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A sus 28 años, el estadounidense Brooks Koepka entró en la historia grande del golf mundial al imponerse por segunda vez consecutiva en el Abierto de los Estados Unidos. El último antecedente de una retención del título se remonta a los años 1988 y 1989, cuando lo logró su compatriota Curtis Strange.
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Koepka empleó 281 golpes para los 72 hoyos de la espectacular cancha de Shinnecock Hills, ubicada cerca de Nueva York, el lugar elegido para la disputa de la 118ª edición del torneo. El inglés Tommy Fleetwood terminó en segundo lugar a solo un golpe del campéon, mientras que el venezolano Jhonattan Vegas fue el mejor sudamericano al finalizar en el puesto 41º con un acumulado de 294 golpes.
Por su victoria Koepka recibió US$ 2.160.000 de los US$ 12 millones que repartió el torneo en premios. El estadounidense Matt Parziale también se llevó un reconocimiento por haber sido el mejor aficionado, al finalizar en el puesto 48º.
Por otro lado, el score ganador de Koepka de 281 golpes, uno sobre el par del campo, tiene que haber dejado muy satisfechas a las autoridades de la USGA, entidad organizadora del campeonato. Esa institución aspira, y así lo remarca en cada edición, a que el US Open deba ser “el mayor desafío para un golfista”.
Esta vez la situación estuvo rodeada de una gran controversia, especialmente en la tercera jornada, cuando varios jugadores se quejaron por la forma en que fue presentada la cancha. Las críticas fueron fundadas sobre todo por algunas posiciones de banderas y la firmeza de los greens. En ese marco, las autoridades encargadas del campo regaron los greens en la tarde del sábado y los cortaron una sola vez buscando darles una superficie más blanda para la ronda final. Lamentablemente la USGA no mantuvo el grado de dificultad para la ronda final, lo que explica que 19 golfistas bajaron el par de la cancha ese día, incluyendo la espectacular ronda del inglés Fleetwood, quien terminó con una tarjeta de 63 golpes.
Está claro que los trabajos de preparación de una cancha para recibir un evento de dicha magnitud no es cosa de unos días, sino de años de trabajo. Las autoridades fijan las sedes con mucha antelación para que todo llegue en la mejor forma. El gran error de la USGA en esta edición del US Open fue en cuanto al marcado del campo, con fairways angostos y superficies de greens duras y rápidas con algunas posiciones de banderas realmente sorprendentes.
Un “corte” alto
Tras la disputa del Masters de Augusta, el segundo major del año comenzó el jueves 14 con la participación de 156 golfistas en busca de la gloria, dada la enorme importancia que han adquirido estos cuatro torneos en los últimos tiempos. En definitiva, son los campeonatos que definen y marcan la carrera de un golfista.
Ese día muy pocos jugadores bajaron el par del campo, demostrando las difíciles condiciones en que estaría presentada Shinnecock Hills. Dustin Johnson, el número uno del mundo, quedó como líder con un score de 70 golpes tras la primera ronda. El promedio de la cancha al final de la jornada quedó en 76,2 golpes. Unas lloviznas en la mañana del viernes 15 ablandaron los greens y, beneficiado por jugar a esa hora, Johnson apretó el acelerador y terminó con 67 golpes y una ventaja de cuatro golpes tras los 36 hoyos. El corte clasificatorio fue de ocho golpes sobre el par, uno de los más altos de los últimos tiempos, quedando fuera del torneo grandes candidatos como Rory McIlroy, Jason Day, Jordan Spieth, Sergio García, Jon Rahm y Tiger Woods, entre otros.
Las condiciones climáticas cambiaron drásticamente en la tercera ronda, cuando un fuerte viento cruzado volvió prácticamente imposible el juego. Johnson salió con un score de cuatro bajo el par y a los pocos hoyos ya estaba sobre el mismo por culpa de una terrible ida recorrida en 41 golpes. Los grandes tableros mostraban a la altura del hoyo 11 de la tercera ronda que ya no había golfistas bajo el par. El “desafío más exigente” que pretende la USGA se cumplía a rajatabla en Shinnecock Hills, con cuatro líderes al finalizar los 54 hoyos igualados con un score de 210 golpes.
La definición
Jugando casi tres horas antes que el grupo final, Tommy Fleetwood hizo 63 golpes y colocó el score de 282 en los tableros contra los cuales debían jugar el resto de los golfistas. Las duras críticas de varios jugadores, quienes afirmaban que a la USGA se le “había ido de la mano la cancha” llevó a la entidad rectora a modificar claramente las condiciones de la cancha para la ronda final. Por otra parte, el último antecedente de un US Open en Shinnecock fue en el 2004, cuando el comité decidió suspender el juego durante unos minutos en la vuelta final para regar los greens, porque la pelota directamente no se detenía. En esta oportunidad, la USGA había aprendido la lección, al final del recorrido el promedio de la vuelta pasó a ser de 72.1.
En ese marco, fue Brooks Koepka quien mantuvo la concentración en los hoyos finales y con una tarjeta de 68 golpes retuvo el título. “Cuando terminé el green del hoyo 12, vi en el tablero el score con que Fleetwood había terminado: ese era el número a batir. Había que estar muy concentrado tiro a tiro hasta el final y tener mucha paciencia”, afirmó el ganador en la entrega de premios.
Con respecto a las condiciones con que fue presentada la cancha de Shinnecock, Koepka respondió: “Todos jugamos en la misma cancha, desde el principio sabíamos que iba a ser terriblemente difícil, quizás el tercer día la situación se fue de control, pero para todos eran las mismas condiciones”.
“Este segundo major es un salto muy alto en mi carrera, es totalmente diferente a la primera vez en Erin Hills, porque con esta victoria siento que llegué a otro nivel, espero que lleguen más majors”, finalizó Koepka.