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    El papa Francisco mostró en Brasil sus planes para la Iglesia: salir a las calles, sintonizar con los pobres y reformar la Curia

    Rio de Janeiro (Gerardo Lissardy, corrresponsal para América Latina). El papa Francisco llegó en la lluviosa mañana del jueves 25 a Varginha, una pequeña favela en la zona norte de Rio de Janeiro, dispuesto a demostrar que habla en serio cuando pide llevar la Iglesia a las periferias de las ciudades. Esta empobrecida comunidad carioca está en un área llamada “Franja de Gaza”, por la cruda violencia entre bandas de narcos hasta la ocupación policial del año pasado, pero a poco de llegar el pontífice argentino bajó del papamóvil abierto y comenzó a recorrer la calle principal a pie. Entró a la pequeña parroquia local y luego a la casa con el número de puerta 81. En el modesto living que conecta con una ferretería especializada en caños PVC, permaneció unos 10 minutos a solas con la familia católica que vive allí. “La visita fue sorpresa”, comentó a Búsqueda instantes después María de Lourdes Rodrigues Penha, una mujer de 67 años cuñada del dueño de casa, todavía con lágrimas en los ojos por haber estado codo a codo con el Papa. “Bendijo a los niños, dio besos a la familia y nos sacamos fotos juntos”.

    Francisco evitó los discursos dentro de la casa, pero sí habló poco después frente a una cancha de fútbol inundada por la lluvia y por miles de vecinos que lo aguardaban. “Habría querido llamar a cada puerta, decir ‘buenos días’, pedir un vaso de agua fresca, tomar un ‘cafezinho’… ¡No un vaso de cachaça!”, dijo en referencia a la tradicional bebida alcohólica brasileña. “Ya sé que, cuando alguien que necesita comer llama a su puerta, siempre encuentran ustedes un modo de compartir la comida; como dice el proverbio, siempre se puede ‘añadir más agua a los frijoles’”, agregó desde un estrado cubierto con un telón amarillo y blanco, los colores del Vaticano.

    En portugués y con tono íntimo, el papa de 76 años incursionó lentamente en cuestiones religiosas, éticas y políticas como la denominada “pacificación” de esa y otras favelas de Rio mediante fuerzas policiales que le arrebataron el control territorial a los narcos. “Ningún esfuerzo de ‘pacificación’ será duradero, ni habrá armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia una parte de sí misma”, advirtió. Después aludió a la frustración de los jóvenes con la clase política, fenómeno que desató las protestas callejeras masivas de junio en Brasil. “Queridos jóvenes, ustedes tienen una especial sensibilidad ante la injusticia, pero a menudo se sienten defraudados por los casos de corrupción, por las personas que, en vez de buscar el bien común persiguen su propio interés”, dijo y les pidió que sigan buscando cambios: “La Iglesia los acompaña ofreciéndoles el don precioso de la fe”.

    Al finalizar su discurso, el visitante de sotana blanca y cruz plateada en el pecho dejó el lugar en medio de un imponente operativo de seguridad, con cientos de hombres armados por tierra y aire. Pero para quienes viven ahí, el recuerdo que quedó fue que una mañana el papa caminó por el barrio, visitó a la familia Penha y les habló como uno más en la cancha de fútbol.

    * * *

    Esa recorrida por Varginha reflejó varias prioridades que tuvo Jorge Mario Bergoglio, el primer papa latinoamericano de la historia, en su debut en viajes internacionales tras su entronización de marzo para sustituir al alemán Benedicto XVI, que renunció al pontificado. La visita a Brasil entre el lunes 22 y el domingo 29 coincidió con la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) católica, que reunió a cientos de miles de fieles de todo el mundo en Rio, pero Francisco aprovechó la ocasión para dejar claro que busca transformar a la Iglesia, dándole una cara más sencilla, mayor presencia en las calles, “en las favelas, en los cantegriles (y) en las villas miseria”, y un rol más activo en debates sociales aún con contenido político.

    “Está intentando colocar el foco de la Iglesia en algo que se puso un poco al margen en las últimas décadas”, evaluó Faustino Teixeira, profesor de ciencias de la religión de la Universidad Federal de Juiz de Fora, en diálogo con Búsqueda. “Tenemos una Iglesia que durante 40 años estuvo más concentrada en la doctrina y la disciplina, pero percibimos que el papa Francisco dio un paso pastoral con un acento fuerte en la perspectiva de una Iglesia para los pobres”.

    El énfasis del papa jesuita por estar cercano a la gente, usando un papamóvil abierto en varias recorridas por Rio, causó desde antes de la visita tensiones entre el Vaticano y autoridades brasileñas preocupadas por su seguridad. El día en que llegó, la pequeña camioneta gris Fiat Idea que lo trasladaba del aeropuerto al centro de la ciudad fue rodeada por fieles desesperados por tocarlo cuando el conductor dio un giro equivocado, pero Francisco mantuvo la ventanilla baja y siguió saludando con una sonrisa que contrastaba con el sofoco de sus guardaespaldas. “No tengo miedo; soy inconsciente”, comentó refiriéndose a ese episodio en una entrevista con la TV Globo difundida el domingo. Explicó que el uso de ese automóvil común y corriente fue parte del mensaje que pretende dar: “Tenemos que dar testimonio de cierta simplicidad, incluso de pobreza”.

