En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
La canción dice así: “Azul como el agua de un mar antiguo, blanca de espuma, dulce como el aire, gris de gaviota, dorada de imágenes, vestida de noche”. Sus padres escribieron esta habanera para ella, cuando era niña, y 30 años después dio nombre a su último disco, Vestida de nit. Esta cantante, compositora y actriz nacida hace 36 años en un pequeño pueblo costero, de la provincia catalana de Gerona, es una de las mejores noticias de la música ibérica en lo que va del siglo. Montevideo ya la conoce: en 2016 y 2017 deslumbró en la Zitarrosa, en catalán y castellano, y demostró su enorme talento vocal y su alto vuelo para interpretar canciones propias y reinventar ajenas como Take this Waltz y Hallellujah, de Leonard Cohen. Gracias a su formación universitaria en jazz y su gusto por la canción mediterránea y el cante flamenco, despliega allí donde canta su don para improvisar. “El género me da igual, un flamenco dice ‘ole’ y un jazzero dice ‘yeah’ por las mismas razones: peso y verdad”, dijo a Búsqueda dos años atrás.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Después de mudarse a Barcelona y dedicar una década a cantar en mil proyectos ajenos, desandó el camino y volvió a su origen: la canción. Sus seis discos como solista exhiben la intención de borrar las fronteras entre los géneros. El año pasado apareció en la película La noche de 12 años, en un pequeño papel sin voz (la pareja de Mauricio Rosencof) y a cargo de cuatro canciones: dos de su autoría, Tres locuras y Plumitas, y dos versiones, Siga el baile (Alberto Castillo) y The Sounds of Silence (Simon & Garfunkel). ”Me llevó meses llevarla a mi manera. Al principio no lo veía claro y un día que estaba triste empecé a improvisar la primera estrofa como si fuera un blues, y ahí apareció”, contó días atrás a Búsqueda, vía WhatsApp.
Silvia Pérez Cruz presentará Proyecto drama, compendio de canciones propias y ajenas que ha desarrollado en relación con otras artes (cine, teatro, danza, poesía, pintura y fotografía). Será en el Auditorio del Sodre el domingo 28 a las 21, junto a un quinteto de piano, contrabajo, violín, guitarra y percusión (Tickantel, de $ 650 a $ 1.300). Además de clásicos como Gallo rojo, gallo negro, Mañana y Carabelas nada, no faltarán las canciones del filme de Álvaro Brechner y de Cerca de tu casa, la película que le valió en 2017 el Goya a la mejor canción original (No hay tanto pan) y la nominación como actriz revelación.
—Mucha gente te conoció por La noche de 12 añospero esta será tu tercera vez aquí. ¿Cómo recordás las dos primeras y ese rodaje?
—La primera vez fue un descubrimiento, una sorpresa; la Zitarrosa llena y el conocimiento de mis canciones. La segunda fue una fiesta. Ya tenía más vínculos aquí. Ahora Uruguay forma parte de mi mapa emocional. El rodaje fue muy emocionante. Vine solo por dos días, a grabar la escena final, la liberación. El primer día llovió y nos pasamos cantando. El segundo rodé no sé cuántos abrazos con Alfonso Tort y al caer el sol me llevaron al aeropuerto.
—Has dicho que “una canción tiene mejores armas para hacerse oír, es como una bomba” y agradeciste el Goyacantando…
—La música tiene poderes únicos, te invade, te desborda, se te mete por los poros, y la canción aún más. Si a la música le agregas un texto, es el vehículo perfecto para un mensaje poético. Cuando cantas, la gente te escucha, no discute contigo. La canción inmortaliza una emoción, la congela en su aquí y ahora. Te lleva a sitios que hablando no alcanzas. Hay músicos que parecen banqueros y hay jardineros que parecen poetas. La música es mi espacio para vivir el presente y encontrarme con lo que siempre he sido. Me quita de las tonterías; es donde mejor sé conversar y distinguir al farsante que no escucha del que escucha de verdad. En directo, te permite una pequeña sociedad con el público. Y en la intimidad de la creación es el acto más bonito y placentero. La Silvia de la música es alguien mucho más evolucionado que la Silvia de la vida.
