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Como primer gesto celebratorio de los 100 años de relaciones diplomáticas entre Japón y Uruguay, el 2021 arrancó con la visita del canciller nipón a Montevideo y, en ese marco, la firma de un acuerdo de cooperación aduanera para darle fluidez al intercambio comercial. En poco tiempo entrará en vigor un tratado de protección de inversiones bilaterales, también habrá un sello conmemorativo, y se plantarán en territorio uruguayo árboles sakura, el cerezo japonés. En el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) visualizan este clima de festejos como una oportunidad para cuestiones más concretas, como conseguir plata prestada de inversores del país asiático.
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Está en la agenda de su Unidad de Gestión de Deuda diversificar los pasivos del gobierno por moneda. Y si bien la prioridad es ampliar la proporción del endeudamiento en pesos —en lo posible, sin ninguna indexación como fue la emisión concretada la semana pasada—, también tiene la intención de tomar deuda en yenes u otras divisas diferentes de la estadounidense. “No descartamos que antes de fin de año podamos emitir en moneda distinta del dólar. Nos parece muy atractiva la base inversora japonesa”, comentó el viernes 14, en radio El Espectador, el director de esa oficina del MEF, Herman Kamil.
Consultado por Búsqueda, acotó que se está en una “fase exploratoria. La decisión final de la eventual salida al mercado de Japón, así como el timing, dependerá —como es usual— de las condiciones” y del apetito que haya por parte de los inversores. El paso previo habitual es hacer reuniones con potenciales compradores; “allí podremos calibrar el volumen de demanda, y las tasas requeridas a cada plazo. En función de ello, definiremos la estrategia a seguir, incluyendo el tamaño de un eventual bono”, agregó Kamil.
Ir al mercado japonés permitiría seguir diversificando la base de inversores. Además, el mercado de yenes “ofrece actualmente tasas de interés más bajas que en las de otros países avanzados”, resaltó el jerarca.
Falta poco para que venza el único bono en yenes —Samurai— que tiene hoy en circulación Uruguay. Con tasa fija de 1,640%, amortizará el 3 de junio próximo, al cumplirse 10 años desde su emisión. Son 40.000 millones de yenes, equivalentes a unos US$ 366 millones.
En febrero del 2020, días antes del cambio de gobierno y la llegada del Covid-19 al país, la calificadora de riesgo japonesa Rating & Investment mantuvo la nota a la deuda soberana. “Mantener una sólida posición fiscal es fundamental para la estabilidad de la economía de Uruguay, que es pequeña y está expuesta a cambios en el entorno externo. El punto focal es si la nueva administración (...) podrá implementar la reforma de las pensiones y otras iniciativas y, por lo tanto, controlar los gastos estructurales”, señaló entonces.
La situación fiscal es un motivo de atención para los inversores que tienen a Uruguay en su radar; el déficit se amplió en 2020 a raíz de gastos extraordinarios asociados a la crisis por el Covid-19. Pero las autoridades perciben “confianza” en el país, resaltó la ministra de Economía, Azucena Arbeleche, en una conferencia de prensa el jueves después del cierre de una operación de deuda —la primera en mercados internacionales desde mediados del año pasado— por el equivalente a unos US$ 1.740 millones. Con eso, el gobierno se aseguró cubrir gran parte de las necesidades de fondos para el 2021.
Por un lado, colocó un nuevo Bono Global en pesos a tasa fija nominal (8,250%) al 2031 por el equivalente a US$ 1.166 millones. De ese total, US$ 750 millones fueron pagados por los inversores con dinero en efectivo, y el resto será destinado a la recompra de bonos en pesos con vencimiento en 2022.
La baja de la inflación y las expectativas de que esa tendencia se consolide, favoreció la demanda. La compensación por el alza de precios implícita en esta nueva emisión es de 5,99% en promedio, lo que “refuerza la credibilidad de la política monetaria”, afirmó el MEF en un comunicado.
Por otro lado, reabrió la colocación de un bono al mismo plazo pero nominado en dólares y una tasa de 2,45% anual. Emitió US$ 574 millones (US$ 500 millones de efectivo y el resto por recompra del bono en dólares al 2022), con un diferencial de rendimiento respecto a la deuda estadounidense de 0,8%.
El MEF informó que el libro de órdenes estuvo compuesto por más de 100 inversores institucionales de Estados Unidos, Europa, Asia, Uruguay y otros países latinoamericanos.
El nuevo Global en pesos nominales con vencimiento final en 2031 tuvo algunas pocas operaciones después de emitido. Fue a través de la Bolsa Electrónica de Valores, a precios levemente al alza.