En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
La madre tenía 16 años y quería estudiar una carrera universitaria e irse a Nueva York; el padre tenía 28 años y era un hombre de negocios que triunfaba en Nueva Orleans. El matrimonio duró solo un año y después del divorcio “depositaron” a su pequeño hijo, Truman Streckfus Persons, en un pueblo de Alabama al cuidado de tías y tíos.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Después vendría su vida en Nueva York y la adopción del apellido de su padrastro, el cubano Joe García Capote, con el que el mundo literario lo iba a conocer y a aplaudir.
Con su primera novela, Otras voces, otros ámbitos (1948), la narrativa de Capote llamó la atención del mundo literario y también lo escandalizó, no solo por su contenido, sino por la foto de contratapa en la que mostraba abiertamente su homosexualidad. A partir de entonces, su carrera literaria fue en ascenso con otros cuentos, guiones, artículos periodísticos y novelas que ya son clásicas como Desayuno en Tiffany’s (1958) o consagratorias como A sangre fría (1966).
Pero en sus orígenes, cuando era aún un desconocido, Capote había escrito relatos que nunca fueron publicados. Recién en 2014 se descubrieron en la Biblioteca Pública de Nueva York, y así trece de ellos se reunieron en Los primeros cuentos, un volumen que acaba de aparecer traducido al español por el escritor argentino Alan Pauls.
Los relatos están ambientados en el Sur de Estados Unidos y huelen a pantano y a cocina de mujeres negras; tienen el sonido del blues, los rezongos de niñeras y maestras prepotentes y la tristeza de los amores inconclusos. Es inevitable pensar en Alabama y en la infancia semiabandonada de Capote.
Tal vez por eso muchos de sus protagonistas remiten a niños con destino incierto, cuando no trágico. Así ocurre en El pantano del terror, en el que dos muchachitos y un perro se internan en un bosque tras las huellas de un presidiario y serán ganados por el miedo y la desgracia. Mientras que en De parte de Jamie, un niño de clase alta, que está todo el día al cuidado (o al descuido) de su niñera, sufre por el abandono de sus padres y por la tragedia de otro niño.
Otras protagonistas son las mujeres solitarias y avejentadas, delineadas en pocos trazos y en tramas simples, pero con el temprano instinto de cronista de Capote, capaz de resumir en una frase toda una historia: “Solía ser una chica tan linda. Solo que se metió con los tipos equivocados. Y se volvió completamente loca” (La polilla en la llama).
Claro que no es el mejor libro del autor, pero en este pequeño Truman, ya estaba el futuro Capote.
Los primeros cuentos, de Truman Capote. Lumen, 2017, 133 páginas, 590 pesos.