Robots que trabajan junto a personas en una línea de producción de alimentos, equipos que cargan sin esfuerzo una tras otra pesadas cajas sobre un pallet según la orden transmitida a través de un sistema informático, diseños digitales tridimensionales de un producto. Esos son algunos ejemplos de aplicar tecnología e inteligencia artificial para garantizar una operación sin interrupciones logrando mayor productividad, reducción de costos y defectos de fabricación. A esa “industria 4.0” es a la que Uruguay y las empresas del sector deben “abrirle la puerta”, porque de no hacerlo estarán “condenados al fracaso”, dijo el lunes 14 la ministra del ramo, Carolina Cosse, en la apertura de un foro enmarcado en la “Semana de la Industria”.
En esta “Semana de la Industria” se están presentando las tendencias productivas en las áreas de nanotecnología, robótica, fabricación digital, automatización, etcétera, que tienen la innovación como pilar. Se exponen ejemplos prácticos de sus aplicaciones a escala mundial y algunos casos en Uruguay. “Hay que acercar esos mundos a las industrias actuales”, dijo Cosse a Búsqueda.
En cuanto al nivel de actividad fabril, la ministra afirmó que en los últimos meses “hay señales de que el sector se va a estabilizar” y “va a empezar a repuntar un poco en su índice de volumen físico”. Sin embargo, estimó que eso llevará tiempo: “No se va a ver en un año”.
Ayer miércoles 16, Cosse afirmó al disertar en un evento organizado por la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM) en el complejo Punta Cala que si bien hay una situación “complicada”, los países vecinos “han tenido una realidad mucho peor”. Y destacó que “Uruguay ha sorteado esta encrucijada” con una meseta en el nivel de actividad económica.
En enero-setiembre la producción manufacturera bajó 2,3% (sin considerar la refinación de petróleo que realiza Ancap) frente al mismo lapso del año pasado, según los datos difundidos el viernes 11 por el Instituto Nacional de Estadística.
La Cámara de Industrias (CIU) prevé que este año la actividad del sector se retraiga entre 3% y 3,5%, respecto a 2015, exceptuando la producción de la refinería así como la actividad de las zonas francas que distorsionan la medición.
“Seguimos en el CTI”, graficó en diálogo con Búsqueda el titular de la CIU, Washington Corallo.
Consideró que si bien hay una “estabilización” reciente del nivel de actividad —porque aumentó la exportación a la región y dado el “alivio” que tuvieron algunos rubros con la mejora del precio internacional, como sucedió con los lácteos—, es preciso “adecuar costos” para procurar la “sostenibilidad” de las empresas en la realidad “inmediata”.
“Es importante pensar en la industria de 2020, como hablamos ahora de nanotecnología, microbiología, industria 4.0, la Internet de las cosas, robótica, pero también pensar en la industria uruguaya de hoy, en los problemas que tiene de competitividad, productividad y en preparar a la gente para los mercados que vienen”, indicó.
Señaló que es preciso “apoyar” a un conjunto de empresas que están teniendo problemas de rentabilidad para que puedan encarar el desafío de modernizar productos y procesos. “No hay que descuidarlas y generar desempleo, porque si hablamos de aperturas comerciales hay que dotar de competitividad al Uruguay para que puedan acceder a los mercados”, agregó. “Hay que adecuar los costos del país para seguir abriendo fronteras pero cuidando el trabajo nuestro, a las empresas que están produciendo hoy”, insistió.
Corallo se perfila para continuar en el cargo en las elecciones previstas para fin de mes, según dijeron a Búsqueda fuentes de esa gremial, que hoy jueves 17 celebrará el “Día de la Industria” y el 118º aniversario de su fundación.
“Un poco al revés”
Cosse consideró que Uruguay está en “buenas condiciones” para recorrer nuevos caminos que lo acerquen a la industria del futuro, que “subyace” en algunos sectores a escala local pero que ya está instalada en los países desarrollados.
Destacó que Uruguay puede cambiar su estructura productiva porque ha crecido en forma sostenida en los últimos años, tiene una “democracia sólida”, realizó cambios en su matriz energética y de telecomunicaciones, y además diversificó mercados.
Destacó la incursión de “algunos emprendedores” en nuevas áreas del conocimiento y la tecnología, y de instituciones como el Centro de Extensionismo Industrial que “golpea a la puerta” de las firmas para que vean oportunidades de innovación. A su juicio, se está “un poco al revés, yendo a generar la demanda en lugar de plantear cuál es la oferta de la innovación y que elijan los que la precisan. Estamos pinchando a las industrias para que vean que la necesitan”.
En ADM, la ministra aludió a la pérdida de empleo que en general acarrea la introducción de tecnología en la industria mundial. Citando estudios internacionales, planteó que para 2019 se estima que habrá en funcionamiento 2,6 millones de robots industriales y que será “exponencial” la velocidad de su incorporación. “¿Es para asustarse?”, preguntó.
Consideró que es preciso mirar lo que los países desarrollados han hecho para que el impacto de la introducción de tecnología tenga éxito no solo en el aumento de la producción sino también en el plano social. En esa línea, abogó por lograr un “gran acuerdo de educación para la ciencia”.
Robots “monstruos”.
El reemplazo del hombre por la máquina o la tecnología estuvo presente en los foros y exposiciones organizados en el marco de la “Semana de la Industria”.
“El concepto de la gente es que los robots son monstruos que los van a dejar sin trabajo y que van a destruir a la humanidad”, señaló Irene Pazos, del IEEE Sección Uruguay, una sociedad internacional de ingeniería. Indicó que la automatización “sin duda reemplaza gente”, que los resultados de los robots de software son “buenos” y permiten que quienes realizaban esas tareas hagan otras de control.
En la misma línea, Enrique Rodríguez, de KPM —una empresa dedicada a la ingeniería industrial—, señaló que en los casos en que instalaron robots en firmas uruguayas la gente no solo no se quedó sin trabajo sino que cambió su estatus dentro de la organización, y por ejemplo pasó a controlar la operación del equipo.
En otro orden, indicó que es posible “contener los costos” de introducir automatismos buscando “caminos intermedios, quizás sin tan alta tecnología pero aportando soluciones a un precio accesible”.
Entre los casos uruguayos de investigación y desarrollo en la industria se presentó el proyecto Omega, de la química Efice, ubicada en San José. Se trata de una inversión de U$S 300 millones con la que triplicará la producción de soda cáustica que provee a las plantas de celulosa. La empresa instalará además 24 plantas satélite interconectadas para la fabricación de derivados del cloro, explicó su presidente, Néstor Gómez Alcorta. Además, mencionó el desarrollo de productos para el agro y del “silicio grado solar”, un insumo para los paneles fotovoltaicos a partir del cloro y la ceniza de la cáscara de arroz que genera problemas medioambientales.
Otro caso fue el de Genexus (Artech), que incursionó en asociar bits a la producción agropecuaria. Su presidente, Nicolás Jodal, planteó que Uruguay tiene la oportunidad de ser, por su pequeña escala, un país beta test donde se puedan probar desarrollos.
La directora del laboratorio Apiter, Andrea Roth, repasó el camino recorrido por la empresa familiar para alcanzar la internacionalización del extracto de propóleo y los productos farmacéuticos desarrollados. Tras invertir en una nueva planta en Canelones, que cumple con los estándares internacionales en procesos y productos, Roth dijo que hubo “un antes y un después”, ya que la producción creció “exponencialmente”.
Ahora, Apiter está desarrollando aplicaciones terapéuticas con nanotecnología, con el apoyo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, informó.