• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    El inmortal

    “007 Operación Skyfall” y los 50 años de James Bond

    Todo comenzó con un señor atildado, de exquisita y auténtica flema británica, llamado Ian Fleming, que provenía de una familia acomodada. Era alto, fumaba y bebía en cantidades más que suficientes, viajaba por el mundo, tenía contactos en las altas esferas, disfrutaba de las mujeres y, entre otras cualidades, sabía jugar muy bien al bridge. Como nunca pudo vivir de la fortuna familiar se abrió paso primero como seductor nato, luego como banquero, acto seguido como agente secreto al servicio de Su Majestad durante la II Guerra Mundial y finalmente como escritor, actividad que le granjeó el éxito mundial. Empleando su propia experiencia en el espionaje naval (dicen que concebía planes tan descabellados como ingeniosos para desarticular a los alemanes) y su amplio conocimiento del mundo glamoroso, dio origen al espía más célebre de todos los tiempos, un hombre duro, de riguroso esmoquin, implacable con la pistola, irresistible para las mujeres y de fina ironía que siempre se presentaba —y lo seguirá haciendo para placer de una legión de fanáticos en el planeta y para disgusto de los malvados— como... Bond, James Bond.

    Fleming seguía conociendo ciudades y peces gordos, y también mujeres, una costumbre que heredó su agente con licencia para matar. Era saludado con justicia como un destacado escritor y reverenciado en los casinos, otra costumbre también heredada por 007. Su cuartel general estaba en Jamaica: la residencia “Goldeneye”, que según dicen no tenía cristales en las ventanas ni agua caliente. Desde allí concebía estrategias para combatir el Mal, una fuerza que, conviene aclararlo, no estaba identificada con ninguna bandera ni país sino más bien con la más estricta iniciativa privada del delito. Y también seguía bebiendo y fumando en cantidades asombrosas, cosa que precipitó su muerte el 12 de agosto de 1964, a los 56 años. Pero se fue de este mundo cruel con una amplia sonrisa en el rostro porque pudo disfrutar de las dos primeras películas de su querido Bond, “El satánico Dr. No” (1962) y “Desde Rusia con amor” (1963), que tienen el mejor de todos los rostros posibles para el agente secreto: el del escocés Sean Connery.

    Sean Connery

    Por ese entonces todavía no habían nacido ni Daniel Craig ni Sam Mendes, pero Judi Dench ya era una reconocida actriz de teatro que cada tanto iba al cine para descansar de Shakespeare, en plena Guerra Fría, con películas como “007 contra Goldfinger” (1964), con Gert Fröbe como el despiadado malo que ahogaba en oro a sus enemigos y que llegado el caso también tenía parlamentos sarcásticos. Cuando Connery le recrimina que para saquear la reserva de oro de Fort Knox terminará con la vida de muchos inocentes, Fröbe le responde muy suelto de cuerpo:

    Ian Fleming

    —Los aliados hicieron algo más en Hiroshima y Nagasaki.

    Aston Martin

    Los dardos irónicos siempre fueron una constante en las novelas de Fleming y en las películas de James Bond, producidas por Harry Saltzman y Albert Broccoli y siempre asociadas a United Artists, luego devorada por el león de la Metro. Cincuenta años después de la primera entrega de la saga llega esta flamante 007 Operación Skyfall, que sin tener ninguna historia de Fleming detrás porque ya se filmaron todas, igualmente conserva su espíritu y lo lleva un poquito más allá.

    Nuestro agente inmortal debe enfrentar a un terrible hacker que tiene una deuda personal e intransferible con la jefa de los servicios secretos M (Judi Dench) y no piensa detenerse hasta verla muerta. La acción va desde el Reino Unido hasta Estambul y Shanghai, incluye dos momentos adrenalínicos al mango y finaliza con una secuencia en un desolado paraje de Escocia que es una especie de combate a la vieja usanza: un pelotón de criminales llega a pie a una casa abandonada donde se refugian Bond, M y un veterano de mil guerras que es Albert Finney. Los malos tienen armas de última generación; los refugiados cuentan con escopetas de caza y alguna que otra antigualla... como el glorioso Aston Martin plateado, aquel modelo que tenía ametralladores y un asiento que expulsaba por los aires al chino de “Goldfinger”. Cuando apareció el auto y sonó el leitmotiv con más punch de la historia del cine, creado por John Barry y Monty Norman, este cronista tuvo un nudo en la garganta y no pudo reprimir una lágrima.

    Dejemos de lado a Connery, que es intocable porque fue el primero y el mejor, y la prueba está en las películas mencionadas y en “Operación Trueno” (1965), “Solo se vive dos veces” (1967) y “Los diamantes son eternos” (1971). En su última interpretación del agente 007 para “Nunca digas nunca jamás” (1983, película no oficial de James Bond), un ignoto y cretino Steven Seagal le rompió la muñeca durante un entrenamiento. A los 82 años y ya lejos de cualquier cancha que no sea de golf, Connery todavía conserva una presencia física como la de otro viejo intocable: Clint Eastwood.

