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La información fue obtenida casi por casualidad. Uno de los barrabravas de Peñarol que tenía su teléfono intervenido estaba esperando que su interlocutor lo atendiera y le comentó al pasar a alguien que tenía cerca: “El pibe ya entró, van a robar al de la coca y le van a pegar un tiro en la gamba”. Sus palabras quedaron grabadas. Minutos después varios hinchas de ese equipo saquearon los puestos de venta de alimentos en la Tribuna Ámstedam del estadio Centenario, lo que propició la suspensión del partido que debía jugarse esa tarde de domingo.
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Que la Policía estuviera escuchando las conversaciones de ese teléfono no fue casualidad. La Justicia investigaba a las barras de Nacional y Peñarol desde hacía meses y si bien los incidentes ocurridos en los días anteriores al clásico desembocaron en el procesamiento de cinco hinchas aurinegros por la presunta comisión del delito de extorsión, jueces y fiscales pretenden continuar las indagatorias. Su “hipótesis de trabajo” es que las barras están vinculadas a homicidios y narcotráfico, informó a Búsqueda el fiscal general, Jorge Díaz.
La investigación sobre hinchas de Nacional surgió como consecuencia del asesinato de un simpatizante de Peñarol en Santa Lucía y derivó en más de una decena de procesados. La indagatoria sobre la barra de Peñarol comenzó el 30 de setiembre después de que la Dirección General de Información e Inteligencia (DGII) detectó que entre esos hinchas había una “lucha de poderes interna” que “se manifestaba” en episodios violentos que “venían en aumento”, según un documento de esa repartición policial al que accedió Búsqueda.
La Policía solicitó al juez Néstor Valetti y al fiscal Gilberto Rodríguez que autorizaran intervenciones telefónicas, que fueron complementadas con seguimientos y vigilancias, lo que permitió “individualizar” a los presuntos integrantes de la organización detrás de la barra.
En los días previos al clásico que debía jugarse el domingo 27 los barrabravas de Peñarol estuvieron activos. Es que el club había cambiado su Comisión de Seguridad y, más importante, esta había recomendado a dirigentes y jugadores que no dieran dinero ni entradas a los violentos. Los barras no querían perder sus beneficios y actuaron en consecuencia, pero como las gestiones no daban resultados y se acercaba el clásico, los líderes aumentaron la presión. “Fue así que además de llevar a cabo insistentes presiones a integrantes de Peñarol a través de reiterados llamados telefónicos y a apersonamientos en instalaciones del club”, a fines de noviembre “un grupo de aproximadamente treinta hinchas concurrió a los Aromos e impidió que los jugadores ingresaran al predio, exigiéndoles la entrega de 400 entradas y fuegos artificiales”, describe el fiscal Rodríguez en el pedido de procesamiento que presentó a Valetti el sábado 3.
De acuerdo con las escuchas analizadas por Inteligencia, si las presiones no daban resultado, los barras habían decidido “llevar a cabo el día del encuentro clásico, actos que alteraran el normal desarrollo del evento y que en definitiva perjudicaran a la institución”. Esa posibilidad se concretó: hubo disturbios en algunos puntos de la ciudad y dentro del estadio, antes de que comenzara el partido, que provocaron la suspensión. El domingo a las 19, casi dos horas después de que el clásico fuera suspendido, uno de los barras investigados le dijo por teléfono a otro: “Todo un éxito. Bien vos”.
Pero lo que más preocupó a los investigadores fue un diálogo interceptado por el sistema informático El Guardián el lunes 28. Era una conversación entre dos barrabravas. “Hay que ir ahora a la puerta de cada uno, ¿sacás ñeri? Bueno, Comisión de Seguridad, fulano, mengano y sultano. Ta. Vamo hasta la casita ahí, dirección, pim, pum, pam y sin decirle nada”, decía uno. “Pasás y rrrrr. Después al otro día vamos a una imprenta, hacemos fotocopias, le ponemos pimba, pimba y pimba y se las tiramos todas enfrente del Palacio, ¿sacás?”. El que daba las órdenes era Erwin Parentini Flores, alias “Coco”, quien llamaba desde el Complejo Carcelario Santiago Vázquez, donde está preso por homicidio agravado.
Ese fue el catalizador para que el director de Inteligencia, Williams García, el juez Valetti y el fiscal Rodríguez decidieran adelantar la operación. La idea “era otra, era investigar a fondo a las barras, a través de las escuchas telefónicas, indagar los negocios y los vínculos”, dijo el magistrado a Búsqueda. Las cosas “se precipitaron” y “no hubo más remedio que abortar la investigación y actuar”, añadió.
El miércoles de tarde Inteligencia comenzó a tomar declaraciones a dirigentes y jugadores de Peñarol y el jueves 1º comenzaron los allanamientos y detenciones.
Tras los interrogatorios, la Policía detuvo a 10 hinchas de Peñarol, algunos de los cuales ya no integran la barra. El sábado, a pedido del fiscal Rodríguez, el juez Valetti dispuso el procesamiento con prisión de cuatro barras por los presuntos delitos de “asociación para delinquir” y “extorsión”. Un quinto integrante de la barrabrava fue procesado solo por extorsión. Dos de los procesados, Sergio Paolo López, alias “El Negro Paolo”, y Parentini Flores, ya estaban en prisión por homicidio y delitos vinculados al narcotráfico. Otros cinco detenidos quedaron en libertad.
La investigación sobre las barras continúa abierta. La “hipótesis” de los operadores judiciales es que los barras están vinculados a delitos como narcotráfico y homicidios, aunque eso todavía no se pudo probar.