canciones folklóricas y pinturas dedicados a representar a este animal.

    El mercado para la venta de caballos se mantiene ágil. Foto: Gentileza de Doma y Raza

    Las personas que se dedican a criar caballos aseguran que no lo hacen por dinero, sino por placer. En algunos casos, no obstante, los negocios en torno a este animal pueden alcanzar cientos de miles de dólares. 

    Exitoso remate en Maroñas con la firma Zambrano & Cía. Foto: Nicolás Der Agopián

    Hace cinco años el rematador y empresario Alejandro Zambrano —de Zambrano & Cia— pensaba que los remates de caballos iban a “frenarse”. Sin embargo, pese a sus predicciones,se siguen vendiendo, y muy bien. El mercado de estos animales “es muy generoso”, valoró en diálogo con Campo. Explicó que pese a que  Uruguay mantenga la misma cantidad de habitantes —y le mismos tamaño de mercado— la venta de caballos continúa. Y agregó que, ya sea para trabajar en el medio rural, hacer deporte, hobby o paseo, “siempre” hay interesado en adquirir uno.

    Considerando a todas las razas que crían las distintas cabañas, en un año, Zambrano & Cia remata en el entorno de los 1000 caballos. Ese ritmo de ventas ha sido el mismo desde 2007, aunque los precios han tendido a decaer, señaló.

    Los potrillos pura sangre de carrera se venden al año y medio a un precio que gira en el torno de los U$S 6.000 y  U$S 8.000. Se venden sin domar. “Nadie sabe si corre mucho o nada”, lo que “es un poco el atractivo”, comentó Zambrano.

    En tanto, los caballos árabes se comercializan a un precio que se ubica entre los U$S 3.000 y U$SS 4.000. Se venden generalmente para correr en las competencias de enduro ecuestre (ver recuadro).

     Las yeguas criollas se colocan a un precio que se sitúa entre los U$S 3.000 y los U$S 3.500 como promedio general. Por su parte, los cuarto de milla se comercializan a precios que van desde los U$S 4.000 a los U$S 4.500 en promedio. 

     Salvo los sangre pura, siempre existen excepciones y se pueden rematar caballos de 15 años.

    Aunque criar caballos puede ser un negocio de cientos de miles de dólares, la gran mayoría que se dedica a criarlos dice que no lo hace por dinero, sino porque lo disfrutan. 

    Un caballo de trabajo común —que no es de cabaña— vale en el entorno de los U$S 600, y un potrillo U$S 300, lo que lo posiciona como uno de los animales menos valorados en el medio rural. En muchos casos los trabajadores del campo han sustituido el caballo por la moto. También se ha perdido parcialmente la profesión de domador.

    Según el último censo agropecuario, con datos del 2011, existen en total casi 357.000 de equinos.

    Pura sangre de carrera

    En Uruguay, la cría y venta de caballos pura sangre de carrera tuvo su explosión a partir del 2005, cuando el caballo Invasor se lució en el hipódromo de Maroñas de Montevideo y se convirtió en una estrella del turf local. Después de ganar la Triple Corona se vendió al exterior, donde ganó competencias en Estados Unidos y Dubai. 

    Luego de siete años, hace unas semanas, el caballo Sir Fever realizó la misma hazaña que Invasor, y ya se proyecta a ser vendido al exterior a un precio de U$S 1 millón, según dijo a Campo una de sus dueñas, Paola Rosas. 

    El caballo de carrera está destinado a los hipódromos, donde las personas apuestan su dinero en las carreras, en un ambiente vinculado a las clases pudientes, desde deportistas hasta políticos. Ha sido un caballo seleccionado durante siglos para poder correr. Tiene su origen en Inglaterra, en el siglo XVIII, cuando yeguas inglesas fueron cruzadas con sementales árabes. 

    Rústico y criollo

    En 2004, los caballos criollos fueron declarados patrimonio cultural. Son un símbolo de la historia del Río de la Plata, inseparable de la figura del gaucho. Existen dos líneas de caballo criollo: uno dedicado a competencias como el enduro, en donde lo importante es recorrer grandes distancias, y otro destinado a pruebas como el freno de oro, donde se juzgan otro tipo de destrezas. 

    Para este último propósito, en donde se juzga el manejo del ganado, los caballos criollos de origen uruguayo fueron cruzados con caballos criollos chilenos, seleccionados desde un inicio para ser animales que sirvan para el trato con vacunos.