—¿Cómo ha sido esa evolución?
—Empecé cantando con mis padres, luego en Barcelona me descubrí, me construí, me alejé de mi canto más natural. Y luego volví a ese canto primero, con todo lo aprendido. Me siento muy libre cantando. Es curioso, a medida que empiezas a componer te vas vaciando. Cuando ya has dicho cosas, puedes decir menos. Ya no tienes que contar lo que te ha pasado, solo lo de ahora.
—Naciste en el Mediterráneo, como dice la canción. ¿En qué forma te influye Serrat?
—Es increíble: él escribió Mediterráneo en el sitio donde nací y empecé a cantar, Calella de Palafrugell. Es una coincidencia de cuento, preciosa. Serrat forma parte de la banda sonora de nuestras vidas. Nos ha acompañado con sus canciones preciosas. Canté delante de él por primera vez con la guitarra de mi padre, que ya había fallecido. Le dediqué una versión de su canción Para. La primera vez que me invitó a cantar con él fue un gran regalo. Es muy fuerte cantar con él cada tanto.
—Hacésuna transmutación de Lambada que refleja tu visión para ir a la raíz de un hit. ¿Cómo te apropiaste así de ese tema?
—Cuando escucho una canción intento entender su alma. Puedo quitarle el vestido, su estética y captar la belleza de su melodía. Dejar de ver el estilo y simplificarla. Puede sonar pedante, pero eso se me da bien. Con Lambada lo tenía clarísimo. Me movía mucho ese desamor: chorando estará, ao lembrar de um amor (canta). Cuando encargué ese arreglo para quinteto de cuerdas me dijeron que estaba loca. Y quedó brutal. Supongo que es una declaración de intenciones este tipo de versión: la música como lenguaje universal.
—¿Cómo lográs ese poder con tu voz?
—Dejo de lado los prejuicios y huyo de las modas. Escucho la canción y lo que siento frente a ella. Lo mismo frente a un poema. Al principio estudié jazz para poder improvisar, componer al momento y conocer los colores de la armonía. Pero no se me da bien eso de los nombres y etiquetas. Lo veo todo como canciones. Bonitas, no bonitas, bonitas pero maltratadas, bonitas con intenciones, feas que parecen bonitas. Las veo con esas gafas. Antes no teníamos tanta información del afuera como ahora. Internet tiene muchas ventajas pero las redes pueden ser muy superficiales. Recibes mucho sobre lo que deberías ser, lo que es superguay. Pero eso me despista. Cuando estaba en el proceso de definirme era muy ingenua y no tenía tanta información. No era mucho de buscar afuera, sino adentro. Si te gusta alguien, no tienes que imitar su vestido ni cómo camina sino desde dónde camina. Parece muy básico pero cuesta, porque la forma despista mucho y la imitación tienta. Pero cada vez tengo más claro que si me gusta alguien es por algo que tiene dentro, por cómo se conecta consigo mismo, con su mundo interior.
—¿Y cómo cantás esas emociones fuertes sin caer en sus garras?
—Busco una emoción universal, le canto a la pena y no a mi pena, al amor y no a mi amor. Eso lo entendí cuando una chica me dijo, después de un concierto: “¿Cómo es que has cantado mi pena?”. Le contesté: “Es que no canto la tuya ni tan siquiera la mía, trato de cantar la de todos”. Lo cantas desde un ángulo que no te hiere. A veces te puedes permitir sentir lo tuyo por unos segundos, pero te hace llorar y llorar, y eso no es muy compatible con cantar. El canto tiene la risa y el llanto dentro. Y no duele. Porque cuando estás conectado, no tienes cuerpo.