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El idioma inglés suele tener términos concretos, precisos, para acortar camino y definir en una o dos palabras alguna acción compleja. El ambiente empresarial está saturado de expresiones de este estilo. Una de ellas es takeover. Se habla de esto cuando, por ejemplo, alguien de forma silenciosa y sorpresiva compra acciones y toma el control de una compañía. Hay quienes no pueden obviar las referencias empresariales del precandidato blanco Juan Sartori cuando observan su crecimiento en la política. Un ejemplo típico de takeover agresivo. Hace poco más de seis meses Sartori no solo no era un dirigente nacionalista, ni siquiera era un hombre afiliado al Partido Nacional. Sartori no existía entre los blancos. Hoy existe y en forma de amenaza. Porque la gran mayoría de sus compañeros aún lo miran con recelo y desconfianza. Aparece segundo en casi todas las encuestas, escalando de a varios puntos en cada nueva consulta, muestra un perfil incansable, con billetera abierta que le permite una exposición constante en los medios y un despliegue inusitado para la política local. Sartori está un día en Miami dando una entrevista para la cadena de noticias CNN y al otro en un barrio de Montevideo jugando a la pelota y repartiendo volantes. Hace meses que mantiene esa dinámica. No la hace decaer. No exhibe desgaste.
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En un principio, cuando apenas marcaba 2%, esto era visto como un exotismo, como las excentricidades y despilfarros que se puede permitir un inocuo candidato millonario. Ahora, bordeando el 30%, las risas empiezan a ser nerviosas. Y aunque para afuera no se admita, porque el discurso blindado que se mantiene es que en las elecciones internas mandan las estructuras, que en la política local no hay —o no debería haber— lugar para improvisados, que no todo se compra, que no se olvidan de la calidad democrática del uruguayo, la realidad es que Sartori preocupa y obliga a repensar estrategias.
En un principio, cuando apenas marcaba 2%, esto era visto como un exotismo, como las excentricidades y despilfarros que se puede permitir un inocuo candidato millonario. Ahora, bordeando el 30%, las risas empiezan a ser nerviosas.
En silencio, evitando mandar demasiadas señales de alerta, los dirigentes blancos mueven fichas como en un tablero de ajedrez. Lo hacen ante la eventualidad de que Sartori siga creciendo, de que se quede realmente con ese segundo lugar que pautan las encuestas. Acaso la senadora Verónica Alonso, que se bajó prematuramente de la competencia y se unió al empresario, sea el ejemplo paradigmático y visible. Pero también hay conversaciones y negociaciones por lo bajo. Surge el tema de la Convención para definir fórmulas y candidatos con una fuerza que no tuvo jamás a esta altura de la carrera.
En una entrevista con el programa Así nos va, el intendente de Maldonado y precandidato, Enrique Antía, declaró que el intendente de Tacuarembó, Eber da Rosa, puede ser un buen candidato a vicepresidente. Algunos actores de su entorno interpretaron esto como una guiñada a Luis Lacalle Pou, el candidato que va primero en las encuestas y que ya ha dicho que no llevaría ni a Sartori ni a Alonso como su vice. También se habla de un acuerdo no escrito entre las dos partes para garantizar respaldo mutuo tras lo que deje la marejada después del último domingo de junio. Casi todo lo que se hace, lo que se negocia, es con un ojo mirando a Sartori. Porque los dirigentes confían en sus estructuras, pero también dejan abierta la pregunta de hasta dónde va a llegar el millonario que arrancó después que todos, de cero y abajo, y ya trepó al podio.
Es la pregunta que también se hacen los analistas políticos. En el último informe de la empresa Opción, que dio segundo a Sartori con 27% detrás de Lacalle Pou con 42%, se detuvieron en el fenómeno. “Varias interrogantes se abren de cara al último mes de campan~a. ¿Continuará el crecimiento de Sartori o habrá encontrado un techo en su actual registro? ¿Podrá Sartori neutralizar su eventual desventaja en voto de estructura (en relación a Lacalle Pou y Larran~aga) a través de su campaña de movilización de votantes? ¿Cuáles serán las estrategias finales de sus competidores tras la consolidación de esta tendencia de crecimiento?”, se cuestionan los analistas de Opción.
“Dentro de una campaña en la que invariablemente Lacalle Pou ha liderado y Larrañaga ha mantenido una base bastante estable de votantes, el tramo final de la interna nacionalista genera la incertidumbre propia de una situación donde las ventajas son importantes, pero no concluyentes, mientras uno de los contendientes (Sartori) exhibe una franca tendencia de crecimiento”, dicen.
La campaña sin sectores
Y en medio de todo esto, el Partido Nacional como institución también toma medidas para componer la interna. Para que no se desmadre. Y para amortiguar sorpresas. En una medida inédita, la presidenta del Directorio, Beatriz Argimón, hizo un llamado público a la militancia. Habló de la importancia de la votación como una instancia para mantener con salud la democracia interna del Partido.
Y también presentó un spot publicitario donde no se ven banderas de ninguno de los sectores y repite la idea de ser “orgullosamente blanco” en su estribillo.
Argimón dijo a Búsqueda que en todas las campañas se ven diferencias y matices ente los precandidatos blancos. Es lo normal. Pero que esta vez “la aparición de Juan Sartori fue lo diferente”. “Y algo que venía por un carril se ven obligado a cambiar ante un actor externo. No todos tuvieron la misma forma de reaccionar. Pero creo que después de algún escrimage que hubo cada uno corrigió lo que tenía planificado y ahora sigue su rumbo”.