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    El joven relevo para Vázquez y Mujica que se disparó en un pie

    “Ya vuelvo”, dijo, y se levantó del estudio de CX 36 como para ir al baño. Los minutos fueron pasando, la tanda se terminaba y el entrevistado de ese mediodía, el diputado Raúl Fernando Sendic, no regresaba.

    Y no regresó. Con la cancha y el boliche que tenía, al periodista Efraín Churi Iribarne no le costó demasiado engolar la voz y apelar a una muletilla que usaba a menudo: “Bien, seguimos con la temática del día”.

    La “temática” de ese día de comienzos de febrero de 2004 era, en CX 36, bastante paradojal: el Frente Amplio había ganado las elecciones, pero el Movimiento 26 de Marzo, dueño de la radio y del diario La Juventud, que presentó una plataforma radical que resistió la designación de Danilo Astori como ministro de Economía, no había logrado representación parlamentaria.

    Sendic había vaticinado en Le Monde Diplomatique “el fracaso del discurso de centro que la mayoría de la izquierda encabezada por Tabaré Vázquez viene ensayando” y con el resultado se deprimió.

    Luego, a espaldas de sus compañeros, aceptó una muy tentadora oferta del recién electo Tabaré Vázquez: la vicepresidencia de la petrolera estatal Ancap para ponerse al frente del proyecto sucroalcoholero de Bella Unión y la reapertura de la planta de El Espinillar en su Paysandú natal.

    “No entiendo por qué me critican con tanta virulencia, yo no cambié tanto”, se lamentó años después ante un periodista en pleno auge inversor en el norte del país.

    El hijo mayor del Bebe.

    En junio de 2005, los dirigentes del Movimiento 26 de Marzo se enteraron por Búsqueda de que el exdiputado había abandonado el sector. De todas formas, el proceso para pasar del 26 “seispuntista” al nuevo Compromiso Frenteamplista con un puñado de fieles había comenzado ya en 2004. Por ejemplo, cuando murió el expresidente del Frente Amplio, Líber Seregni, Sendic no logró que la radio de su sector cambiara la programación y por eso incluso recibió algunos abucheos cuando se presentó en el velorio.

    Los “seispuntistas” seguían hablando de no pagar la deuda externa y por lo tanto los nombres de Astori y del futuro ministro de Industria Jorge Lepra eran mala palabra, pero el joven dirigente había hecho un proceso diferente.

    La vida del primogénito del fundador del Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros (MLN-T) había pasado hasta entonces por tres etapas bien definidas: su infancia y adolescencia en el barrio Obrero de Paysandú, la juventud en Cuba y el regreso al Uruguay para proseguir con la sacrificada militancia política en el grupo escindido y enemistado con el movimiento fundado por su padre.

    Raúl Fernando había festejado su primer cumpleaños sin el padre, porque en esos días, en agosto de 1963, este había tomado parte del asalto al Tiro Suizo de Nueva Helvecia y buscado por la Policía debió pasar a la clandestinidad.

    La caída del padre en prisión en 1970 fue una oportunidad para verse en las visitas en Punta Carretas, porque hasta entonces los encuentros eran muy irregulares y fugaces; a veces a orillas del río Queguay o en una rápida pasada por la casa.

    Fabricar cinchas para caballos para un talabartero solidario y contar los pesos para llevar el paquete con alimentos, utensilios y ropa a la cárcel fueron rutina de los hermanos y la madre, Nilda Rodríguez, durante los años escolares en los que ser hijo de preso no era buena tarjeta de recomendación.

    Bajo duras condiciones de vida en los cuarteles, el Bebe se las ingenió para arreglar a través de su hermano Victoriano que los dos muchachos, Raúl y Ramiro, salieran para Cuba, en 1979, como había ocurrido con las otras dos parejas (Violeta Setelich y Xenia Itté) y su prole.

    Al parecer, Sendic les prohibió a sus hijos estudiar abogacía como él, porque quería que hicieran carreras científicas.

    Los cubanos, que tenían al jefe guerrillero uruguayo como una especie de semidiós, les ofrecieron de todo, incluso estudiar Ingeniería Nuclear en la República Democrática Alemana (RDA), pero el vicepresidente optó por Medicina que, como es archisabido, no terminó.

    Es que junto con la chance de estudiar, los cubanos abrieron a los hijos del Bebe el camino para la militancia con los “seispuntistas”, que además de la lucha armada y el reconocimiento de la Unión Soviética y la perla de las Antillas como faros, veían como aliados a los comunistas.

    Si todo eso era un lío entre los tupas del exilio, más aún lo fue al regreso a Montevideo, en 1985, cuando los presos y sus rencillas salieron de los penales y cuarteles.

    Un comando “seispuntista” que integraron, entre otros, José Enríquez, Nilson Márquez, Raúl y Ramiro, “secuestró” al Bebe en un apartamento alquilado exprofeso en Martí casi la rambla de Pocitos, al que ingresaban en un auto Toyota por el garaje.

