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    El comercio ambulante se redujo pero continúa siendo relevante, dicen empresarios formales

    En un tramo de 18 de Julio están instalados más de 50 puestos callejeros, solo en una acera; en 1985 superaban los 700 en toda esa avenida

    Desafiando el clima lluvioso del inicio de semana, sobre la avenida 18 de Julio, desde Arenal Grande hasta la Plaza Cagancha, más de medio centenar de puestos callejeros ofrecían una gran variedad de mercaderías al público, solamente en la acera norte. Esa cifra —que se multiplica varias veces si se le suman los ambulantes instalados en otros puntos del Cordón, el Centro y en otros barrios de Montevideo como la Unión y el Paso Molino, y los vendedores en los ómnibus— es menor que la que había algunas décadas atrás y así lo perciben los comerciantes que facturan las ventas y pagan sus impuestos. De todos modos, consideran que el sector informal sigue siendo una competencia desleal relevante y que debió haberse reducido más en el actual ciclo de crecimiento de la economía uruguaya.

    El relevamiento que efectuó Búsqueda en un tramo de 18 de Julio contabilizó 51 puestos ambulantes.

    Si bien los comerciantes formales del Centro entienden que este tipo de venta irregular disminuyó en los últimos años, advierten que dicha tendencia podría haber sido “mucho mayor” si se aplicaran de forma más eficiente los mecanismos de control y represión.

    “Nos preocupa, porque hoy con un nivel de actividad que es bueno y una baja tasa de desocupación, no se ve una reducción notoria del informalismo. El problema del ambulantismo no mejora”, señaló a Búsqueda el presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios (CNCS), Marcelo Lombardi.

    Informalidad.

    Una investigación sociológica coordinada por Ulises Graceras publicada por Búsqueda en 1985 había detectado más de 700 vendedores ambulantes en 18 de Julio desde Juan Paullier hasta la Plaza Independencia. El artículo más vendido entonces (39%) eran golosinas, seguido por artesanías (17%), tortas fritas y chorizos. Y los vendedores eran principalmente jóvenes menores de 30 años provenientes del interior, que en muchos casos siempre fueron ambulantes o no habían tenido otros empleos previos, de acuerdo al perfil que surgió de ese estudio.

    Desde la recuperación económica que siguió a la crisis financiera de 2002, el mercado de trabajo vivió un proceso de formalización continuo. Incluso, tras la reforma tributaria de 2007, con la creación del monotributo muchos artesanos y pequeños comerciantes lograron legalizar su actividad desde el punto de vista fiscal. Eso pasó por ejemplo en algunas ferias de puestos callejeros que habían operado durante años en la informalidad.

    Entre quienes tienen un empleo precario están aquellas personas no registradas en el sistema de seguridad social (“en negro”) y los que realizan horarios menos extensos de lo que quisieran; algunos enfrentan simultáneamente el problema del no registro y el subempleo.

    Basándose en datos oficiales, estimaciones de la CNCS muestran que el informalismo en el sector privado tuvo un descenso significativo en los últimos años: 40,68% en 2007, 39,88% en 2008, 37,9% en 2009 y 37,07% en 2010. En 2011 esa tasa cayó a 32,82%.

    Los datos a junio muestran que este año el informalismo laboral se ubica en torno a 31,4%, estimaron desde la gremial.

    Asimismo, el pago de impuestos y aportes a la seguridad social creció en los últimos años, en parte también por la formalización de algunos negocios que operaban en la ilegalidad.

    Según la CNCS, entre las principales causas del informalismo está la elevada presión fiscal, el “exceso de regulaciones”, la legislación laboral, la “aceptación social de la evasión fiscal y preferencia individual por el riesgo”, así como los “bajos niveles de educación y capacitación”.

    Pefil de ambulantes

    En el relevamiento realizado por Búsqueda el lunes 8, se observó que la mayoría de los puestos callejeros son atendidos por hombres y mujeres de entre 40 y 50 años.

