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    El nido sacudido: se estrena el drama argentino “Un pájaro azul”

    La película del director Ariel Rotter le valió al uruguayo Alfonso Tort el premio a Mejor actor en el Festival de Biarritz

    Las aves anuncian el inicio de Un pájaro azul, la nueva película del director y guionista argentino Ariel Rotter que llega hoy, jueves 4, a los cines. Son sus cantos los que acompañan imágenes de árboles de la ciudad de Buenos Aires. A un plano de ramas frondosas bajo un día soleado le sigue otra imagen, la de dos cuerpos desnudos en una cama. Son los de Javier y Valeria (Alfonso Tort y Julieta Zylberberg).

    Javier está reclinado y con los ojos cerrados mientras que Valeria, con las patas sobre su vientre, le pregunta: “¿Ya estará?”. Detrás de esa pose hay una sufrida búsqueda de años para ambos: la de tener un bebé. Ahora, los pájaros apenas se oyen bajo una calma que presagia una tormenta que estallará cinco escenas después, cuando Javier descubra de pronto que ha dejado embarazada a una compañera del trabajo tras un encuentro casual en un viaje de negocios.

    Un pájaro azul parte de la crisis amorosa de una pareja de clase media bonaerense que alguna vez soñó con un futuro juntos. A partir de allí, se desencadena el proceso de destrucción y reconstrucción de Javier, un hombre devastado tras el derrumbe, en un abrir y cerrar de ojos, del anhelo de formar una familia en un nuevo hogar.

    Rotter transita el desgaste amoroso y la inmadurez emocional de su inestable protagonista. Es una película marcada por la introspección, que aparece en los diferentes hogares por los que transita Javier y reflejan sus vicisitudes, hasta la suya propia, en la que afloran problemas más profundos que los de un romance con consecuencias desastrosas.

    La sincera y profunda actuación de Tort le valió el premio a Mejor actor en el Festival de Cine Latinoamericano de Biarritz, donde la película, en su estreno mundial, también obtuvo el premio a Mejor película por parte del jurado. Recientemente, la coproducción entre Argentina y Uruguay, a cargo principalmente de las productoras Tarea Fina, Aire Cine y Montelona, también fue exhibida en el Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay, organizado por Cinemateca.

    La película tendrá proyecciones en Montevideo, Canelones, Paysandú, Colonia, San José, Durazno y Maldonado. En la capital se verá en los cines Life 21, Life Cultural Alfabeta y en la Sala B del Auditorio Nelly Goitiño.

    Un pájaro azul marca el regreso de Rotter, cuyo cine intimista y meticuloso ha sido reconocido internacionalmente desde su aparición como parte del Nuevo Cine Argentino. Es su vuelta a la pantalla grande luego de su aclamado drama La luz incidente (2015) con Érica Rivas en el papel principal. Entre tanto, Rotter trabajó como productor de otros films y también dirigió la serie Bilardo: el doctor del fútbol para la plataforma Max.

    La película también le significó su regreso a Uruguay durante unos días del Festival de Cinemateca. Filmada en Argentina, el armado de la banda sonora y la mezcla de sonido se realizó en Uruguay de la mano de Daniel Yafalián y el trabajo de color y posproducción de imagen en Colour estuvo a cargo de Mauricio Infante.

    En conversación con Búsqueda, Rotter recalca con alegría el tiempo que ha pasado en Montevideo en los últimos años, motivado por su trabajo en la película, pero también por su amistad con varios cineastas uruguayos. Con el director Pablo Stoll, por ejemplo, se conocieron al presentar sus primeras películas (25 Watts y Solo por hoy) en el Festival Internacional de Cine de Róterdam de 2001, muestra que marcó un punto de inflexión en la divulgación del cine latinoamericano en la primera década del milenio.

    El pasado personal del director argentino también se hace presente en Un pájaro azul, aunque en clave de ficción. Según Rotter, la película tiene su origen en dos núcleos emocionales. Uno de ellos es el deseo de ser padres que vivió junto con su pareja, la artista Ailí Chen, en un largo camino de varios años que le hizo pensar en los sacrificios físicos y emocionales que conlleva el proceso, en especial para la mujer. La película está dedicada a ella y a la hija de ambos.

    “Nosotros hemos sufrido tanto la búsqueda como los problemas que traen aparejados. Hay algo, entonces, detrás de la película que es una revalidación de una declaración de amor a mi pareja y de agradecimiento por haber puesto el cuerpo”, confiesa.

