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    El clima adverso jaquea los rendimientos de los cultivos de soja y también al arroz

    Si bien el desarrollo de las plantas de soja es bueno, las últimas lluvias dificultaron la realización de aplicaciones para controlar insectos y hongos. Algunos productores del rubro estiman que, con ese panorama, difícilmente se alcance otro récord de rendimientos. La situación es similar en el arroz

    Dos de los principales rubros de las exportaciones uruguayas —soja y arroz— están siendo jaqueados por el exceso de lluvias y las condiciones climáticas, provocando una situación de nervios y expectativa en los empresarios agrícolas, que ven amenazados sus cultivos con eventuales pérdidas de rendimiento.

    El desarrollo en general de las plantas es bueno, aunque no excepcional. Pero el exceso de agua —de entre 400 y 700 milímetros acumulados en poco más de un mes— provoca la imposibilidad de ingresar a las chacras por “falta de piso” para realizar las aplicaciones que corresponden a la fecha y que son imprescindibles para el control de insectos y hongos.

    La alternativa de la aplicación aérea es una opción que muchos están tomando, pero tiene un costo adicional de entre U$S 6 y U$S 10 por hectárea, es más ineficiente en sus efectos y no todos pueden acceder, o por falta de pista para realizar los aterrizajes o por falta de disponibilidad de aviones debido al incremento de la demanda.

    Tomás Molina, un empresario que planta más de 6.000 hectáreas de soja y maíz en Flores, Soriano y San José, dijo a Campo que en su zona existe una sola empresa de fumigación aérea y que por tanto es imposible acceder al servicio en forma continua.

    Agregó que para esta época ya deberían estar realizando aplicaciones de fungicidas para anticiparse a la aparición de hongos y que esto determina una gran incertidumbre respecto a cuál puede ser la afectación. Dijo además que la falta de experiencia previa —ya que no hubo un verano tan lluvioso como este desde el boom de la soja— les hace imposible estimar la evolución sanitaria.

    Para este agricultor, la situación podría corregirse y ponerse al día con todos los trabajos pendientes, siempre y cuando paren las lluvias por entre siete y 10 días continuos.

    Ya existe algún reporte de Roya asiática en soja y se detecta la presencia de lagarta “defoliadora” (y en algunos casos algo de lagarta “bolillera”, que además de las hojas, en la medida en que empiecen a aparecer, come también las vainas, lo cual la hace aún más peligrosa).

    La presencia de hongos e insectos puede afectar severamente los rendimientos del cultivo, si no se llega a tiempo para ejercer un buen control.

    Según indicó Molina, un rendimiento de equilibrio para la soja de primera se ubica en el entorno de los 1.800 kilos por hectárea en promedio, mientras que para la de segunda la cifra ronda los 1.400 kilos.

    Existe el “casi” convencimiento de que no se van a alcanzar los excepcionales resultados de la zafra anterior. Tampoco el precio es el mismo; hoy la tonelada se ubica en el eje de los U$S 450/470.

    La soja representó en 2013 el principal rubro de las exportaciones uruguayas, totalizando U$S 1.875 millones, lo que representó 20,5% del total de las ventas al exterior, según datos del Instituto Uruguay XXI.

    La encuesta agrícola del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca arrojó que se cosecharon 1.049.700 hectáreas, con un rendimiento promedio récord de 2.634 kilos, con lo que se obtuvieron 2.764.000 toneladas de esa oleaginosa.

    Arroz complicado

    En el caso del arroz —que en 2013 se ubicó como el tercer rubro en el ranking de exportaciones—, la situación empezó a complicarse a partir de la segunda mitad de enero, fundamentalmente por la poca presencia de luz solar, y a la fecha, sin ser dramática, la situación preocupa seriamente a los productores.

    Hernán Zorrilla, empresario agrícola de Treinta y Tres y vicepresidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz, declaró a Campo que se hizo una muy buena siembra mayoritariamente en octubre, con períodos de luminosidad de algo más de 11 horas (lo habitual son ocho horas) y temperaturas que llegaron a nivel de chacras a los 40° ó 45°. Estas condiciones determinaron que los cultivos sembrados temprano llegaran a fin de año y principios de enero en excelentes condiciones.

    Pero a partir de mediados de enero eso cambió radicalmente: “Fue como que nos pusieran un toldo”, dijo.

    Agregó que si bien es prematuro hacer un diagnóstico, las condiciones actuales no son buenas para el arroz.

    La preocupación mayor de los arroceros es lo ajustado del negocio, producto del incremento de los costos. Para el sector, un rendimiento de equilibrio se ubica en los 8.000 kilos por hectárea, sano, seco y limpio, y si las condiciones climáticas siguen siendo desfavorables es impensable llegar a ese volumen como promedio nacional.

