“La tecnología se impuso, pero no de esta forma”, comentó a Búsqueda Gallardo.
Fue en 1972, hace exactamente 40 años, que ocurrió un “quiebre de aguas” porque la Unión Soviética entendió que no podía seguirle el ritmo a Estados Unidos y “empezó a bajar revoluciones”. Esto llevó a un “afloje general”, recordó Fernández.
Estados Unidos —continuó— había llegado a la Luna pero allí ya no había más nada que hacer. La astronomía comenzó a virar hacia vuelos espaciales científico-comerciales, la colocación de satélites para telecomunicaciones acompañados también de satélites espía con fines militares y “se dejó la fantasía de conquista del espacio”.
“Hoy la tendencia es mandar cosas —al espacio— cada vez más chiquitas, robóticas y compactas”, explicó Gallardo.
Una pregunta que fascina.
La ciencias planetarias “siempre interesaron” porque están ligadas a la búsqueda de la vida.
Mueven además mucho dinero y científicos. Sobre todo en países donde hay proyectos de misiones espaciales, porque para ellos es necesario contratar centenas de personas.
Si bien el tema “tiene mucha prensa”, solo una minoría dentro de la comunidad astronómica mundial se dedica a él. Quienes dominan los grandes números se inclinan por la cosmología, coincidieron los especialistas.
“Así como el origen de la vida y la vida en otros planetas son grandes interrogantes que están en juego, la otra gran interrogante es el Big Bang. ¿Qué pasó antes y qué pasó después? Es una pregunta que hay que reconocer que fascina”, dijo Fernández.
Detrás de este tema hay mucha teoría desarrollada por físicos teóricos y matemáticos que construyen modelos sobre cómo funciona el universo. Por otro lado están los megaproyectos dedicados al rubro conocido como cosmología observacional. El Premio Nobel de Física de 2011 fue para tres cosmólogos observacionales (Saul Perlmutter, Brian Schmidt y Adam Riess).
Este tema sigue siendo igual de importante que hace 40 años y no ha cambiado “en cuanto al entusiasmo”.
“Nos fascinaba el Big Bang y hoy continúa siendo la meta de todo estudiante de astronomía entender qué pasó ahí”, aseguró Gallardo.
Los avances tecnológicos también se han volcado a mejorar la capacidad de instrumentos astronómicos para observar estrellas y planetas.
843 nuevos planetas.
Un área “completamente nueva” que se desarrolló con más fuerza en los últimos 15 años es la búsqueda y descubrimiento de planetas extrasolares que no orbitan en nuestro sistema, también relacionado al origen de la vida y a la búsqueda de vida extraterrestre.
“En vez de buscar a ciegas se apunta a lugares en donde hay planetas. Arranca con el descubrimiento de Beta Pictoris en 1992. A partir de entonces aparecen muchos interesados en estudiar estos objetos, para ver cómo son otros sistemas planetarios, porque el único que se conocía era el nuestro. (...) Fue un terrible impacto. Se vio que las órbitas eran completamente distintas. El nuestro era raro, las otras son órbitas casi circulares o son sistemas muy excéntricos, muy locos”, explicó Gallardo, doctor en astronomía e integrante del Sistema Nacional de Investigadores.
Hasta ahora fueron descubiertos 843 planetas extrasolares, lo que representa solo una “pequeña muestra” del total. Con la tecnología disponible hasta el momento solo se pueden observar planetas gigantes y no se alcanzan a ver los más pequeños —similares a la Tierra— que explican su interés en ellos por la posibilidad de que haya vida.
“Descubrir un planeta gigante no es sorprendente porque solo podemos descubrir gigantes, lo interesante es cuando podamos descubrir los planetas chicos”, señaló Fernández.
Gallardo explicó que “la novedad es que esto de los planetas extrasolares despierta interés en todos lados”, incluso —por ejemplo— a biólogos y por eso apareció la astrobiología y la bioastronomía. “La población de científicos que se dedican a esto crece enormemente al contrario de la cosmología que se mantiene”, aseguró.
El trabajo conjunto entre diferentes científicos empezó a ser cada vez más común en temas, como por ejemplo, la exploración de Marte, donde participan también geofísicos.
“Una vez que empiezan a interactuar otras huellas esto explota”. Así se descubrió el asteroide que supuestamente mató a los dinosaurios (inicialmente encontrado por prospectores de petróleo).
