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Mientras era perseguido por sus acreedores y deambulaba enfermo por Europa, Fiódor Dostoievski (Moscú,1821-San Petersburgo,1881) escribió El idiota, una de sus memorables novelas, publicada en 1868. Con su protagonista, el príncipe Mishkin, nació un arquetipo de la perfección moral. El príncipe es un joven tan noble, bondadoso y carente de ira que se parece mucho a Jesús. Paradójicamente, su inocencia para ver lo positivo donde hay perversión y violencia le juegan en contra a él mismo y a quienes lo rodean. Para los demás, es un perfecto idiota.
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Dividida en cuatro partes, la novela (reeditada en edición conmemorativa por Penguin Random House) transcurre entre un 27 de noviembre y finales del mes de julio siguiente. Comienza en un tren que va de Varsovia a San Petersburgo donde se conocen tres personajes, entre ellos, Mischkin, de 27 años, huérfano de padre y madre, que regresa de una clínica en Suiza donde ha permanecido años curándose de epilepsia. A pesar de sus esperanzas de tener una vida nueva y de “mezclarse con la gente”, cuando llega a San Petersburgo, lo espera una sociedad violenta y ambiciosa, obsesionada por el dinero y el poder.
La novela deja un sabor amargo, sobre todo por el final del príncipe y también por la constatación de que aún hoy el ser humano no está preparado para aceptar a un perfecto inocente.
Dostoievski supo de amarguras y destinos trágicos: cumplió varios años de trabajos forzados en Siberia por participar en un acto literario prohibido, en 1864 murieron su esposa y su hermano, fue adicto al juego, se casó de nuevo, perdió una hija, se endeudó y tuvo que huir. Su pluma exquisita y fructífera fue su salvación. A partir de Crimen y castigo (1866) se volvió una figura central para la literatura rusa y un clásico para la humanidad.