Abuelos con sus nietos, jóvenes de vaqueros y adultos formales: el martes 19 , la Orquesta Juvenil del Sodre “José Artigas” convocó en el Auditorio Nacional Adela Reta a un público diverso, entusiasta y más ruidoso y participativo del que suele tener un concierto de una orquesta sinfónica. El repertorio de “Tango: La Historia” ayudó a restarle solemnidad al espectáculo, pero la pasión de los músicos, que tienen entre 12 y 25 años, y de su director, fue lo que contagió a la audiencia.
Tal como se conoce hoy, la orquesta surgió de la alianza entre el Sodre y la Fundación de Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles del Uruguay. Pero el origen es anterior y tiene el sello de su conductor, el maestro Ariel Britos, un violista de la Orquesta Sinfónica del Sodre (Ossodre) que comenzó a trabajar hace 16 años con el sistema de orquestas de niños y jóvenes en Uruguay y en varios países de Latinoamérica.
Para ello, se capacitó en Venezuela, colaboró en programas de la Unesco y de la OEA, entre otros, y fue sembrando la idea de un conjunto interconectado de orquestas. “Decidí permanecer en Uruguay y trabajar en esto, que es lo que más me gusta. Los chicos son increíbles”, dijo el director a Búsqueda luego de uno de los ensayos.
Actualmente, el sistema reúne a 900 niños y jóvenes y llega a diferentes lugares del país con un objetivo educativo, dirigido, sobre todo, a la población de bajos recursos. En Montevideo, hay grupos orquestales en el Centro, en el Cerro y en Flor de Maroñas, mientras que en el interior hay orquestas estables en Florida y Lavalleja y se está trabajando para formarlas en San José y Cerro Largo. “Lo más adecuado es trabajar con niños a partir de los 5 años, cuando empiezan a tener algo de comprensión lectora, porque tienen que leer música desde el primer día. En las orquestas infantiles, el promedio de edad es de 8 años, y en las juveniles, de 20”, explicó Britos.
Para integrar la Orquesta Juvenil del Sodre, los aspirantes tienen que pasar por una audición, y si están en condiciones técnicas, pueden participar hasta los 30 años de edad. Hoy, la orquesta cuenta con 133 integrantes que reciben una beca según su grado de responsabilidad; el concertino, primer violinista y músico de mayor jerarquía después del director, recibe unos $ 6.000 mensuales.
Sonar como uno solo.
La temporada 2012 de la orquesta “José Artigas” comenzó con un repertorio de música clásica y tuvo tres conciertos dirigidos por maestros extranjeros de Chile, Francia y Suiza. Pero con el concierto de tango Britos dio un giro y se arriesgó con una propuesta diferente. “Tiene sus dificultades porque quienes tocan no son tangueros, y también porque una masa debe sonar como un solo instrumento. A veces, en los tangos se tiene el violín primero y el violín segundo y se pueden acoplar, pero acá tenemos 20 primeros violines y 20 segundos y todos tienen que tocar igual. Es difícil, también, el cambio de estilo. Cuando los músicos se terminan de meter en el tango de Gardel o de Troilo, les decimos ‘bueno, ahora es Pugliese’, y tienen que hacerlo de otra manera. Pero esta orquesta está acostumbrada a tocar obras complicadas”, comentó.
Con vaqueros, championes y buzos de algodón, los instrumentistas parecen aún más jóvenes. En el ensayo del miércoles 13, uno de los contrabajistas lleva una camiseta con la leyenda “Jazz do it”, y algunos integrantes tienen aspecto de roqueros. Se escuchan algunas bromas y conversaciones. Aunque, cuando llega el momento, todos siguen con atención las manos de Mario Roldós, un segundo violín de unos 20 años que está dirigiendo “Desde el alma” mientras sus compañeros esperan al maestro Britos. Una y otra vez reiteran un fragmento del tema, hacen arreglos en las partituras y vuelven a empezar.
En el ensayo está Juan Manuel Mouro, uno de los arregladores y una figura fundamental para este concierto por aunar su experiencia en orquestas típicas (fue el creador de la Orquesta “Mouro Maqueira”) con su trayectoria en la Filarmónica de Montevideo, de la que fue músico fundador y segundo violín, y en la Ossodre como primer violín. Mouro camina entre los músicos, les da indicaciones, y va y viene entre el director y el pianista invitado, Andrés Antúnez, otro de los arregladores.
