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“Los delincuentes no hicieron cuarentena” parece ser la frase más certera para definir la posición de la actual administración del Ministerio del Interior. Desde marzo del año pasado, cuando se iniciaron casi sucesivamente el gobierno y la pandemia, los informes estadísticos de la cartera de Estado han mostrado una disminución de los principales delitos, en línea con la exigencia que se autoimpuso el oficialismo luego de sus críticas a la gestión del Frente Amplio en seguridad. Una y otra vez, tras los anuncios de cada informe, el ministro Jorge Larrañaga explica públicamente que los resultados se deben a un mejor trabajo policial y no a una consecuencia indirecta de la menor circulación de personas en la vía pública que causó el Covid-19.
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Como prueba refiere al continuo aumento en la cantidad de personas privadas de libertad. “Los delincuentes no hicieron cuarentena”, repite hasta hoy Larrañaga. Homicidios, rapiñas, hurtos y violencia doméstica, los delitos que por cantidad y daño más afectan a la población, tuvieron una baja sostenida si se compara 2019 con 2020 y si se compara el primer año del gobierno de coalición con el último frenteamplista. Otros han sido más variables, como el abigeato, de especial preocupación para el gobierno luego de su compromiso electoral con los productores rurales.
En ese grupo también se encuentran los copamientos, un delito de bastante menor escala que todos los anteriores, pero de los pocos que aumentó —y el que más lo hizo— de 2019 a 2020. Entre un año y otro los copamientos pasaron de 43 a 48, el tercer aumento de este delito en los últimos 15 años. Fueron 19 en el primer semestre de 2020 y 29 en el segundo, de acuerdo a las estadísticas del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior. Un crecimiento interanual de 11,6%. Si se toma en cuenta el período marzo 2020 a febrero 2021, el copamiento es, entre todos los delitos, el que menos bajó con un 2%. (*)
La situación, según señalaron a Búsqueda fuentes policiales, es analizada con atención por la Policía debido a sus características: conlleva riesgos diferentes para todos los involucrados, ya que usualmente no sucede en la calle, sino en hogares, y ofrece menos vías de escape para los delincuentes.
El Código Penal define el copamiento como aquel que, “con violencias o amenazas, se apoderare de cosa mueble, sustrayéndosela a su tenedor, para aprovecharse o hacer que otro se aproveche de ella, con privación de la libertad de su o sus víctimas, cualquiera fuere el lugar en que esta se consumare”. El caso reciente más difundido fue el sucedido en noviembre en una joyería del Centro de Montevideo, donde tras un asalto la dueña fue retenida por más de ocho horas y finalmente liberada tras un megaoperativo policial supervisado en el lugar por el propio director nacional de Policía, Diego Fernández. “Desde el Ministerio del Interior y desde la Policía decimos que ante situaciones de rehenes vamos a ser inflexibles, porque bajo ningún punto de vista vamos a aceptar este tipo de situaciones. Ojalá que esta sea la última que se pueda dar en mucho tiempo”, señaló horas después Larrañaga en conferencia de prensa, acompañado por Fernández.
Esta semana se dieron otros dos casos de copamiento, ambos a hogares. El primero sucedió el lunes 19 a la noche en un edificio de Carrasco Sur, en donde cuatro delincuentes robaron dinero y pertenencias de dos apartamentos luego de retener a sus propietarios. El otro sucedió el martes a la tarde en una casa sobre la Ruta 11, cerca de la ciudad de Canelones: los delincuentes encerraron al propietario para robarle armas de fuego y un automóvil.
Por ahora en la Policía no existen “fundamentos” que permitan relacionar los copamientos con la menor movilidad ciudadana que produce el Covid-19, es decir, con una mayor permanencia de las personas en sus hogares, señalaron las fuentes. De todas formas, sí existe “un interés” del Ministerio del Interior por llevar una estadística más continua de este delito, tal como lo hace con los homicidios, las rapiñas, los hurtos, las denuncias de violencia doméstica y los abigeatos, no solamente en cuanto a la mayor periodicidad para comunicar las cifras de copamientos, sino también para poder discriminarlos por departamento, día, seccional y barrio, como hace con los principales delitos.
(*) En la edición de papel se tituló El copamiento fue el delito que más aumentó durante la pandemia, cuando en realidad esas cifras corresponden a la comparacion de 2019 con 2020.