    Comercializan artículos que compran a un mayorista o que ellos mismos elaboran —mates, cintos, pañuelos, medias, prendas de vestir, boinas, paraguas, bolsos, gorras tejidas a croché, alpargatas, sandalias de goma, etc.— y los venden en efectivo, sin un comprobante que respalde la transacción.

    En cambio, varios puestos de lentes de sol y otros con DVD de música o películas y cigarrillos tienen a jóvenes como responsables de pequeños puestos (unos soportes de madera plegables con una tabla) fácilmente desarmables si advierten la presencia de inspectores o fiscalizadores.

    También se observan personajes particulares, como un veterano vendedor de figuritas de la Eurocopa 2012 y de la Copa América de 2011 que expone la mercadería en una vieja valija, u otro que recorre 18 de Julio con un carro de supermercado cargado con termos de café y vasos descartables.

    “Hoy no hay ‘deme y deme’”, se comenta en voz alta desde un puesto al otro, aludiendo a la escasez de ventas.

    Jorge tiene 53 años, es vendedor desde que tiene memoria y con su esposa maneja un puesto de venta de medias, cintos, esmaltes de uñas y bijouterie, pero según dijo a Búsqueda, son “cientos” los artículos que ha comercializado en distintos barrios de Montevideo. Destaca el esfuerzo y la rutina de armar y desarmar el puesto cada día, las horas de lluvia y frío que soporta, y también la ventaja de ser su propio “patrón”.

    “Saco para el día”, contesta al consultarlo sobre el ingreso que logra.

    Ese tipo de actividad es captada por la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística como trabajo por cuenta propia, pero la última información disponible es de 2008 y no discrimina entre aquellos que poseían o no un local para realizar la actividad. Entonces había unas 60.000 personas en esa categoría.

    Lombardi informó que la preocupación por el informalismo fue transmitida recientemente por la gremial a la intendenta de Montevideo, Ana Olivera, en una visita de la jerarca y su equipo al Consejo Directivo de la CNCS.

    Señaló que en esa instancia la jerarca municipal anunció la contratación de 150 policías para controlar los puestos callejeros, que días más tarde se concretó.

    Aunque ese dirigente empresarial destacó la actitud de Olivera, apuntó que los resultados “no se están viendo en la calle”

    Reclamó que más allá de la advertencia que puede hacer un inspector, se decomise la mercadería, porque la actividad es “ilegal” y tiene que haber una “penalidad”.

    Dijo que el comercio que está “escondido atrás de un ambulante” es el que “más sufre”, porque paga todo, es inspeccionado y se somete a más de diez controles —entre los de la DGI, BPS, Bomberos, Bromatología, Ministerio de Trabajo, etc.

    En tanto, comerciantes que tienen su negocio en el Centro de Montevideo destacaron un “modelo de informalismo” que se da en la venta de productos de óptica, básicamente lentes pregraduados y de sol. Señalaron que son puestos que tienen un “esquema similiar”, que “violan en cadena” una serie de normas, comenzando por los controles del Ministerio de Salud Pública, que habilita a las ópticas mientras éstas deben “tolerar” que a metros de su negocio estén vendiendo productos del rubro.

    Dijeron que la Intendencia intenta y se preocupa por combatir este tipo de informalismo pero “no logra neutralizarlo”.

    “Juegan al gato y al ratón”, ilustraron.

    También mencionaron la venta de productos de contrabando, de cigarrillos y de CD y DVD.

    A su vez, los comerciantes se quejaron del informalismo en el área gastronómica. Aducen una “competencia desleal” de abastecedores de alimentos preelaborados a oficinas y a domicilios que “no cumplen con normas fiscales ni bromatológicas”.

    Agregaron que en la misma área se observa la acción de “panaderías informales” que son comercios que “no abren al público y tienen un mecanismo de distribución propio”.

    Economía
    2012-10-11T00:00:00

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