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    El lugar que se come el tiempo

    “True Detective”, exitosa primera temporada de la serie de HBO

    Grandes extensiones de tierra surcadas por pantanos, casas solitarias y maltrechas con graneros oscuros, iglesias abandonadas que han perdido el techo con el paso de algún huracán. Todo tiene un aspecto desolado y amenazante, como si algo terrible se escondiera en las aguas quietas o algo muy desagradable estuviera por suceder. Esta es la Luisiana de True Detective, la serie policial del canal HBO, dirigida por el norteamericano Cary Fukunaga, cuya primera temporada de ocho capítulos acaba de finalizar con récord de audiencia.

    Más que un escenario, este paisaje del sur profundo de Estados Unidos es otro personaje que envía señales, a veces confusas, a veces certeras, a quienes investigan en esas tierras. “No me gusta este sitio. Nada crece en la dirección adecuada”, dice uno de los protagonistas de la serie. Él es Rust Cohle, un detective que muy pronto se recordará como una figura de culto. El actor Matthew McConaughey, quien acaba de recibir un Oscar por su protagónico en “Dallas Buyers Club”, interpreta con grandeza un Cohle reflexivo, parsimonioso, casi místico.

    Se complementa muy bien con su compañero, el detective Marty Hart, interpretado por Woody Harrelson con un acento sureño cerrado, como si permanentemente estuviera mascando tabaco. Hart es un policía tradicional, práctico, sin muchas vueltas, que mira de reojo y con desconfianza a Cohle cuando le suelta frases de contenido filosófico. Le llevará siete capítulos entender a su compañero.

    El atractivo de esta primera temporada se apoya en la pareja protagónica y también en la estructura narrativa de la serie. La historia comienza en el pasado de los personajes, en 1995, pero va alternando con un presente que se ubica en el 2012. Los detectives tienen su primer caso juntos cuando aparece asesinada una mujer en una comunidad rural de Luisiana. El cuerpo estaba desnudo, de rodillas contra un árbol, atado de pies y manos, con un tatuaje pintado en la espalda y cuernos de ciervo en la cabeza. El conjunto era macabro y todo hacía pensar en un ritual satánico.

    Los detectives Hart y Cohle se embarcan en esa investigación que los llevará hacia tabernas con parroquianos silenciosos y ariscos, prostitutas atemorizadas, predicadores evangélicos de dudosa reputación, ancianas con recuerdos borrosos y niños desaparecidos. Cohle lleva siempre un cuaderno debajo del brazo y dibuja rostros, símbolos, paisajes. Él mira a los ojos, hace preguntas con calma y logra datos reveladores. Mientras, su compañero lo observa y se impacienta, pero escucha y aprende de frases como: “Toca la oscuridad y la oscuridad te devolverá ese toque’’.

    En esta parte de la trama van apareciendo las historias personales de los detectives. Así se va construyendo a un Cohle nihilista y solitario, con una historia trágica en la que tuvo una pérdida dolorosa y un trabajo como policía encubierto que lo sumergió en las drogas pesadas. Hart lleva una vida más común, pero también tiene sus dobleces, mantiene relaciones con otras mujeres por fuera de su matrimonio con Maggie (Michelle Monaghan) y la tensión en la pareja será un componente importante de la historia. Hart es un detective que ha visto horrores en su carrera y está harto de ser policía. Por eso no puede ser indiferente cuando su compañero le dice: “La vida es apenas lo suficientemente larga para ser bueno en algo. Así que ten cuidado en lo que eres bueno”.

    A esta línea argumental que transcurre en el pasado, se le intercala lo que ocurre en 2012. Los detectives aparecen avejentados, sobre todo Cohle, con su pelo largo y canoso atado con descuido en una coleta. Ambos son interrogados por separado por una pareja de policías. Ellos quieren averiguar sobre lo que sucedió en 1995. Lo interesante de estos momentos es que el espectador no sabe qué pasó con los detectives en esos 17 años y por qué los están interrogando.

    En estas apariciones, Cohle se muestra más misterioso que nunca, fuma y toma cerveza sin parar. Cuando termina, aplasta las latas y hace muñequitos de metal, mientras habla de mundos paralelos y de la vida circular. Los policías que lo interrogan lo miran serios, no saben si es un genio, si está loco o si es un criminal al que hay que temer.

    Hay que esperar al capítulo siete para que las dos líneas argumentales se junten y tomen sentido. Todo llevará hacia Carcosa, “el lugar que se come el tiempo”, un sitio con “un viento de voces invisibles”, donde “la muerte no es el final”. En definitiva, Carcosa mete miedo antes de conocerlo, como en general ocurre en toda la historia. El horror en esta serie no se muestra completo, se insinúa, se deja ver en imágenes fugaces de hombres con máscaras de animales, en la puerta sucia de un microondas donde antes “cocinaron” un bebé, en el rostro perdido de una niña abusada.

    Los fanáticos de la serie se han encargado de rastrear un número importante de citas y alusiones literarias o filosóficas que le dan espesor a la historia. Es que detrás del guión está Nic Pizzolatto, un escritor que primero hizo una novela y después la adaptó a la serie. Allí están los ecos de Ambrose Bierce con su cuento “Un habitante de Carcosa”, el pesimismo de Émile Michel Cioran, el horror de H. P. Lovecraft, los paisajes angustiantes de Cormac McCarthy y los de “El jardín de las delicias” en el cuadro de El Bosco.

    Todo se narra al ritmo de una estupenda banda sonora a cargo de T Bone Burnett que aporta un ritmo country triste y lento. Y cada capítulo se abre con el tema “Far From Any Road”, de la banda The Handsome Family, de Chicago, otro sonido que quedará en el recuerdo.

    La mala noticia es que, como esta es una serie de “antología”, habrá otras temporadas pero con otras historias, otros personajes y otros actores. La buena noticia es que detrás de la segunda temporada continuará la pluma de Pizzolato.

    A pesar de que el capítulo final fue el más flojo, que quedaron puntas sin cerrar y que se llega a la obvia conclusión de que todo se reduce a la lucha entre el Bien y el Mal, será difícil superar esta temporada. Y para sus seguidores, será difícil olvidar la textura de los paisajes, las resonancias de la “filosofía Cohle” y la magnífica interpretación de Matthew McConaughey. ¿Dónde se había escondido su garra de actor todo este tiempo?

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