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En estos días no se habla de otra cosa en el sur de Francia. Toda la ciudad y sus alrededores se transforman durante 20 días en un teatro a cielo abierto de mil escenarios. Fue fundado en 1947 por Jean Vilar, un famoso actor y director teatral francés, como un festival de teatro. Hoy es uno de los más famosos acontecimientos escénicos de Europa. Ergo, del mundo. El teatro es el plato principal, pero la carta incluye danza, circo, música, performances y cruces escénicos con cine, artes plásticas, literatura, arquitectura y patrimonio. Cada julio, las 300 funciones del Festival de Avignon venden entre 100.000 y 150.000 entradas, cifra sideral para esta ciudad medieval de 95.000 habitantes, situada en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, a media hora del Mediterráneo y a orillas del río Ródano, el del famoso puente.
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En este marco que difumina, estira y modifica las fronteras entre géneros, hay puestas en escena clásicas en ámbitos cortesanos y salas convencionales, espectáculos callejeros que transforman cualquier espacio urbano en un decorado, y la friolera de un millar de funciones de un circuito off que desborda las salas de la ciudad y los sitios públicos y llega a edificios históricos, boliches, locales multiuso y cientos de casas de familia usadas como escenario. Luego pueden decir con orgullo que el Festival de Aviñón llegó a su living, su cocina o su altillo.
El Patio de Honor del Palacio de los Papas (ver foto) es el centro neurálgico e histórico del festival. Allí el fundador Jean Vilar estrenó “La tragedia del rey Ricardo II”, de Shakespeare, en la primera edición. Desde entonces es usado como plaza principal de grandes montajes, apreciados por un millar de espectadores sobre una grada armada especialmente.
Desde el viernes 5 al viernes 26, la 67ª edición del festival alberga 40 obras de teatro y danza en su programación oficial. De ellas, 21 son producciones del festival y 12 son estrenos en Francia. El presupuesto total es de 12,7 millones de euros, cifra duplicada por el retorno económico que beneficia a la ciudad, de unos 24 millones. Además hay ocho exposiciones y 20 conferencias de estrellas como Peter Brook y Patrice Chéreau, y figuras en ascenso como el francolibanés Wajdi Mouawad, conocido en Uruguay por la película “Incendios” y “Litoral”, actualmente en cartel por la Comedia Nacional. La sección “Sujetos vivos” reúne performances a cargo de artistas de todos los géneros; “Escuelas del festival” concentra la actividad académica; “Territorio cinematográfico” reúne una selección de filmes que contienen lazos con las artes escénicas. El mismo fenómeno sucede en “Lecturas” y “Conciertos”, las restantes secciones del festival.
Artistas asociados
Hasta 1964 el festival se realizaba en un solo espacio, la Corte de Honor del Palacio de los Papas de Aviñón. Desde una perspectiva actual, según los teatristas franceses, esos 20 años forjaron la tradición y el arraigo del encuentro en la plaza europea. Sin salirse de una óptica conservadora, Vilar fue abriendo puertas a manifestaciones de artistas jóvenes que detonaron en los años 60, lo cual sumó un nuevo público y generó el florecimiento de festivales en todo el país. La revolución cultural explotó con el mayo francés de 1968 y la metamorfosis se tradujo en el ingreso al festival de la danza, la música y el cine.
Desde 1964, cuando Vilar inició el proceso de reconversión del festival, el acceso a la creación contemporánea y su reflejo en la programación es uno de sus principios básicos. Decenas de directores han pasado, pero el espíritu experimental se mantiene.
A partir de 2004, cada edición es preparada por uno o dos creadores —actores, coreógrafos, realizadores e incluso escritores—, quienes en calidad de “artistas asociados” conciben la curaduría con un eje transversal a todo el festival. Latinoamérica lo fue en 2011 y África lo es este año, con más de 30 artistas del continente negro invitados especialmente. Según informó días atrás la agencia francesa AFP, los directores asociados de esta edición son el reconocido realizador francés Stanislas Nordey, un artista de fuerte contenido político, a quien el festival presenta como “el hombre que le marca el Norte al teatro francés”, y Dieudonné Niangouna, originario de Brazzaville, capital de la República Democrática del Congo. “A través de sus ojos hemos construido un programa decididamente orientado hacia el futuro y la juventud. Traen la palabra de las periferias de nuestras ciudades y nuestro continente, en diálogo con la melancolía europea”, aseguran Hortense Archambault y Vincent Baudriller, los actuales directores del festival.
