Verdera, que es gerente general de la Cooperativa Agraria Limitada de Mercedes (Calmer), señaló que “la soja de primera tuvo un crecimiento bueno con las lluvias de inicios de febrero, y después de mediados de febrero hasta ahora las precipitaciones fueron muy erráticas, prácticamente no llovió”.
En la zona entre Mercedes y Fray Bentos no se registraron lluvias en gran parte de febrero y en lo que va de marzo, comentó. Y admitió que “en algunas situaciones extremas el productor al ver que no se formaban las chauchas en las plantas de soja tomó la determinación de enfardar”, para dárselo de comer a sus vacunos.
Casi que como una ironía del destino, entre fines de 2020 y lo que va de este año el precio de la soja registró un incremento, que la ubicó en un valor de US$ 500 la tonelada en la Bolsa de Chicago, que también llegó al mercado local. Pero con pocos granos por cosechar entre abril y mayo se pierden las posibilidades de aprovechar el alza del precio de la oleaginosa.
Algunos productores lograron vender parte de su producción futura de soja y así captar ese mejor precio, pero eso no es algo generalizado, indicaron a Búsqueda operadores del sector. Advirtieron a su vez que “la oportunidad de dar un salto en rentabilidad” con los cultivos de verano (soja, maíz y sorgo) “muchos la están viendo pasar”.
Ahora, la mira está puesta en si llegan las lluvias en los próximos días y qué efecto tienen en el desarrollo que resta de los cultivos.
Más bien el productor se detiene en los números, considerando los costos de los insumos, para planificar la zafra de cultivos de invierno (trigo, cebada y colza).
El antecedente inmediato de la cosecha anterior es positivo, ya que tanto en trigo como en cebada el sector marcó récord de rendimiento en kilos por hectárea, con 4.181 kilos y 4.791, respectivamente, y el precio también fue superior a la campaña agrícola previa.
En las inmediaciones a Mercedes, “el maíz de primera ya se cosechó y el de secano (sin riego) anduvo muy mal, con rendimientos de 3.000 a 4.000 kilos por hectárea”, se lamentó Verdera.
Ese es otro de los cultivos que generaron gran expectativa entre los productores este año, pero que en esa zona no tuvo suerte.
El gerente de Calmer explicó que en el sur del departamento de Colonia y en el este la situación es diferente, ya que el registro de lluvias acumulado en los últimos meses fue más favorable para el crecimiento de los cultivos.
Al ser consultado por Búsqueda, el presidente de la Asociación Agropecuaria de Dolores, Andrés Alayón, dijo que la situación es “dispar” y “en general es complicada”; algunos cultivos de soja y maíz “se secaron”, y otros en lugares donde llovió “aguantaron más”.
“Si llueve entre hoy (martes 16) y el fin de semana próximo estamos en carrera, aunque con pérdida de rendimiento”, afirmó.
Destacó además la diferencia que hay en el estado de las plantaciones a una distancia de 20 kilómetros entre un lugar y otro.
En el marco del déficit hídrico, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) resolvió extender la declaración de emergencia agropecuaria por 60 días en los departamentos de Soriano y Río Negro, declaró a periodistas el martes 16 el titular de esa secretaría de Estado, Carlos Uriarte.
Dijo: “En algunos casos ya sabemos de chacras que se están abandonando o que se enfardan y se destinan al pastoreo, porque el resultado en grano, a pesar de los precios que hoy tenemos, ya no se recuperan”.
“Hay muchas otras áreas que están en buen estado y que nos hace pensar que, en definitiva, el primer año agrícola de este gobierno va a cerrar con muy buenos números”, aseguró.
Uriarte al analizar este tema en Radio Uruguay el viernes 12 resaltó que hay una “zona de privilegiados que están en Rivera, parte de Artigas, Salto y el norte de Tacuarembó a los que siempre les llovió”. “Parece un mundo aparte y es un vergel; ahora, el resto del país estuvo muy mal”, comparó. E indicó que la situación más “grave” es “la del núcleo agrícola”.
El ministro de Ganadería también adelantó la pérdida futura que tendrá la ganadería en la producción de terneros por el impacto negativo del déficit hídrico.
En la producción agrícola, considerando que hay otras zonas de plantaciones sojeras, “no esperamos resultados espectaculares, pero tampoco catastróficos”, dijo.
Destacó a su vez que “lo que ayuda es el precio de la soja, que es prácticamente el doble del registrado el año pasado, con valores superiores a US$ 500 la tonelada”. “Hay productores que ni con este precio van a evitar la pérdida en soja, pero vienen con el salvavidas de los cultivos de invierno”, planteó.
Agua sí, agua no
“Un golpe de agua será bienvenido, aunque tengamos que parar la cosecha de arroz, pero habrá un empuje para las pasturas” que precisa la ganadería y para el desarrollo sojero, señaló a Búsqueda el productor agrícola ganadero del departamento de Rocha, Rafael Graña.
El panorama en los campos del este, específicamente en suelos rochenses, es más auspicioso para los productores en comparación a otras regiones, como el litoral oeste, ya que para el agro esteño no faltaron lluvias en este verano.
Ese productor dijo que en Rocha en este momento “el productor tiene el corazón partido en dos”, con sensaciones encontradas, porque por un lado prefiere el clima seco para avanzar con la cosecha de arroz, y por otro sabe que necesita la lluvia para atender las necesidades de la ganadería.
La cosecha arrocera “viene bien, con resultados productivos en las chacras de entre 8.500 y 10.000 kilos por hectárea, similares a la zafra anterior”, indicó. Y acotó que “todavía falta para definir el rinde promedio del cultivo, ya que hasta ahora el avance de cosecha es del 10% del total sembrado en la zona”.
Es así que el arrocero quiere seguir con la trilla de arroz y el ganadero clama por el agua para el crecimiento de las pasturas.
Los productores del este están lejos de llegar al punto de tener que dar por pérdida sus chacras agrícolas y hacer fardos con eso para alimentar el ganado. Sin embargo, en la parte alta de Rocha, de la localidad de Alférez para arriba, la situación de las pasturas ya no es la misma de hace algunas semanas.
“Las pasturas venían bien pensando en el otoño y con la falta de lluvias se están resintiendo un poco”, advirtió Graña.
Sin agua, no hay pasto, y eso significa menos alimento disponible para los vacunos, así como mayor gasto para los empresarios del agro en la compra de raciones para la dieta del rodeo.