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    El gobierno espera tener pronto hacia 2018 un plan para Uruguay a mediano y largo plazo

    “Articular el largo con el corto plazo”, ahí está la “complejidad” y la “virtud” de los gobernantes al momento de encarar procesos de planificación de políticas, afirma el español Ibon Zugasti, presidente de la principal red europea de prospectiva, una disciplina que busca predecir el futuro en determinadas áreas.

    Zugasti, vinculado al grupo empresarial vasco Mondragón, está colaborando con la administración del presidente Tabaré Vázquez, y la semana pasada participó en un taller con el equipo de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) que trabaja en un plan a futuro para Uruguay.

    En el corto plazo, el gobierno debe manejar una economía virtualmente estancada y con algunos desequilibrios macro que malhumoran a la población, como la pérdida de empleos y la inflación relativamente alta que corroe el poder adquisitivo salarial. Sin perder de vista tal coyuntura, ese equipo de la OPP está empezando a hacer trabajos de prospectiva y planificación a largo plazo con dos ejes principales: el cambio demográfico y la tendencia al envejecimiento poblacional, por un lado, y la transformación tecnológica y su impacto en distintos sectores productivos en el país, por otro. Hacia 2017 ya debería haber insumos como para, al año siguiente, tener pronto un plan de acción para el período 2020-2030, pero con la perspectiva puesta en el 2050, dijo a Búsqueda el director de Planificación de esa repartición de la Presidencia de la República, Fernando Isabella.

    La Dirección de Planificación es un área nueva y se la asimila, de algún modo, a la experiencia de la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE) que actuó entre 1960 y 1967 conducida por Enrique Iglesias. Allí funciona una unidad de prospectiva, que busca generar una reflexión que oriente los planes de desarrollo y las políticas públicas para el futuro.

    “La apuesta es a que Uruguay tenga una visión de largo plazo institucionalizada y que eso nos permita enganchar con otras de las patas fundamentales de la OPP, que es el presupuesto. Y que el presupuesto no sea una discusión de períodos estancos sino que exista una visión prospectiva al 2050, planes de desarrollo a 2030 y que esa perspectiva permita ir cada vez más a presupuestos por programa”, dijo el director de esa oficina, Álvaro García, en declaraciones publicadas el 25 de abril en el sitio web institucional.

    Envejecidos.

    “El mundo en general está mejorando en más factores de los que viene empeorando” y un ejemplo de eso es la reducción “sustancial” de la cantidad de pobres, aunque todavía hay 700 u 800 millones de personas en esa condición, dijo Zugasti en una charla que dio el 25 de mayo en la Torre Ejecutiva. El retroceso se da en aspectos como la violencia, la corrupción, el medioambiente y seguridad alimentaria, añadió. Según marcó el especialista, otro de los desafíos globales a largo plazo es el “envejecimiento de la población, que es un problema de Uruguay. Y no les digo en Europa”.

    Como punto de partida para el análisis del problema demográfico en Uruguay, la Dirección de Planificación toma como “prediagnóstico” una reciente investigación del Banco Mundial y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Con una tasa de crecimiento de 0,45% anual, se espera que la población del país llegue a un máximo (3,64 millones) hacia 2050 y luego comenzaría a declinar lentamente. Por grupos de edades, el número de niños se reducirá sostenidamente, los adultos mayores aumentarán sin parar y los de entre 15 y 64 años —el grueso de los activos— crecería hasta 2,3 millones en 2036 y luego caería a 1,8 millones a finales del siglo.

    “Los cambios demográficos esperados seguramente generarán presiones fiscales adicionales en áreas como salud y protección social, aunque en niveles que (…) deberían ser sostenibles si se gestionan adecuadamente. Por otro lado, en el área de educación se producirá un fenómeno particular: la disminución en la población de niños y jóvenes en edad escolar (que ya está ocurriendo desde principios de este siglo) resultará en menores demandas al fisco, por lo que parte de estos recursos podrían bien destinarse a mejorar la calidad del sistema educativo y aumentar la acumulación de capital humano por parte de las nuevas generaciones, o a financiar otras áreas prioritarias”, se indica en ese documento fechado en marzo pasado.

    Según Isabella, estas “son tendencias fuertes” que permiten anticipar con relativa certeza que en las próximas décadas será mayor la proporción de los tramos de más edad en el total y también el peso de los grupos de personas dependientes. Todo ello “impactará en la seguridad social, el sistema de salud, la educación y el mercado laboral”, añadió. Dijo que sobre estos asuntos se espera contar con resultados del trabajo de prospectiva hacia fines de este año o comienzos de 2017, para tener “escenarios definidos” sobre el cambio demográfico.

    Futuro productivo.

    Millennium Project, un think tank internacional fundado en 1996, elaboró un análisis sobre el futuro del trabajo y la tecnología al 2050. Allí señala que la naturaleza de las actividades laborales y los sistemas político-económicos tendrán que cambiar para ese año o de lo contrario podría haber un desempleo masivo de larga duración. “La inteligencia artificial del futuro, que puede crear, editar y ejecutar autónomamente el software de forma simultánea en todo el mundo, basada en la retroalimentación de las redes mundiales de sensores, es un factor histórico único en el desplazamiento de empleos. Afectará a todo el mundo”, más que lo que lo hizo Internet. Puede que se creen más empleos de los que son eliminados, como en el pasado, “pero la velocidad y la integración del cambio tecnológico y el crecimiento de la población es mucho mayor”, por lo que el “desempleo estructural es un futuro muy plausible”, plantea ese informe.

    Isabella dijo que a escala global se viene dando una “nueva revolución tecnológica con impactos productivos muy fuertes”, lo que plantea una “reconfiguración” de sectores de actividad.

    Frente a este fenómeno, la oficina a su cargo pretende “poder anticipar los escenarios más probables y establecer una estrategia acerca de cómo reaccionar”, explicó. Para ello está por licitar la elaboración de estudios prospectivos en 10 sectores (como alimentos, forestal-madera, hidrocarburos-minería, tecnología de la información, bioeconomía, turismo, servicios de exportación, servicios asociados a recursos naturales) para identificar cómo impactarán en cada uno los cambios tecnológicos y a partir de eso, determinar cuáles pueden resultar más promisorios. Eso dará pautas también de lo que puede suceder en el mercado laboral y los posibles cursos de acción.

    Con todos estos insumos, la OPP elaborará un plan para 2020-2030, que “trascienda un período de gobierno” y no se confunda con un sentido partidario, dijo Isabella. Ese será un “paso intermedio con la mira en el escenario del Uruguay a 2050” que se quiere lanzar en 2018.

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