Nordey bautizó esta edición el sábado 6 en el Palacio de los Papas con una muy elogiada versión de “Por los pueblos”, de Peter Handke, a cargo de Emmanuelle Béart y Jeanne Balibar. El congolés, por su parte, se instaló en la emblemática Cantera de Boulbon, en las afueras de la ciudad, un imponente anfiteatro natural de paredes rocosas para representar “Shéda”, una epopeya de cuatro horas a cargo de 14 actores africanos y europeos. Junto a él, están en Aviñón su compatriota Delavallet Bidiefono, el nigeriano Qudus Onikeku y el veterano Aristide Tarnagda, de Burkina Faso, quien presenta una pieza llamada “¿Y si los mato a todos, señora?”.
“África, los barrios periféricos de nuestras ciudades y la juventud nos han impresionado en la preparación de esta edición. Son ‘el otro’ y están llenos de energía. Son territorios a menudo ignorados, que nos obligan a plantearnos preguntas que requieren respuestas claras: ¿por qué permitimos pasivamente los abusos de poder? ¿Por qué a veces somos tan amnésicos con respecto a la historia? ¿Qué reflejo de nosotros mismos deseamos ocultar al negar la existencia del otro?”, se pregunta la dupla que concluye su decenio al frente del festival. Antes de pasar la posta a Olivier Py, convocaron a las cabezas más rupturistas que pasaron por Aviñón, como artistas asociados durante su gestión: el italiano Romeo Castelucci, el belga Jan Fabre, el suizo Christoph Marthaler, el alemán Thomas Ostermeier, y los franceses Arthur Nauzyciel, Pascal Rambert y Olivier Cadiot.
FrabricA
Este año se concreta un proyecto clave para el futuro del festival: en el editorial publicado en la página web www.festival-avignon.com, los directores anunciaron la inauguración de un local llamado FábricA, cuyo diseño y construcción demandó ocho años y será destinado a albergar ensayos y residencias de artistas e investigadores. Cuenta con una sala de 600 butacas que se estrenó el jueves 11 con un maratónico “Fausto” de ocho horas de duración a cargo del alemán Nicolás Stemann. Allí también va “Kabaret Warszawski”, del polaco Krzysztof Warlikowski, y una adaptación de “Rey Lear” de Shakespeare, rebautizada por el francés Ludovic Lagarde como “Lear Is in Town”.
Además de los organismos culturales públicos, nacionales y locales, participan en la financiación, construcción y administración de este proyecto y de todo el festival, unas 20 empresas privadas amparadas en leyes de mecenazgo artístico que dan cuerpo al modelo de gestión sobre el que está basado el Festival de Aviñón. “Si pudimos hacer en los últimos diez años que nuestros sueños se hayan convertido en palabras y estas en acciones, es porque estamos inscriptos en una historia fuerte y plena de la llamada ‘utopía necesaria’”, se jactan los directores.
Off a mil
Más allá de la espectacularidad de la programación oficial, conocida como in, el fascinante circuito off reúne este año 1.066 (sí, ¡mil sesenta y seis!) compañías teatrales de todo el mundo que actúan en forma independiente y autogestionada. La inconmensurable grilla es capaz de agotar el cartucho de tinta de quien ose imprimirla. El desafío de bucear en ese océano escénico puede provocar un surmenage a más de un espectador ansioso que intente abarcar más de lo que su cuerpo y su mente le permitan. Para llegar en julio a una ciudad con el tamaño de Paysandú, a la que arriban 50.000 visitantes, 3.500 profesionales escénicos y 450 periodistas, hay que comenzar a planificar al menos un año antes. Entonces, manos a la obra.