    Olvidemos al pobre George Lazenby (“Al servicio secreto de Su Majestad”, 1969), que a los 73 años goza de buena salud, se dedica a los negocios inmobiliarios, a jugar al tenis y al golf y, con extrema sapiencia, se ha retirado de la actuación.

    Dejemos de lado al santo Roger Moore (1927), que fue un digno defensor del mundo libre en “Viva y deje morir” (1973), “El hombre con el revólver de oro” (1974, el malo era Christopher Lee, primo de Ian Fleming), “La espía que me amó” (1977), “Moonraker, misión espacial” (1979), “Solo para tus ojos” (1981), “Octopussy” (1983) y “En la mira de los asesinos” (1985). Hasta el momento, él y Connery van a la cabeza de la tabla de goleadores con siete películas.

    Dejemos de lado al galés Timothy Dalton (1944) y sus dos incursiones como el agente secreto: “Su nombre es peligro” (1987) y “007 con licencia para matar” (1989). El hombre mereció mejor suerte, pero la pobre taquilla le quitó la licencia y la pistola.

    Dejemos de lado al irlandés Pierce Brosnan (1953), un período digno pero no demasiado brillante, con “Goldeneye” (1995), “El mañana nunca muere” (1997), “El mundo no basta” (1999) y “Otro día para morir” (2002).

    ¿Qué tiene Daniel Craig (1968) que ya va por la tercera entrega y promete varias más? La certidumbre estampada en la mirada de que, después de Connery, es el más apto para el papel.

    Además de ser un estupendo actor y de haber dado un taquillazo con 007 Operación Skyfall —lo que significa que la gente definitivamente lo aprobó—, demuestra un gran amor por el personaje: lo hace creíble y le coloca un sesgo entre retro y posmoderno. Es un profesional pesimista: no habla mucho pero sugiere bastante.

    —¿Dónde has estado durante todo este tiempo?— le pregunta M.

    —Disfrutando de la muerte —contesta el superagente.

    Y en las escenas de acción es mejor que sus antecesores (con excepción de Connery, claro). No es fácil hincarle el diente a un arquetipo que no se deja mover con facilidad, que no permite variaciones y que sin embargo exige el sello de cada intérprete. Y Craig lo consigue en “Casino Royale” (2006), que es una buena película, y en “Quantum of Solace” (2008), que es muy mala.

    007 Operación Skyfall tiene un par de cosas que la ponen a la altura de las mejores entregas: el mejor director que jamás nunca tuvo Bond y un malo de primera, que es fundamental, como lo demostraran entre otros embajadores del crimen organizado Joseph Wiseman, Adolfo Celi, Donald Pleasence, Klaus Maria Brandauer y Mads Mikkelsen, cada uno de un modo distinto, con gato o sin gato, con mano de hierro o simplemente dura, con una horrenda cicatriz o el milagro de una lágrima de sangre, o lo que es mejor: con tan solo una mirada y un tono en la voz que convencen a cualquiera de que allí está el mal y no se juega.

    En este caso la elección fue un golazo: Javier Bardem. El tipo llega en ascensor. Lo vemos a lo lejos. Entra caminando lentamente y recuerda en voz alta para Bond, que está atado en una silla, un consejo de su abuela acerca de cómo exterminar ratas en una isla. Primero irrumpe la voz, luego Bardem propiamente dicho. Es el mejor momento de la película. Además, su maldad es completamente diferente a la bestia apocalíptica de “Sin lugar para los débiles” o al narcotraficante de “Colateral”. Esta vez es un ángel caído, un traicionado, un perturbado sexual, un freak, y todo en un paquete malévolo con pelito blanco terrajún y un implante bucal inquietante.

    Que Sam Mendes (1965), no un artesano, no un cineasta profesional sino un artista de peso (“Belleza americana”, “Camino a la perdición”, “Soldado anónimo”, “Solo un sueño” y “El mejor lugar del mundo”, todos pe-li-cu-lo-nes) haya aceptado dirigir una franquicia de James Bond, solo habla de su amor por el personaje y todo lo que representa. Y lo demuestra en dos o tres secuencias que sin salirse de la nomenclatura necesaria que todo amante de la saga espera encontrar (acción y más acción de la buena), tienen algo diferente, una especie de toque de lujo, como si fuese la pisadita adicional de un jugador talentoso.

    Asimismo debemos agradecer a las chicas Bond de ayer, hoy y siempre (a Ursula, a Claudine, a Barbara, a Britt, a Halle, a todas las que jugaron y juegan del lado del bien y también a las zorritas), y damos la bienvenida a Ralph Fiennes, que por lo visto nos acompañará en las próximas entregas.

    Hay Bond para rato. Que tiemblen los malos.

    “007 Operación Skyfall” (“Skyfall”). EEUU-Gran Bretaña, 2012. Dirección: Sam Mendes. Guión: Neal Purvis, Robert Wade y John Logan. Con Daniel Craig, Javier Bardem, Judi Dench, Naomie Harris, Ralph Fiennes, Albert Finney, Ben Whishaw. Duración: 143 minutos.

    Vida Cultural
    2012-11-08T00:00:00

    // Leer el objeto desde localStorage