No es tan tranquilo.
Un hecho destacado de los últimos 40 años fue la posibilidad de reunir pruebas para establecer que el impacto de cometas asteroides ha sido tan relevante al punto de extinguir especies. “En 1970 este tema era completamente desconocido, ahora le llega a la gente, impacta”, comentó Fernández.
“Nadie hablaba de los impactos de asteroides, se veían cráteres en la luna y se pensaba que eran volcánicos. La imagen del sistema solar era de tranquilidad. Ahora quedó demostrado que no es tan tranquilo”, destacó Gallardo.
Permitió entonces el desarrollo de toda una nueva área de trabajo para prevenir el impacto de asteroides en la Tierra o mitigar sus consecuencias. A tal punto que el Congreso de Estados Unidos anunció este año que estudiar objetos que son potencialmente peligrosos es una cuestión de Estado.
Más allá de Plutón.
Lo que hoy se sabe en 1970 era solo teoría. Se creía que podría haber algo más allá de Plutón (hasta entonces el planeta más alejado del sistema solar). Pero no había ninguna evidencia en la observación que apuntara a que existen otros objetos más allá.
Fernández fue quien por primera vez encontró una prueba. “Encontré una prueba observacional. Los cometas de la familia de Júpiter se mueven en órbitas aplanadas y muy cerradas de pocos años, mientras que otros cometas tienen cualquier ángulo. El origen más probable de estos cometas era que venían del cinturón transneptuniano”, explicó.
“Pensamos que terminaba ahí pero no. Empezaron a aparecer cosas mucho más lejos y al final ya no sabemos dónde termina”, añadió Gallardo.
En 2006 los uruguayos Julio Fernández y Gonzalo Tancredi acudieron a la reunión de la Unión Astronómica Internacional en Praga y jugaron un “rol aglutinador” a favor de dejar de considerar a Plutón como planeta, la opción que resultó ganadora.
Energías oscuras.
En la década de 1970 los norteamericanos lanzaron al espacio satélites espías para detectar explosiones de bombas nucleares pero empezaron a detectar señales que no venían de la Tierra. Desde entonces se generó el misterio del origen de esas explosiones gigantescas. Luego se descubrió que las señales venían de todos lados y los científicos descubrieron que se debía a los agujeros negros que se encontraban en el centro de las galaxias. Cuando colisionan dos agujeros en fracción de segundos emiten un brillo superior a lo que emitiría una galaxia en un millón de años.
Otro avance de las últimas décadas fue la posibilidad de determinar que el universo se acelera, así como establecer cómo se distribuyó la energía del universo en los primeros años tras el Big Bang. A partir de este dato aparece el concepto de energía oscura, que es la que está presente en todo el espacio y produce la presión que hace que el universo se expanda.
Por otra parte, los científicos observaron que cuando un objeto gira en torno a una estrella lo hace a una velocidad que no permita ser atraído. La velocidad a la que debe girar ese objeto depende de la masa que tenga, cuanta más tenga, más rápido tiene que hacerlo.
“Todo sigue las leyes de la gravedad y la materia orbita siguiendo las leyes del movimiento planetario”, detalló Fernández.
Los científicos observaron que los objetos giraban a velocidades mayores de lo que deberían moverse, lo que indicaría que los objetos tenían mayor masa de lo que se había pensado. ¿Pero cómo? Es que con la tecnología actual existe materia que no puede verse desde la Tierra, lo que no significa que no exista. De allí surge el concepto, “materia oscura”.
“La materia conocida hoy es menos de 5% del universo”, dijo Gallardo.
El futuro y más allá.
“Ahora el interés está puesto en entender los orígenes del universo y la materia que es acelerada por la energía oscura. Por otro lado todos los estudios observacionales de planetas extrasolares y su exploración interesan”, resumió Fernández.
También hay temas que están en el tapete, como la física solar que estudia cómo afecta el comportamiento del sol —las tormentas solares— a las telecomunicaciones.
“Hay un interés renovado” incluso por el peligro que ocasiona a los astronautas.
También hay “mucho dinero” en el estudio de objetos peligrosos que pueden impactar con la Tierra.
Ciencia, Salud y Ambiente
2012-11-08T00:00:00
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