    Todos los años, en la Asociación Rural, se inscriben más de 6.000 potrillos criollos, lo que constituye el 80% del total. No obstante, el número que nacen de estos animales es algo superior. 

    Los caballos criollos son los descendientes de los caballos europeos que los españoles trajeron en sus barcos durante la conquista a Latinoamérica. Son usados principalmente para los trabajos de campo. Se caracterizan por su rusticidad: su capacidad de vivir con pocos recursos y recuperarse con rapidez. 

    En Europa se han formado cabañas de criadores de caballos criollos en distintos países. La más antigua de ellas queda en Alemania, aunque también hay en Italia. En Austria, Suiza, Francia e Inglaterra se crían caballos criollos,pero no hay sociedades que nucleen a quienes se dedican a esta actividad.

    Si bien su popularidad se ha extendido por el mundo, desde Uruguay se realizan muy pocas exportaciones de estos animales. El año pasado se vendieron solo 20, y en lo que transcurrió del 2014 todavía no se ha vendido ninguno. Aunque su precio en el mercado local es inferior, los animales de esta raza colocados en Europa tienen un valor entre U$S 8.000 y U$S 10.000, señaló a Campo la vicepresidenta de la Sociedad de Criadores de Caballos Criollos del Uruguay, Alma Elorza.

    El árabe del desierto

    Su velocidad y su ligereza contrastaba con la de los caballos europeos, más grandes y pasados, y eso lo confería a los jinete moros una ventaja a la hora de la batalla. Los caballos árabes del desierto ya no se utilizan como un instrumento de guerra para poder matar cristianos en las Cruzadas, pero sus características se han mantenido a lo largo de los siglos y en algunos casos lo convierten en un buen negocio para quienes se dedican a criarlos. 

    Muy lejos de las tiendas de los jeques árabes y los oasis del desierto, en 1907 se  comenzó a criar esta raza en Uruguay. La Sociedad de Criadores de Caballos Árabes, que integra la Asociación Rural del Uruguay, se creó unos años después, en 1965. Algunos de los primeros criadores todavía se mantienen en actividad, como es el caso de la familia García Brum, a cargo de la Cabaña El Oasis.

    Actualmente, Uruguay exporta caballos árabes a Brasil y  Estados Unidos, pero al mercado a los que todos los criadores apuntan es el de los países árabes. La cantidad de dinero que pagan por cada animal en Arabia Saudita, Dubái, Abu Dabi, Qatar, es superior a la de cualquier otro lugar.

    En total, Uruguay vende en el entorno de 200 caballos árabes por año, principalmente destinados a correr carreras de enduro ecuestre. Todos los años se registran entre 500 y 800 caballos árabes y hay, al menos, 15.000 caballos de esta raza. 

    El precio de los caballos árabes que son exportados ya han ganado competencias y su precio de venta al exterior se sitúa en el entorno de los U$S 12.000, señaló  el presidente de la Sociedad de Criadores de Caballos Árabes, Daniel Pastorino. No obstante, la venta de un caballo árabe ha llegado a alcanzar los U$S 100.000, aunque estos casos se tratan de una excepción.  La mayoría de las personas piensan equivocadamente que los caballos árabes son de las razas más caras, dijo en diálogo con Campo.

    El caballo árabe posee una gran resistencia. Luego de haber recorrido kilómetros y kilómetros, toma un poco de agua, descansa unos minutos, y está listo para comenzar de vuelta, lo que lo convierte en un animal especialmente útil para la competencia de enduro ecuestre.

     En el desierto, poseer un caballo —o un camello— era una cuestión de supervivencia. Era tal su importancia que los equinos dormían en las carpas con sus dueños. Los árabes, que en su mayoría eran musulmanes, por su religión, cruzaban sus caballos solo con otros de la misma raza, lo que ayudó a mantener su pureza a lo largo de los años. De hecho, este tipo de caballos es el más antiguo que existe. El caballo criollo, criado en el sur de Sudamérica, lejos de del recalcitrante sol del norte de África y del Medio Oriente también posee sangre árabe. 

    Los caballos árabes tienen cabeza cóncava, ojos saltones, cuello curvo y una vértebra de menos, lo que genera que su cola siempre este parada. Miden entre 1,45 y 1,60 metros, una altura superior a la de la mayoría de las otras razas. 

    Agro
    2014-11-20T00:00:00