    El pontífice reconoció en esa entrevista que la “falta de cercanía” de la Iglesia con la gente puede ser un motivo de la pérdida de fieles en Brasil, el país con más católicos del mundo, y quizás en la región toda. En América Latina viven dos de cada cinco católicos de todo el mundo, pero la proporción de quienes siguen esa religión en el subcontinente pasó de 90% en 1910 a 72% en 2010, según el Foro Pew sobre Religión y Vida Pública, con sede en Washington. Paralelamente, ha crecido la cantidad de evangélicos y no creyentes.

    Después de visitar la favela carioca el jueves, Bergoglio se reunió con cientos de argentinos en la Catedral Metropolitana de Rio y les dijo, con acento porteño: “Quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera. Quiero que la Iglesia salga a la calle. (…) Las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir. Si no salen, se convierten en una ONG. Y la Iglesia no puede ser una ONG”.

    Los mensajes del papa en Brasil contuvieron varias críticas fuertes a la institución que encabeza. El domingo cuestionó la “psicología de príncipes” de miembros del clero al reunirse con obispos de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam) y un día antes dijo al almorzar con cardenales brasileños que la Iglesia pierde fieles por haber “olvidado la sencillez” y ser “demasiado autorreferencial, prisionera de su propio lenguaje rígido”.

    En ese mismo encuentro, Bergoglio pidió ir a reconquistar fieles que se han pasado a las iglesias evangélicas o abandonaron la religión. “Hace falta una Iglesia que no tenga miedo a entrar en su noche”, sostuvo.

    * * *

    Sin duda, los mensajes de Francisco en Brasil suponen un sacudón fuerte para una Iglesia encerrada en los últimos tiempos en sí misma. Pero los expertos creen que los cambios que el papa pretende pueden ser más a nivel de discurso y gestos que en la propia doctrina. La idea de “buscar a Cristo” en los pobres está lejos de ser una novedad para la institución y el énfasis pastoral de Francisco se ajusta a los lineamientos del Concilio Vaticano II, que buscó reformar la Iglesia a comienzos de los 60.

    En una extensa rueda de prensa que mantuvo a bordo del avión de regreso a Roma el domingo 28, el pontífice sorprendió al rechazar que los homosexuales sean marginados. “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”, preguntó en italiano. El comentario fue titular de prensa alrededor del mundo y contrastó con un documento firmado por Benedicto XVI en 2005 descartando la posibilidad de que individuos con profundas tendencias homosexuales sean sacerdotes. Sin embargo, las palabras de Francisco fueron compatibles con la doctrina de la Iglesia, que distingue entre la orientación y la práctica homosexual, la cual sí considerada pecado.

    Durante la misma conferencia en el avión, el Papa mostró su perfil conservador cuando le preguntaron por qué en Brasil evitó referirse a leyes que amplían el derecho al aborto o contemplan la posibilidad de matrimonio entre personas del mismo sexo. Francisco respondió que la Iglesia ya tiene una “doctrina clara” sobre esos temas, que es la suya. El papa tampoco habló en Rio de los escándalos de abusos sexuales dentro de la Iglesia, pero en cambio sí se refirió el miércoles 24 al debate sobre “la liberalización del consumo de drogas” en América Latina y rechazó que eso pueda solucionar el problema de las adicciones.

    “Francisco es más de la acción simbólica que de los cambios doctrinales”, señaló Fernando Altemeyer, un teólogo de la Universidad Católica de São Paulo, en diálogo con Búsqueda. Pero estimó que la idea que manifestó de realizar una teología para explicitar que “la mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y los curas” puede tener consecuencias fuertes, pese a que el Papa descartó que las monjas puedan ser ordenadas. Altemeyer comentó también que la defensa que hizo el pontífice de la laicidad del Estado para garantizar la convivencia pacífica entre religiones significó un punto para la Iglesia en este tema, con “250 años de retraso con la Revolución Francesa”.

    Muchos advierten que la huella que Bergoglio pueda dejar en la Iglesia dependerá en buena medida de su capacidad para reformar la Curia romana. El Papa dijo a los periodistas que está dispuesto a abordar este tema por mandato de los cardenales que lo eligieron, admitió que los escándalos recientes en el banco del Vaticano colocaron el asunto financiero como prioritario y comentó que el cierre de esta institución es una de las opciones que se manejan.

    Para controlar al banco del Vaticano, Francisco nombró a monseñor Battista Ricca, quien apareció luego en un artículo de la revista italiana “L’Expresso” acusado de haber mantenido relaciones homosexuales mientras estuvo en misión en Montevideo. Algunos vieron esto como una jugada tras bambalinas contra el Papa por parte de la Curia, que le ocultó la información cuando solicitó referencias sobre Ricca. El pontífice explicó a los periodistas que nada de la investigación previa solicitada sobre el monseñor se corresponde con lo publicado en la prensa. De todos modos, admitió que los lobbies dentro del Vaticano son uno de los grandes problemas a enfrentar.

    Según Altemeyer, esta fue una referencia clara a “los poderes subterráneos” que buscan impedir la reforma de la Curia y comentó que para Francisco es fundamental saber con quién podrá contar en esa tarea, siendo él poco conocedor de los laberintos del Vaticano. Es posible que la visita del papa a Rio, con momentos de fervor y emoción como la visita a la favela de Varginha o la misa que celebró el domingo en la playa de Copacabana ante tres millones de personas según los organizadores, le supongan un impulso personal al comienzo de un pontificado difícil. La reforma interna será una “tarea hercúlea”, evaluó Altemeyer, pero sostuvo que Bergoglio sabe lo que quiere y su mensaje fue bastante claro: “Esto es un cáncer en el centro de la Iglesia; vamos a extirparlo”.

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