• Cotizaciones
    viernes 12 de julio de 2024

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    El caótico orden de las cosas

    Miguel Battegazzore en Museo Gurvich

    Preside la sala una construcción colorida y geométrica. Parece un árbol plano, la idea de árbol estilizada en líneas ascendentes, rectas, una geometría plana encastrada en el centro. Una estructura en escalera, apoyada en cuatro partes, grande, un poco más alta que la estatura de una persona. Como las pirámides que se arman en juegos de cartón, como los pinos rígidos y abiertos que dibujan los niños cuando pasan al dibujo lineal y se arraigan al concepto de estructura. La zona triangular está en el centro de la sala, poblada por la obra de Miguel Battegazzore (Montevideo, 1931), en el cuarto piso del Museo Gurvich en la Ciudad Vieja. Tiene algo de lúdico en su rigidez de escultura o instalación, propone cierta complicidad con el espectador, un paseo físico de traslado que involucra la combinación de imágenes, la transformación de las imágenes.

    La fuerza de la construcción y la serenidad de su porte dialogan con una poderosa secuencia de colores y formas que parecen trasladarse apenas uno se mueve, como el truco del caleidoscopio, aunque en este caso, uno funciona como su propio cilindro. Su estructura en cuadrados y rectángulos se abre sutilmente y parece motivar la movilidad de sus contenidos, figuras combinadas en blancos y negros y tonos planos de colores, celestes, verdes, rojizos, lilas. Aparece el color y con él las formas aparentemente apretadas en el interior de cada pequeño espacio geométrico. Las formas redondeadas y estiradas, los interiores cóncavos, los contornos perfectos, de un pulso estricto, riguroso.

    Se impone más el color que la forma, aunque es evidente que logran un todo dinámico y cambiante. Cambia la imagen a cada paso del espectador, a cada movimiento. Es un caleidoscopio abierto con la típica geometría de su autor y desnuda también la gracia y el rigor de su estilo. Las imágenes se mueven, parecen reflejar el entorno colorido y el despliegue formidable de geometrías que rodean la figura y sobrevuelan las paredes. Es fuerte la sensación de movilidad, aunque tal vez más, la de un extraño orden en el aparente caos. No en vano la muestra se titula Lo simbólico entre el orden y el desorden, una característica de la búsqueda permanente del trabajo de Battegazzore, un hombre que incursionó en pintura pero también en una amplia variedad de trabajos espaciales, desde la escultura hasta el teatro, en un largo trayecto de escenógrafo.

    Es cierto que el desorden visual de sus pinturas está construido desde un orden profundo, casi inexplicable. En especial su serie de Entropías, un juego perfecto entre lo mínimo ordenado y el caos aparentemente imperante. Hay allí pequeñas piezas amontonadas en desorden, en montañas de imágenes simples, esenciales. Son piezas breves, parte de un gran encastre universal. Cada piecita guarda un símbolo, una referencia marcada por dibujos sencillos, apenas una línea que sugiere el contorno o la figura. Otra vez el juego, como las piezas de una gran estructura de madera que sale de la caja cuando uno la abre sobre el piso o la mesa. Queda en pie la imagen de los bloquecitos de madera desparramados a consecuencia de un terremoto, de un movimiento gigantesco, de una maquinaria superior que dejó al viejo “lego” entreverado, olvidado, en silencio. La máquina de un dios que deshace lo construido, la estructura que tanto esfuerzo exigió montar, pieza sobre pieza, civilización sobre civilización, como en la intensa historia de la humanidad.

    Lo interesante es que en el desastre hay algo que lo mantiene en suspenso, tal vez todavía en un esfuerzo de equilibrio que le otorga la armonía necesaria para que el resultado sea de una belleza peligrosa. Al final, el caos se reordena por la belleza, por el clima, el tono, el color. La pieza fundamental sobre la que se sostiene todo caos es el color, no hay duda. Pero no cualquier color, es la luz de Battegazzore, colores que definen su propia mirada, su versión de los hechos, su impulso creador y ese hilo del que penden las piezas, innumerables, en aparente y eterno movimiento desestructurado. El caos tiene la virtud de impulsar el color hacia el pedestal de la salvación.

    Es el color el que permite la esperanza en un mundo desarmado, donde la propia noción de estabilidad está siempre en juego. Las obras cargan colores que se vuelven hegemónicos, determinantes. Están las estructuras, las formas geométricas, las rectas, los triángulos y curvas que parecen invadir el espacio. Pero no hay caso, es el color, en la fuerza del rojo, en los notables azules, en los distinguidos y dominantes naranjas o amarillos, aun en el blanco o negro. Pocos artistas manejan un encuentro tan personal con el color. Battegazzore logra la atmósfera que se vuelve metáfora, la solidez o la tensión misteriosa, el dominio de la escena, el clima de la desolación. Porque cuando los símbolos caen, cuando las estructuras se derrumban, solo la inefable sensación de ser, la última expresión espiritual queda colgada para que en algún punto todo vuelva a levantarse. Desde una pequeña pieza de madera con una imagen dentro, desde un escenario vacío, desde una estructura desbaratada o un contundente impulso de color.

    Lo simbólico entre el orden y el desorden. Obras de Miguel Ángel Battegazzore en el Museo Gurvich (Peatonal Sarandí esquina Ituazaingó). De lunes a viernes de 10 a 18 h; sábados de 11 a 15 h. Hasta el 14 de noviembre.

    Vida Cultural
    2016-10-06T00:00:00