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Se llama Joaquín Salvador Lavado, pero todos lo conocen como Quino, el “padre” de Mafalda, su personaje más famoso. A sus 81 años, el dibujante y humorista más querido del Río de la Plata acaba de ganar el Premio Príncipe de Asturias 2014, un prestigioso galardón que desde 1981 entrega la fundación del mismo nombre a personalidades internacionales, sobresalientes en el área de la ciencia, la cultura y las humanidades. El jurado destacó la “dimensión universal” en la obra de Quino, así como sus “lúcidos mensajes” que mantienen vigencia “por haber combinado con sabiduría la simplicidad en el trazo del dibujo con la profundidad de su pensamiento”.
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Este reconocimiento llega como un regalo de cumpleaños para Mafalda, la “niña sabia” preocupada por los problemas sociales y la paz en el mundo, que está cumpliendo sus 50 años. Quino, apodo que le puso su familia para distinguirlo de su tío, el pintor y diseñador gráfico Joaquín Tejón, había creado a Mafalda para una campaña publicitaria de electrodomésticos en 1962, pero su primera viñeta recién surgió en setiembre de 1964 y él la considera la fecha de su nacimiento. Este año la historieta tendrá su homenaje en Argentina, Italia, España, Canadá y México.
La pequeña inconformista, que Umberto Eco calificó como “una heroína iracunda”, junto con su hermanito Guille y su barra de amigos, Felipe, Susanita, Libertad, Miguelito y Manolito, le dio al dibujante fama internacional y sus historias fueron traducidas a más de 30 idiomas. Y desde entonces comenzó a ser un referente para otros dibujantes. Sin embargo, él abandonó la viñeta en 1973 porque se le habían “agotado las ideas” y solo volvió a dibujarla para ocasiones especiales, como el 50 aniversario de la Declaración de los Derechos del Niño.
Nacido en Mendoza, el 17 de julio de 1932, Quino se estableció en Buenos Aires en 1954. Publicó su primera página de humor en el semanario “Esto Es” y a partir de entonces logró otros trabajos en revistas como “Rico Tipo”, “Tía Vicenta” y “Dr. Merengue”. Después hizo dibujos publicitarios y a raíz de su primer libro “Mundo Quino” (1963) le encargaron la campaña publicitaria, que nunca llegó a realizarse, de la que surgió Mafalda. La historieta pasó a publicarse regularmente en el semanario “Primera Plana” y luego en otras publicaciones argentinas y europeas.
“Me cae muy mal, muy, muy mal”, dijo el dibujante cuando en el 2012 con las crecientes protestas contra la ley SOPA (Stop Online Piracy Act), que intentaba censurar Internet, algunos manifestantes usaron la imagen de Mafalda por su reticencia a tomar sopa. “La gente cree que puede apropiarse de los personajes, así, porque le tienen cariño creen que pueden hacer lo que se le dé la gana. Pero a mí me sabe muy mal”.
Cuando dejó de dibujar a Mafalda en la revista “Siete Días”, Quino se trasladó a Milán y desde allí continuó trabajando. Su humor se fue haciendo cada vez más ácido, con retratos de la rutina en la vida cotidiana, muchas veces incomprensible. Porque Quino supo manejar muy bien el absurdo, por ejemplo, al dibujar a policías que arrojan valium a las bocas abiertas de un grupo de manifestantes. También fue mostrando cada vez más su escepticismo y los miedos de la actualidad. “Si yo fuese Dios, me preguntaría: ‘¿No será que, en el fondo, cada una de estas religiones se ama más a sí misma que a mí?”, dice un sabio barbudo en una viñeta publicada en “¿Quién anda ahí?”.
En el 2009 se despidió de sus lectores de la revista “Viva” de “Clarín”, y con su sinceridad de siempre, igual que cuando dejó de dibujar a Mafalda, escribió que ya no quería seguir publicando chistes de otras épocas, aunque fueran vigentes. Uno de sus últimos dibujos, que apareció en “Quino 50 años”, es un autorretrato sentado en una banqueta alta con las manos en las rodillas y la mirada entre absorta, culposa o triste, y vestido de preso pero, en lugar de ser a rayas, su traje es a cuadritos, como los de las historietas.
“Por lo único que la edad no te resulta una porquería es porque vas entendiendo mejor la música que escuchás desde toda la vida (...) Le vas descubriendo cosas que antes no se las descubrías”, dijo a “Clarín” cuando cumplió 80 años y ya había dejado de dibujar hace tiempo por problemas de visión.
Sus trabajos han sido recopilados en libros como “¡Qué presente impresentable!” (2005), “La aventura de comer” (2007)” y “¿Quién anda ahí?” (2013). Recibió varios premios como Legión de Honor de la República Francesa (2012), el de Humorista Gráfico del Año del Salón Internacional de Montreal (1982), el Iberoamericano de Humor Gráfico Quevedos (2000) y el Romics de Oro (Roma, 2011).
“Siempre he dicho que si elegí el dibujo para expresarme es porque hablar es para mí una dificultad”, dijo el dibujante que siempre fue muy tímido. Ahora estará pensando qué decir el día que en una ceremonia protocolar le entreguen el Príncipe de Asturias. Tal vez solo piense en su niña cincuentona y vuelva a reiterar: “Nada ha cambiado en el mundo hasta ahora”.