    Zorrilla indicó que la gran mayoría de los cultivos en el Este se encuentran en fase reproductiva y muchos en floración, “que es cuando son más sensibles a los problemas de enfermedades y esos cultivos hace ya mucho que están sin sol”.

    Señaló que las condiciones actuales son “un caldo de cultivo para enfermedades que no han aparecido por el momento pero que pueden aparecer y más considerando que las variedades que se plantaron en la zona son susceptibles a enfermedades como el Bruzzone; no son genéticamente resistentes”.

    Esto obliga a los productores a estar monitoreando permanentemente las chacras y realizar las aplicaciones que corresponda, pero estas se complican porque los aviones no pueden volar por la condición climática.

    La imposibilidad de realizar aplicaciones preventivas de fungicidas determina que la situación se vuelva cada vez más compleja, comprometiendo los potenciales de rendimiento de los cultivos.

    La “bendición” y los “problemas” derivados del exceso de lluvia

    Para los animales, “la lluvia es una bendición más que un problema”, aseguró a Campo el veterinario Pablo Marinho. Y agregó que con un control adecuado, las complicaciones sanitarias que generan pueden ser evitadas. 

    Las precipitaciones hicieron que las pasturas hayan crecido “en forma exuberante, lo que benefició a los animales”, observó este profesional.

    “Para el campo la lluvia va bien”, coincidió Emilio Machado, también veterinario. “Lo complicado es poder trabajar por el golpe de calor que hay”, dijo. 

    Ambos profesionales reconocieron que esta situación climática que atraviesa Uruguay puede generar “complicaciones” en la salud de los animales. 

    En los ovinos, por ejemplo, “la lluvia puede ocasionar algunos problemas en las patas, con las lombrices gastrointestinales y con los parásitos, como el piojo y la garrapata, describió Marinho. A su vez, “las garrapatas pueden generar la enfermedad de las tristeza”.

    “En los vacunos pasa lo mismo”, apuntó. Los caballos, en tanto, están expuestos a sufrir “podredumbre de casco”, dijo.

    Según afirmó, la “clostridiosis” y “los meteorismos en las praderas” son otras de las enfermedades que los animales pueden contraer.

    No obstante, el veterinario destacó que todas “las pestes son controlables con prevención”. Si existe “el cuidado adecuado” los animales no “deberían verse afectados”, sostuvo. 

    Lo que “no se puede controlar” es el “peligro” de las tormentas eléctricas. Contó que pocos días atrás un rayo mató un caballo de la familia y aseguró que ese tipo de eventos son “comunes”, sobre todo en verano.

    En esta línea, también se refirió como fenómeno inevitable la inundación de campos y la subsecuente posibilidad de que “se ahogue algún bicho”.

    “No siempre” tiene que haber indemnización

    Las lluvias de las últimas semanas afectaron la granja y ocasionaron pérdidas significativas en su producción, evalúan empresarios del rubro y desde el gobierno.

    En una conferencia de prensa realizada la semana pasada, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, destacó que en 2013 el Poder Ejecutivo anunció que no iba a realizar más apoyos económicos por situaciones de este tipo. “No siempre que tiene que haber un fenómeno climático adverso tiene que existir una indemnización”,  porque “hay un tema que tiene que ver con el riesgo de una actividad productiva”, fundamentó.

    De esa manera, el jerarca descartó a priori una eventual ayuda estatal. 

    “El granizo del año pasado ocasionó la necesidad de indemnizaciones importantes” para darle “continudad” al sector granjero, explicó. Sin embargo, recordó que luego de esa decisión se estableció “con mucha claridad (...) el fomento a la adopción de instrumentos de transferencia de riesgo”, en referencia a los seguros, para evitar el subsidio estatal. En este marco, recordó que en diciembre se “concretó un seguro por índices climáticos que mide el exceso hídrico”. Pero enseguida lamentó que “muy pocos productores lo adoptaron”, y que por ese motivo no serán muchos los empresarios que puedan recuperar el dinero perdido por las lluvias a través de este mecanismo.

    Por otro lado, evaluó que “la magnitud de los daños” por la lluvia “en algunos casos es importante”, pero que en otros no se sabe. “Estamos en proceso de evaluación”, indicó, aunque aseguró que “no hay problemas de abastecimiento”, e incluso señaló que “algunos rubros (...) puedan tener una sobreoferta, con una pérdida de precio”. En todo caso, afirmó, “es un daño que todavía no ha terminado”.

    El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca habilitó la semana pasada la importación de papa y tomate de gran calibre. La producción nacional de ambos rubros fue afectada por el exceso de lluvias.