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Ya era un respetado director de fotografía (trabajó para Truffaut, Lean y Corman) cuando el artista plástico, escritor y entonces aspirante a cineasta Donald Cammell lo convenció de dirigir juntos Performance, la historia de un matón en fuga (James Fox) que encuentra refugio en el sótano de la decadente mansión de una exestrella de rock (Mick Jagger). Una historia sobre lo que parece la salida del infierno es en realidad la entrada. Roeg se encargó principalmente de la construcción de la atmósfera del filme, aunque también intervino en el guion y en la dirección de actores. Archivada durante más de un año antes de que Warner Brothers se atreviera estrenarla en 1970, lo que le dio el estatus de película de culto antes de llegar a las salas. Fue un debut explosivo. Aun así, Cammell y Roeg jamás volvieron a trabajar juntos. Cammell hizo solo cuatro películas antes de suicidarse a los 62. Roeg siguió un poco más, aunque su carrera fue, por decirlo de un modo amable, bastante accidentada. Una de sus obras, Contratiempo, fue catalogada “una película enferma hecha por personas enfermas para personas enfermas”.
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Roeg falleció el 23 de noviembre a los 90 años en su Londres natal. Después de más de 50 años de carrera, dejó algunas obras maestras, de las que curan a los enfermos y enferman a los sanos. Con una técnica depurada, reconocible, que le confiere una textura densa, a veces alucinada, como los propios giros de la trama, la de Roeg es una cinematografía mutante, que asusta, perturba, conmueve y genera placer y curiosidad. Puede ser con una historia en el desierto de Australia sobre dos hermanos que se cruzan con un joven aborigen que está cumpliendo el rito de iniciación a la adultez ( Encuentro entre dos mundos). Puede ser con un oscuro thriller de horror y dolor y elementos sobrenaturales que convierte a Venecia en la escenografía de una pesadilla sombría y aterradora, como sucede en Don’t Look Now (Venecia... rojo shocking). O con una fábula de ciencia ficción protagonizada por David Bowie ( El hombre que cayó a la Tierra). La película, visualmente cautivante, indaga en la condición humana desde la experiencia de un alienígena. Trastornó a un enfermo divino, Philip K. Dick, que nunca se la sacó de la cabeza; y Dick no fue, ni será, el único.