    El líder recién liberado, que había recibido un tiro en la cara cuando se resistió al arresto de los Fusileros Navales en setiembre de 1972 y que salvó la vida porque el oficial a cargo se negó a rematarlo como exigía un oficial de Policía, no quería aparecer en público debido a los problemas para hablar y además, tomaba lógicas precauciones.

    Un mes después de recobrar la libertad, ya algo adaptado a la nueva vida, Sendic discutió con sus hijos, les devolvió la pistola que le habían regalado para su cumpleaños y se fue a Paso de la Arena a vivir con su compañera Xenia en un rancho que le prestó José Pepe Mujica.

    El vínculo de Sendic con buena parte de los viejos tupas no fue mejor que con los disidentes, ya que no pocos lo trataron de loco para quedarse con la “herencia”. Bastantes exmilitantes consideran aún hoy que Sendic fue traicionado y que debido a eso rompió con la orga y fundó el Movimiento por la Tierra.

    A Raúl Fernando y Ramiro ya no los vio más. Cuando murió en Francia en 1989, el primogénito y su grupo, por cuerda separada del MLN-T, daban los últimos exámenes para ingresar al Frente Amplio.

    El nuevo Sendic.

    El militante austero que se alojaba en casa de compañeros cuando estaba fuera de recorrida en cualquier parte dio paso a un político más distante. Los jeans, la barba de varios días y las mesadas mínimas comenzaron a ser reemplazadas por trajes de marca, un cuidado de la estética, viáticos más generosos y un título de licenciado en Genética que nunca existió.

    Uno de los cientistas sociales y médicos que lo acompañaron desde 2009 llegó luego a la conclusión de que, con los años, Sendic quiso creer que había cumplido con el mandato de su padre y por eso la mentira del título de licenciado.

    Cuando los invitó a comer un cordero en su casa del barrio Capurro en el que vivía con su esposa y dos hijos, para pedirles que se sumaran al sector, Sendic iba camino a convertirse en un dirigente “moderado”, que seguía hablando de estatismo y desarrollo productivo pero disputando el centro político a Astori.

    También se había revelado como alguien distante, que no dejaba que el otro se acercara demasiado y que no discutía salvo con el grupo más cerrado.

    Sin embargo, aunque Sendic no fue candidato, los jóvenes de su sector lograron cargos en el gobierno de Mujica, que le tenía reservada la presidencia de Ancap, un lugar que, además de impulsar ciertas políticas, sería la plataforma para su propia candidatura en 2014.

    Mujica, que había reconocido que venían todos del mismo “boniato tupamaro”, dijo también que le atraía la idea de que “un Sendic fuera presidente del Uruguay” y destacó la “inteligencia y picardía” heredada de su padre guerrillero, aunque también la falta de voluntad de este para competir.

    Este posible plan “A” de Mujica, sin embargo, fue frenado por la segunda candidatura de Vázquez, quien a pesar de los pesares daba muchas más seguridades de éxito a todos, incluido el Movimiento de Participación Popular (MPP), porque para parte de los dirigentes de ese sector, Sendic Rodríguez era una espina difícil de tragar.

    El resultado de las elecciones internas, en la que muchos cambiaron la lista 609 por la 711 y para la que contaron con fuertes recursos económicos, fue una buena jugada que permitió a Sendic correr al otro día a la Torre Ejecutiva y al salir anunciar, sin rubor, que debía ser el candidato a la vicepresidencia.

    Aunque Vázquez tenía otros planes, terminó aceptando y al igual que antes con Rodolfo Nin Novoa, hizo una buena yunta recorriendo el país, sin contar con que ambos tuvieron en el pasado vínculos con los salesianos.

    El hijo del amigo y asesor del presidente, Juan Salgado, fue uno de los empresarios que apoyó a la lista de Sendic. Más tarde, el vicepresidente fue invitado incluso al reducido grupo del campamento instalado en la estancia de Anchorena, sin jugar al truco ni ser amante de la pesca.

    A pesar de haber logrado actuar como articulador entre Vázquez y Mujica, los dos imanes del oficialismo, su imagen comenzó a caer cuando El Observador publicó que no tenía el titulo de licenciado y en lugar de admitirlo siguió la mentira.

    Después todo comenzó a ir barranca abajo para él.

    (Fuentes: Xenia Itté, viuda de Sendic, canta las 40, entrevista de Gerardo Tagliaferro; Sendic, de Samuel Blixen; Raúl Sendic Rodríguez, libro colectivo de reportajes y entrevistas; Treinta días con Sendic, de José Enríquez; Sendic, La carrera del hijo pródigo, de Patricia Madrid y Viviana Ruggiero, y Una oveja negra al poder, de Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz)

    Información Nacional
    2017-09-07T00:00:00

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