    El otro núcleo temático tiene que ver con la experiencia personal de Rotter como hijo, al vivir con un padre enfermo durante muchos años y desde muy joven. En la película, es la madre de Javier la que sufre un destino similar.

    Fue durante la escritura del guion que se propuso explorar si estas dos líneas argumentales podían dialogar entre sí y encontrar alguna conexión. Empleó esta estrategia como una “zanahoria narrativa a la cual perseguir”, explica, para ver si las historias se podían conectar o si debían mantenerse independientes. Aclara, en tanto, que también buscó una forma de explorar una faceta del personaje principal, Javier, que pudiera ayudar a comprender su falta de responsabilidad afectiva en el presente.

    Para el director, la estructura de su película es una deriva más que un paradigma. La trama inicial de Un pájaro azul establece un conflicto palpable en la pareja interpretada por Tort y Zylberberg, pero luego desactiva ese conflicto de manera abrupta, desafiando las convenciones de un guion que va más allá del estudio de una ruptura y propone una historia dividida en tres capítulos. “De repente, ¡trac!, se corta y empieza otra película que no declara abiertamente de qué se va a tratar”, adelanta el cineasta.

    En esos desvíos el guion se adentra en aspectos más profesionales y personales del personaje de Tort, sin una declaración estridente sobre ese cambio temático en el relato. La película se sumerge de forma gradual en el mundo interior del personaje, revelando poco a poco su relación con su pasado y su dinámica familiar. Si bien esa deriva narrativa puede representar un riesgo, para Rotter enfrentar desafíos narrativos es parte del proceso creativo que le apasiona.

    Para el director, poner a Javier en una crisis existencial era una forma de exorcizar un dolor del pasado relacionado a la madre de su protagonista, ya fallecida al momento de conocerlo. “Siento que el personaje de Javier es el de un joven con un enorme peso en el corazón, de todo esto, del dolor que él sintió por esa madre y el de verla desmoronarse”.

    Originalmente, Un pájaro azul tenía otro título: El hijo deseado. Con el tiempo, sintió que era demasiado explícito. Sin embargo, entiende que algo del afán de ese título descartado sobrevivió en la película final. “Quedó algo de ese deseo, de un padre queriendo tener un hijo y de un hijo intentando convertirse en padre, que dialoga con ese primer título”, señala.

    Más tarde apareció también la imagen del pájaro azul. En la película se ve a una reina mora, una especie que se encuentra en el sureste de Sudamérica, que vuela frente a la ventana de la casa nueva y con un gran jardín a la que la pareja planeaba mudarse. El animal representa, sin muchas vueltas, al hijo que anhelan antes de la dolorosa revelación que Javier le hace a Valeria, en una de las mejores escenas de la película.

    En su uso de locaciones, retratadas con belleza por la fotografía de Guillermo Nieto, Rotter revela un interés notorio por la arquitectura y la ambientación de los espacios. Para la casa inicial de la pareja se ve una residencia modesta que refleja el primer hogar de una pareja unida hace no tanto. Su preferencia por los departamentos de los años 50 también está en el diseño de otros espacios en la película, como la oficina que Javier comparte con personajes interpretados por Néstor Guzzini o Susana Pampín, o la casa de su padre, personificado por Norman Brisky.

    Rotter se describe a sí mismo como “bastante austero” en cuanto a la puesta en escena, la puesta sonora y los recursos utilizados en sus películas. Esta austeridad también lo lleva a contar con pocos elementos en cuadro, centrándose en los que están presentes. “Me gusta tratar de trabajar con planos de secuencia pero para capturar la atmósfera, no como un intento de proeza fílmica”, dice.

    A diferencia de su personaje, Rotter sí es capaz de expresar, en palabras y en imágenes, sus sentimientos. Como parte de la promoción de la película, el actor ha dedicado largos posteos sobre cada uno de los integrantes de su elenco, a unos días del estreno en Uruguay. De Julieta Zylberberg dijo: “Todo lo hace natural y en el momento justo. Cuando ella está en cuadro se alinean los planetas, los cometas y las escenas fluyen con gracia”.

    A su protagonista masculino lo llamó intuitivo y valiente. El director mencionó que el actor había superado los desafíos del personaje, manteniendo el misterio y resguardando sus emociones. “Alfonso se adueñó del personaje con una naturalidad absoluta, cobijando esa construcción y fundiéndose en ella. Fue recién con la película terminada y proyectada en una sala llena que me di cuenta de que había logrado todo lo que nos propusimos”.

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