Por orden de su comandante en jefe, Pedro Aguerre, el Ejército cambió el paso militar que comenzó a utilizar en sus desfiles desde el golpe de Estado de 1973 y volvió a emplear el paso anterior a esa fecha, informaron a Búsqueda fuentes militares.
Por orden de su comandante en jefe, Pedro Aguerre, el Ejército cambió el paso militar que comenzó a utilizar en sus desfiles desde el golpe de Estado de 1973 y volvió a emplear el paso anterior a esa fecha, informaron a Búsqueda fuentes militares.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAdemás de su fuerte carga simbólica como elemento de distanciamiento respecto de la dictadura, varios informantes castrenses señalaron que el cambio de paso también forma parte de una línea de trabajo de Aguerre que tiene por objetivo romper barreras entre el Ejército y el resto de la sociedad.
El 24 de mayo, en Durazno, se produjo la mayor movilización militar desde la restauración de la democracia en marzo de 1985, para celebrar el “Día del Ejército”. Ese día, la fuerza realizó un desfile con despliegue de decenas de vehículos y armas y cientos de efectivos; miles de personas siguieron el acontecimiento en las calles de la capital departamental.
Más allá del inusual despliegue, algo histórico estaba ocurriendo, que pasó inadvertido para los civiles: por primera vez desde 1973 el Ejército estaba dejando de desfilar con el paso “de disuasión”, como se lo conoce en su jerga interna.
Ese paso comenzó a ser empleado a partir de la dictadura que gobernó Uruguay tras el golpe de Estado de 1973. El paso “de disuasión” implica que en cada paso se apoya por completo la planta del pie. En la jerga castrense se dice que ese paso se da como “pisando huevos”. Se lo considera “de disuasión” porque implica una actitud de avance previa a la represión, y eso infunde un temor que puede resultar disuasivo.
Ahora, en virtud de una orden que Aguerre transmitió a todas las unidades del Ejército, la institución desfila con un paso en tres fases: primero se apoya el talón, luego la planta completa, y por último la punta del pie, explicaron las fuentes.
La decisión del comandante en jefe se enmarca en una serie de acciones que ha emprendido desde que asumió su cargo en octubre del 2011. La base es la transmisión de un concepto que, de forma resumida, implica que el Ejército “es de todos”, del Estado, no de un gobierno específico ni de un partido político, que precisamente es apolítico, y que su compromiso es con la República, con la Constitución y con la ley, según los informantes.
Además del peso que lo simbólico tiene en el mundo militar en general, para Aguerre en particular ese es un aspecto muy importante. Por ejemplo, el día que asumió su cargo, lo hizo con su saco despojado de los clásicos distintivos que lucen los oficiales.
Cuando durante una entrevista Búsqueda (Nº 1.635) le preguntó por qué quitó esos distintivos, Aguerre contestó: “Al llegar a comandante en jefe, ya saben quién soy y llegué a lo máximo a lo que puede aspirar un oficial. Las chapas que yo quiero ganar ahora son las que no se ven, son las que se llevan adentro. Son las chapas morales o las chapas éticas, que son las que me preocupan. Mi tiempo de decir lo que me esforcé durante mi carrera ya pasó. Ya llegué. Ahora es mi tiempo de ver si todo lo que yo me esforcé tiene efectos positivos o no. Las condecoraciones que yo quiero lucir son las de mis subalternos, que para eso estoy: para defender a mis subalternos. Lo demás, para un comandante, es pura vanidad”.
De hecho, ese concepto transmitido a la oficialidad es lo que explica el rechazo y la tensión que generaron en la interna del Ejército los discursos que pronunciaron militares venezolanos días atrás, con contenido ideológico y político.
El 25 de junio, en el anfiteatro del Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES), dos oficiales venezolanos pronunciaron discursos en un evento organizado por el Ministerio de Defensa (Búsqueda Nº 1.668). El público estaba integrado por oficiales venezolanos y uruguayos que realizan cursos de Estado Mayor en sus respectivas fuerzas.
Las apreciaciones ideológicas y los gritos de “¡Independencia y patria socialista! ¡Viviremos y venceremos!” molestaron a varios de los oficiales uruguayos presentes y generaron cuestionamientos políticos severos.
Sin perjuicio de ello, en la interna del Ejército el hecho provocó diálogos y análisis en diferentes niveles, sobre la base de que los oficiales no quieren que se los comprometa con discursos políticos, porque entienden que la institución debe dedicarse a lo profesional militar sin aspectos políticos de signo alguno. En eso coincidieron todas las fuentes consultadas.
En un contexto de molestia, el 5 de julio, cuando la Embajada de Venezuela celebró el día de independencia de su país, ningún oficial del Ejército uruguayo concurrió, si bien varios fueron invitados. Aunque por un lado influyó el hecho de que el mismo día y a la misma hora se desarrollaba una reunión de Aguerre con los generales previamente acordada, otros oficiales invitados decidieron personalmente no concurrir como forma de expresar su malestar, según las fuentes.