Cuando llega Britos, presenta a los tres bandoneonistas que son invitados al recital, y hace algunos chistes: “Este tiene caravana, el del piano es peludo y aquel me tira besos, ¡esto es cualquier cosa!”. Todos se ríen y empiezan de nuevo a ensayar. Aún faltan días para el concierto. Y muchas horas de ensayo para tocar como un solo instrumento.
Más tarde, Britos le contó a Búsqueda que para él los ensayos deben ser descontracturados y que de continuo se producen diálogos con segunda intención. “Tratamos de que siempre la cosa sea divertida: de ninguna manera tiene que ser para ellos un tedio venir a la orquesta. A veces, los ensayos son un poco desordenados, como en el de hoy, que íbamos escribiendo mientras tocábamos. Lo que buscamos es que en cada ensayo suceda algo mágico, aunque dure dos minutos, algo que nos mueva a todos”.
Mantener a un grupo numeroso de jóvenes, muchos de ellos adolescentes, atento durante horas, no parece tarea sencilla, pero Britos afirma que todos sienten un gran compromiso y que eso los lleva a seguir la rutina y el sacrificio de los ensayos. “Es como una familia, nos llevamos bien, tenemos crisis, nos peleamos, nos arreglamos. Hay días en que ensayamos 10 o 12 horas, y en ese tiempo pasa de todo. Lo que primero hay que vencer es la relación de uno con el instrumento: a veces hay mucha frustración cuando las cosas no salen y no se puede tocar lo que uno quiere. Y esa frustración puede traducirse en enojo colectivo, aunque hay mecanismos de control para diluirlo”, afirma.
Entre los músicos, hay quienes están terminando el liceo o lo abandonaron: otros se dedican a dar clases. Pero el amor por la música ha despertado otros amores que derivaron en la formación de parejas dentro de la orquesta. “Hay más romance del que yo quisiera, uno hace todo para que armonicen musicalmente, pero ellos se las ingenian por otro lado”, comenta el director, entre resignado y divertido.
Desde la raíz.
En el origen, el tango se interpretaba con flauta y guitarra y además se bailaba entre hombres con movimientos aguerridos, como en un duelo. El concierto “Tango: La Historia” viajó hacia esas raíces y llegó hasta las versiones de la gran orquesta. El espectáculo incorporó a músicos más veteranos, como Julio Cobelli con su guitarra, quienes tocaron junto con los más jóvenes. Un momento emotivo se vivió con la participación del poeta Horacio Ferrer, con su canto recitado en “Balada para un loco” y con el reconocimiento que recibió del Sodre por su carrera.
La orquesta interpretó una selección de Carlos Gardel, de Aníbal Troilo y de Osvaldo Pugliese. El público tarareó algunos tangos, entonó los estribillos de “Garufa” y “Cambalache” con la cantante Ceriana Costa y siguió el compás de “Taquito militar”. Más de uno en la platea tuvo ganas de salir a bailar.
En el cierre, “La Cumparsita” dejó varias sorpresas. Una de ellas fue la entrada del Coro “Ayre”, que apareció fugazmente vocalizando el tango y con pancartas que decían “La Cumparsita”. Y así como entró, abandonó el escenario. La otra fueron los aplausos que, en medio de la interpretación del tango, la propia orquesta brindó a los solos de contrabajo, piano, violín y bandoneones. El público acompañó los aplausos, algo desconcertado.
Aunque el maestro Britos es músico de la Filarmónica de Montevideo y de la Ossodre, y también trabaja con el Ballet del Sodre, lo que más le gusta es dirigir a la Orquesta Juvenil. “Los jóvenes tienen a su favor la energía y la adrenalina. Son más demandantes, protestan, preguntan y piden consejo. La palabra ‘profesional’ cambia la historia, y hay cosas con los adultos que ya no suceden”.
En la orquesta “José Artigas” es bastante lo que sucede: está llevando un nuevo público a los conciertos y contagiando a otros jóvenes con su música. Y en un futuro no muy lejano, es posible que estos músicos integren con un espíritu renovado la Ossodre. Por eso, cuando hay tantas noticias sobre el desgano y la indiferencia de la juventud, es bueno dar una más alentadora: hay un dulce porvenir. Y viene cargado de música.