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Existe una escena en el filme uruguayo El Noctámbulo (2006) donde Marcos, el protagonista, llega a un canal de televisión para hablar con una periodista. La recepcionista se comunica con la mujer, que le pregunta quién es el que viene a verla. Respuesta: “No sé, pero está divino”. Como toda la película, la escena fue escrita y dirigida por Gabriel Díaz. Que es quien interpreta a Marcos, el que “está divino”.
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En la ficción pueden hallarse personajes que en la vida real serían insoportables. Resulta placentero imaginar, escuchar y ver a cretinos como Ignatuis J. Reilly, Sebastian Dangerfield, David Brent, BoJack Horseman. Del otro lado, posiblemente uno quisiera estar a kilómetros de distancia de ellos. Sin embargo, interesan, conmueven. Hay en ellos elementos que los hacen adorables, interesantes, empáticos, carismáticos, auténticos. Uno de esas elementos es el humor.
Fausto, el protagonista e hilo conductor de Los modernos, por momentos llega a ser repelente. Es egoísta, necio, rapaz, prejuicioso, impertinente, engreído. Y no hay una gota de humor que permita generar cierta empatía. Con ese nombre-enlace al insatisfecho erudito del pacto diabólico, se las sabe todas, y casi todo lo dice con la seguridad de un orador y pensador de la Edad de Oro de Atenas. Orgullo de su (supuesto) carisma y su (supuesta) inteligencia, intenta acomodar en la estantería de su vida sus deseos profesionales y, sobre todo, su relación con las mujeres. Es que Fausto es presentado como un ser irresistiblemente atractivo. Tanto Clara (Noelia Campo, de lo mejor de la película) como Fernanda (Marie Hélène Wyaux) y alguna más, son atrapadas por su estremecedor encanto. Dato: Fausto es interpretado por Mauro Sarser, co-guionista, co-montajista y co-director del filme. Ni en El Noctámbulo se atrevieron a tanto.
En Los modernos también hay un matrimonio con sus fricciones, una actriz de teatro, una fotógrafa lesbiana. Los personajes no hablan, tienen discursos: sobre la pareja, los hijos, la sexualidad, la vida en comunidad, la masculinidad, el trabajo, el egoísmo, el arte pretencioso, el aborto, el consumismo, las diferencias entre la TV pública y la privada. La lista sigue. No es un problema en sí mismo, el asunto es cómo se presenta todo esto. Falta la mano de un montajista. Aunque tiene tramos decididamente humorísticos, la película se toma a sí misma con alarmante seriedad sin aprovechar de un modo eficaz las herramientas adecuadas para que, del lado del espectador, esa seriedad sea correspondida. Y logra, en el mejor de los casos, lo contrario.
Los modernos. Uruguay, 2016. Dirección y guion: Mauro Sarser y Marcela Matta. Con Noelia Campo, M. Sarser, Federico Guerra, Stefanía Tortorella y Marie Hélène Wyaux. Duración: 135 minutos.